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El saludo entre Obama y Raúl Castro despierta esperanzas de acercamiento

11 de Diciembre de 2013

JOHANNESBURGO (Reuters) - El presidente estadounidense, Barack Obama, dio el martes un apretón de manos a su homólogo cubano, Raúl Castro, durante la ceremonia en memoria de Nelson Mandela, en un gesto sin precedentes entre los líderes de dos países enemistados desde hace más de medio siglo que reflejó el espíritu de reconciliación del héroe contra el apartheid.

Reuters


REUTERS/Kai Pfaffenbach

La sonrisa de Castro cuando Obama le estrechó la mano al pasar a su lado en el estadio de Johannesburgo fue, para muchos, una señal de relajación entre los vecinos separados por apenas 145 kilómetros de mar pero en extremos opuestos del espectro ideológico.

"Es una noticia muy buena, abre posibilidades de que mejoren las relaciones. Me parece muy bien", dijo José Alert, un oncólogo cubano que se dirigía a su trabajo en La Habana.

Las relaciones tocaron fondo tras la revolución que en 1959 llevó al poder a Fidel Castro, hermano del actual presidente. Washington todavía mantiene un embargo comercial sobre Cuba, al que las autoridades comunistas de la isla culpan de muchos de sus problemas económicos.

Más tarde, un asesor de la Casa Blanca dijo a periodistas a bordo del Air Force One que el saludo fue un gesto espontáneo de Obama y no debía ser interpretado como otra cosa.

"Realmente no hizo más que intercambiar saludos con esos líderes mientras se dirigía a hablar. No fue una discusión sustancial", dijo el asesor adjunto de Seguridad Nacional, Ben Rhodes.

En Cuba el apretón de manos era el martes una de las noticias destacadas en la página web oficial Cubadebate.cu, que colgó incluso un vídeo del momento en que Obama se detiene unos segundos frente a Castro para saludarlo.

Planeado o no, la cordialidad mostrada por Obama y Castro es la más reciente señal de un cambio de tono en la retórica habitualmente hostil entre los dos gobiernos.

Funcionarios de ambos países han hablado con pragmatismo sobre sus relaciones. El mes pasado en Miami, Obama reconoció por primera vez los esfuerzos de Raúl Castro por reformar la economía estilo soviético de Cuba y dijo que la política de Washington hacia la isla había quedado anticuada.

CEREMONIA MULTITUDINARIA

La lluvia torrencial no consiguió aguar el ánimo de decenas de miles de personas que bailaron y cantaron durante horas en el estadio Soccer City de Johannesburgo, a donde llegaron unos 90 dignatarios de todo el mundo para rendir homenaje a Mandela, uno de los grandes hacedores mundiales de la paz que falleció el jueves a los 95 años.

La multitud recibió con un rugido enorme a Obama cuando se sentó, en un claro contraste con los abucheos al presidente sudafricano, Jacob Zuma, cuyo mandato se ha visto plagado por los escándalos y cuya debilidad se ha visto temporalmente aliviada por la muerte de Mandela.

El polémico presidente de Zimbabue, Robert Mugabe, también fue recibido con aplausos por la alborotadora multitud que solo llenó a medias las 95.000 plazas del estadio.

En su intervención, a unas decenas de metros de Castro y del vicepresidente chino, Li Yuanchao, Obama reprendió a aquellos que expresaron solidaridad con la lucha de Mandela contra la opresión, pero no reprimen a la oposición y a los críticos en sus propios países.

"Hay muchos de nosotros que alegremente abrazamos el legado de reconciliación racial de Madiba, pero resistimos apasionadamente incluso reformas modestas que podrían desafiar la pobreza crónica y la creciente desigualdad", dijo Obama usando el nombre tribal de Mandela.

"Hay demasiados líderes que declaran solidaridad con la lucha por la libertad de Madiba, pero no toleran la disensión en su propio pueblo", agregó.

Las relaciones entre Cuba y Estados Unidos llevan congeladas desde poco después de la revolución liderada en 1959 por Fidel Castro, el hermano de Raúl. Washington ha mantenido sanciones económicas sobre la isla de gobierno comunista desde hace más de medio siglo. El único saludo entre dos presidentes de los dos países hasta ahora fue en 2000, cuando Fidel Castro estrechó la mano del entonces presidente, el también demócrata Bill Clinton, en un encuentro fortuito en la ONU.

BENDICIÓN AFRICANA

La ceremonia coincide con el día de los Derechos Humanos y es el acto central de una semana de duelo en honor del estadista admirado a nivel mundial.

"Fue más que uno de los mejores líderes de nuestro tiempo. Fue uno de nuestros mejores profesores", dijo el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, a los asistentes. "Su árbol baobab ha dejado profundas raíces que llegan a todo el planeta".

Desde su muerte, Johannesburgo se ha visto envuelta en la nube y la lluvia, una señal, según la cultura africana, de que un mayor respetado ha fallecido y es bien recibido en la vida posterior por sus ancestros.

Pese al mal tiempo, el ambiente en el estadio era de alegría y celebración, más parecido al que hubo en la inauguración del Mundial de 2010 que enfrentó a Sudáfrica y México en este escenario también de la final que España ganó a Holanda.

Blancos y negros ondearon banderas, bailaron, tocaron "vuvuzelas" y cantaron himnos sobre la larga lucha contra el apartheid.

"Estuve aquí en 1990 cuando Mandela fue liberado y estoy aquí de nuevo para decirle adiós", dijo Beauty Pule, de 51 años.

"Estoy segura de que Mandela estaba orgulloso de la Sudáfrica que ayudó a crear. No es perfecta, pero nadie es perfecto, y hemos hecho grades logros", agregó.

Entre los famosos que acudieron se encontraban los cantantes Peter Gabriel y Bono, la supermodelo Naomi Campbell y el empresario Richard Branson. Igualmente acudió François Pienaar, capitán del equipo de rugby de Sudáfrica que conquistó el Mundial de 1995 en una gesta contada por la película "Invictus".

PRESIÓN SOBRE ZUMA

La reacción del público hacia Zuma es un motivo de preocupación para el Congreso Nacional Africano, que afronta unas elecciones generales en seis meses en medio de la preocupación por la pobreza persistente, la delincuencia y el desempleo casi dos décadas después del final del mandato de la minoría blanca.

El duelo ha distraído la atención sobre los numerosos escándalos de corrupción que alcanzan a Zuma y su gobierno, pero los recuerdos del único mandato de cinco años de Mandela han hecho darse cuenta de lo lejos que está la Sudáfrica de Zuma del ideal de "la nación del arco iris" de prosperidad compartida y paz social que proclamó tras su victoria en las elecciones de 1994.

Sudáfrica sigue siendo uno de los países más desiguales del mundo. A pesar de casi 20 años de discriminación positiva, los hogares blancos siguen ganando de media seis veces más que los negros.

Después del acto de hoy, los restos de Mandela permanecerán durante tres días en el edificio Union Buildings de Pretoria, donde juró como presidente en 1994. Será enterrado el domingo 15 de diciembre en Qunu, su hogar ancestral en las colinas barridas por el viento de la provincia de Cabo Oriental, a 700 kilómetros al sur de Johannesburgo. Solo se espera que acudan unos pocos dirigentes mundiales a esta ceremonia más familiar.

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