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Un Gibraltar en auge teme una nueva era de malas relaciones con España

18 de Agosto de 2013

MADRID (Reuters) - Los habitantes de la pequeña y rica colonia británica de Gibraltar tienen la costumbre de quejarse de su gran vecino España, que reclama desde hace mucho tiempo la soberanía del territorio.

Reuters


REUTERS/Jon Nazca

Sin embargo, las irascibles relaciones se han deteriorado abruptamente por una disputa pesquera que ha interrumpido una década de relativa calma, incrementando los temores a que el turismo y las industrias portuarias de Gibraltar se vean seriamente afectados.

Desde la declaración del ministro de Exteriores español, José Manuel García-Margallo, diciendo "se ha acabado el recreo" para Gibraltar, a las del ministro principal de la colonia Fabian Picardo comparando al gobierno de España con la totalitaria Corea del Norte, la retórica de ambos lados se ha vuelto desagradable.

"No puede recordar nada tan tenso y un lenguaje tan virulento", dijo Bruno Callaghan, propietario de la compañía de seguros Callaghan en Gibraltar.

"Han retrasado los relojes a hace 50 años. Pase lo que pase ahora, la desconfianza está ahí".

Para los gibraltareños y los miles de españoles que pasan al enclave británico cada día para trabajar, muchos de ellos para construir nuevas viviendas para esta ciudad rebosante de 30.000 habitantes, hay mucho en juego.

La colonia ha visto crecer su economía de una manera constante desde la década de los 90, impulsada por las operaciones de juegos de azar en línea y fondos de inversión atraídos por el impuesto mínimo de un 10 por ciento sobre las ganancias corporativas.

Al otro lado de la frontera en la zona española, muchos ayuntamientos están en quiebra y luchan contra unos índices de desempleo de hasta el 40 por ciento. En contraste, Gibraltar tiene un tres por ciento de paro, un superávit presupuestario y paga la matrícula de cada joven que es aceptado en una universidad del Reino Unido.

Aunque Reino Unido mantiene una base militar en Gibraltar, el territorio es autosuficiente. Uno de cada 10 vehículos en el Reino Unido están asegurados en empresas de Gibraltar, los barcos hacen cola en su puerto para llenar sus depósitos de combustible, y 11 millones de turistas disfrutaron el año pasado de un clima agradable, monos raros y bares híper-británicos adornados con banderas del Reino Unido.

Sus reticentes relaciones con España en los últimos años han estallado por un puñado de pequeños pesqueros comerciales de la vecina localidad de La línea, que regularmente cruzan a las aguas compartidas que Gibraltar asegura tiene el derecho de gestionar.

En julio, Gibraltar arrojó bloques de hormigón con pinchos en una zona poco profunda de la bahía para formar un arrecife artificial. Alrededor de 30 pesqueros españoles dieron vueltas entorno a él el domingo en señal de protesta.

España, a pesar de haber levantado arrecifes similares a lo largo de su litoral para renovar la pesca, dijo que era un desastre medioambiental, y respondió adoptando una política de ralentización en el cruce fronterizo, causando ocasionalmente largas colas de horas a turistas, trabajadores y comerciantes mientras los agentes registraban meticulosamente los vehículos en busca de contrabando.

Reino Unido, que gestiona las relaciones exteriores y de defensa de la colonia autónoma, ha pedido ahora a la Comisión Europea que envíe un equipo de observadores para comprobar si los controles en la frontera cumplen con la ley de la UE.

España dice que denunciará a las autoridades gibraltareñas por daños al medio ambiente por el arrecife y ha amenazado con imponer un tasa de 50 euros para entrar y salir del Peñón a los turistas, restringir el espacio aéreo o bloquear su lucrativo negocio de las gasolineras para los barcos.

La disputa diplomática ha coincidido desafortunadamente con la llegada a Gibraltar, prevista para el lunes, de barcos de guerra británicos en su ruta hacia unas maniobras en el Mediterráneo, lo que ha provocado que los medios españoles conservadores hayan acusado al Reino Unido de intimidación militar.

ANTIGUO TRATADO

En el pasado, el orgullo español por el tema de Gibraltar se ha sentido herido por mucho menos. La familia real británica evita ahora visitar la colonia después de que el príncipe Carlos y su esposa Diana enojaran a Madrid por pasar parte de su luna de miel en "El Peñón".

Cuando Gibraltar fue admitida en mayo en la Unión de Asociaciones de Fútbol Europeas, o UEFA, fue con la condición de que España y Gibraltar nunca jugarían directamente entre sí.

"Es increíble que se haya tomado este tipo de medida, que generalmente se reserva para casos de tensión militar", dijo Dennis Beiso, enlace de Gibraltar en la UEFA.

El último disparo efectuado sobre Gibraltar fue hace más de 300 años cuando España cedió el territorio al Reino Unido en el Tratado de Utrecht, un documento escrito en latín que es difícil de interpretar en temas como el espacio aéreo y que no ha cumplido algunas condiciones, como la que decía que el Reino Unido debía expulsar a los judíos de Gibraltar.

El líder gibraltareño Picardo dice que la retórica de Margallo es comparable con el régimen del dictador Franco, que cerró la frontera en 1969. No se volvió a abrir completamente hasta 1985.

"Estamos en un nuevo espacio donde España no ha dejado lugar para el diálogo", dijo Picardo a Reuters.

Reino Unido también ha alarmado a Gibraltar en el pasado, especialmente cuando el gobierno del ex primer ministro Tony Blair dijo en 2001 que estaba dispuesto a compartir la soberanía con España. Gibraltar celebró entonces un referéndum, en el que el 99 por ciento de los residentes dijeron que querían seguir siendo británicos, un deseo que Londres se ha comprometido a respetar.

El gobierno socialista español de 2004-2011 adoptó una política más suave con Gibraltar y, por ejemplo, permitió aterrizar vuelos por primera vez en el aeropuerto de Gibraltar.

Sin embargo, el triunfo del conservador Partido Popular en España en noviembre de 2011, así como la elección de un líder de línea dura en Gibraltar en la misma época creó las condiciones para un choque inevitable.

"Gibraltar hace cosas para provocar el orgullo español, y las autoridades españoles reaccionan visceralmente", dijo Julián Santamaría, un analista político y ex embajador español en Washington.

Los analistas políticos y líderes de la oposición española dicen que el presidente del gobierno, Mariano Rajoy, está provocando un problema con Gibraltar para distraer la atención de los españoles de los grandes escándalos de corrupción en los que está implicado su partido.

MILLONES DE CIGARRILLOS MÁS BARATOS

España denuncia que Gibraltar es benévola con el lavado de dinero, el contrabando y la evasión fiscal. Todos ellos temas que Gibraltar insiste que ya ha limpiado.

España dice que el año pasado se incautó de 139 millones de cigarrillos ilegales que entran de contrabando desde Gibraltar, que no tiene impuesto sobre las ventas, por lo que los cigarrillos cuestan un 60 por ciento de lo que se paga en España.

Dentro de Gibraltar, ante la vista de los agentes de aduanas españoles, se encuentra un quiosco donde un vendedor apurado despacha cartones de cigarrillos a una perpetua cola de clientes, muchos de los cuales paran allí todos los días.

Abren los cartones y se distribuyen los paquetes de cigarrillos por los bolsillos, bolsos de mano y bolsas de la compra, en un intento por evitar el límite de cuatro paquetes para los españoles.

"Todos tenemos que comer", dijo una mujer que no quiso dar su nombre, escondiendo los cigarrillos en un cochecito de bebé antes de volver a España por el estrecho paso fronterizo. Cada cartón representa un beneficio de dos euros en el otro lado para los contrabandistas.

Las autoridades en las poblaciones locales están consternadas por la línea dura de Madrid. Las tiendas locales dependen de los compradores de Gibraltar y los operadores turísticos locales llevan a turistas españoles a la colonia.

"Cualquier ambiente de confrontación... significa inmediatamente que la gente de Gibraltar no quiere cruzar la frontera e invertir en España o hacer sus compras aquí", dijo Gemma Araujo, alcaldesa de la vecina localidad de La Línea, gobernada por el Partido Popular.

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