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Egipto afronta la fisura islamista y la violencia tras la caída de Mursi

5 de Julio de 2013

EL CAIRO (Reuters) - Unas 200.000 personas murieron en una década de guerra civil en Argelia después de que los militares rechazaran una votación popular a favor de los islamistas, un ejemplo que citaron sombríamente algunas personas en El Cairo después de que el Ejército depusiera el miércoles al presidente egipcio del partido Hermanos Musulmanes.

Reuters


REUTERS/Khaled Abdullah

Aunque los islamistas de Argelia nunca llegaron a gobernar, el egipcio Mohamed Mursi ha dirigido el país durante un año, y la sensación general de que él mismo ha sido el responsable de su propia desgracia puede frenar a algunos de levantarse en armas para defenderlo.

Sin embargo, su derrocamiento podría dividir a los grupos islamistas que han entrado en la política egipcia desde la revuelta del año 2011 que provocó la caída de Hosni Mubarak, un autócrata que los reprimió durante décadas.

Los islamistas egipcios como los Hermanos Musulmanes y sus antiguos aliados ultraconservadores se arriesgan a perder a esos seguidores, especialmente entre los jóvenes, que han llegado a la conclusión de que el experimento democrático en Egipto ha fracasado y que las políticas pacíficas no les llevan a ninguna parte.

El asesor de seguridad nacional de Mursi Esam El Hadad escribió en post de despedida en Facebook: "El mensaje resonará en todo el mundo musulmán alto y claro: la democracia no es para los musulmanes".

Mientras las autoridades han detenido a algunos de los líderes más destacados de los Hermanos, uno de sus miembros más veteranos, Mohamed El Beltagy, ha expresado los peligros de una sentada proMursi el jueves en el exterior de una mezquita en El Cairo.

"La cuestión ahora es la posición del mundo libre, que está empujando al país a un estado de caos y empujando a otros grupos distintos de los Hermanos a volver a la idea del cambio por la fuerza".

La retórica se ha intensificado desde que el Ejército dijera primero que podía intervenir después de que millones de manifestantes inundaran las calles exigiendo la dimisión de Mursi.

"Ustedes han hecho nuevos muyahidines, nuevas personas que buscan el martirio. Sabed que si una de cada 10 personas ahí fuera se vuela por los aires, ustedes tienen la culpa", dijo un hombre, refiriéndose al general en jefe de las Fuerzas Armadas, Abdel Fatah al Sisi, en un vídeo en YouTube supuestamente grabado durante una gran manifestación a favor de Mursi esta semana en El Cairo.

Horas antes de que el Ejército depusiera a Mursi, Mohamed Nufil, un funcionario de 44 años en la misma manifestación, dijo que estaba seguro de que los partidarios del presidente recurrirían a la violencia si el Ejército abortaba lo que ellos veían como un proceso democrático legítimo.

"Si hay un golpe, Egipto tendrá dos opciones: convertirse en otra Siria, o convertirse en la Argelia de los años 90. Esa es la alternativa. Ocurrirá eso", dijo.

La mayoría de los seguidores de Mursi consideran la intervención militar un golpe de Estado, mientras que las autoridades egipcias dicen que sólo han respondido a las demandas del pueblo egipcio.

PRECEDENTES VIOLENTOS

Egipto ha sido un crisol de movimientos islamistas durante décadas, y sus gobiernos son un foco habitual de sus iras.

Los tres presidentes que han mandado desde 1952, cuando un golpe instaló a un régimen respaldado por el Ejército, han acusado a los islamistas de intentar asesinarlos. En el caso de Anwar Sadat, que firmó la paz con Israel, tuvieron éxito.

En los años 90, los insurgentes islamistas llevaron a cabo una sangrienta campaña contra las fuerzas de seguridad en el sur de Egipto.

Al Gamaa Al Islamiya, que realizó algunos de los atentados más mortales, renunció finalmente a la violencia y formó un partido político después de la caída de Mubarak.

Pero algunos miembros de Gamaa han dicho públicamente que volverían a tomar las armas para defender a Mursi, una amenaza que los líderes del grupo están intentando ahora minimizar, y que es motivo de polémica entre las bases y los dirigentes del partido.

"Si el Ejército se atreve a matar la democracia en Egipto, les combatiremos", dijo Mohamed al Amin, miembro de Gamaa de 40 años, horas antes del decreto militar que señalaba a los miles de seguidores reunidos en la manifestación proMursi en El Cairo.

Sobhy Youssef, de 45 años, un simpatizante de los Hermanos Musulmanes sentado cerca, le interrumpió: "No, no, hermano", dijo. "No vamos a tomar las armas. Lo que estamos tomando es nuestra paciencia y nuestra fe en Dios".

Jalil al Anani, un experto político del Islam en la Universidad Durham británica, dijo que el riesgo de una violencia de bajo nivel era notable, especialmente en la Península del Sinaí, que ha caído en la anarquía desde la caída de Mubarak.

Sin embargo, grupos como Gamaa están escarmentados por los desastrosos resultados de su insurgencia en los años 90.

"Los islamistas saben muy bien que la violencia no es la solución", dijo Anani.

Aún así, el derrocamiento de Mursi a manos del Ejército puede ayudar a grupos extremistas como Al Qaeda a avanzar en su argumento de que la democracia no es el camino a seguir, añadió.

"Ahora, ellos dirán: 'Veis, esta es la democracia por la que estaba luchando".

UNA ETAPA PELIGROSA

La eficacia del argumento dependerá de cómo gestionen los militares la transición y de la capacidad que tengan los grupos islamistas que se han adherido a su "hoja de ruta" para mantener a sus filas unidas.

El ultraconservador Partido Nour, el segundo mayor movimiento islamista de Egipto después de los Hermanos Musulmanes, ha aceptado el plan del Ejército. Al igual que Gamaa Islamiya, ha instado a sus seguidores a abstenerse de violencia.

"Antes de que nadie decida sacrificarse en defensa de la posición del presidente Mursi, deben pensar que quizá terminen perdiendo ambas cosas", dijo el grupo en un comunicado el jueves.

Pero el compromiso con el plan militar también podría alinear a los miembros.

Yasir al Sirri, un ex militante que vive en Londres donde dirige un grupo de derechos humanos y de comunicación islámico, dijo que el "golpe" del Ejército contra Mursi había metido a Egipto en una fase peligrosa.

"Ahora la gente no tiene fe en la acción pacífica, y no creen que el cambio pueda venir desde una hoja de ruta pacífica. Este es el problema", dijo.

Egipto tuvo la oportunidad de llevar a la política formal a jóvenes islamistas, trabajando en público, pero ahora esto es un riesgo", dijo.

"Al menos que la situación se corrija cuanto antes, vamos de nuevo hacia atrás".

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