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2009, año Dalí, visionario de la defensa de la Propiedad Intelectual

5 de Enero de 2009

En enero de 1989 fallecía Salvador Dalí. Desde diferentes instituciones se ha fomentado que este año que acaba de comenzar sea un nuevo “año Dalí”, tras 2004; cuando se cumplía el centenario de su nacimiento. El pintor catalán, famoso en vida debido no sólo a sus pinturas, esculturas y obra literaria; sino también a sus excentricidades, filmaciones, autocríticas y halagos a su persona hechos por sí mismo, lo es también tras su muerte debido a la enorme polémica por sus Derechos de Autor. Pero ya en 1939, mientras vivía en Nueva York, en defensa de un Derecho que intuía respecto de la creación de un escaparate, destrozó parte de las instalaciones de una tienda arrojando la bañera que había colocado como centro de la obra artística.

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Aunque fue en el siglo XIX el período en que se empezaron a institucionalizar los Derechos de Autor, Salvador Dalí se considera desde algunos ámbitos quien más llamó la atención socialmente sobre el particular. Cuando se instala a finales de los años treinta en Nueva York, Dalí aceptó el encargo de la ambientación de un escaparate de los almacenes Bonwit-Teller. La obra estaba dedicada al día y la noche. En ella, mientras en un lado un maniquí con peluca roja y boa de plumas verdes aparecía en una bañera forrada de astracán, en el otro una figura estaba acostada en una cama con baldaquino negro sobre cuya almohada ardían carbones. Se modificaron  determinados elementos y otros se hicieron desaparecer por obscenos, aunque sin pedir permiso al autor. Dalí, para protestar por lo que consideró un atentado a sus Derechos de Propiedad Intelectual, esperó a que hubiese mucha gente contemplando la obra para entrar por el interior al escaparate y lanzar la bañera contra los cristales. Se dice, sin embargo, que en realidad entró en el pequeño espacio para escenificar una protesta pacífica; pero perdió el equilibrio dentro de su creación y eso generó el destrozo.

Fue detenido y tuvo que pagar los desperfectos, pero la sede judicial lo absolvió de otro tipo de cargos al entender que debía defender la integridad de su obra. La sociedad neoyorquina de aquel momento identificó aquella "performance" de protesta como la mejor materialización de la defensa de los Derechos de Autor.

Parece que aquella anécdota fue premonitoria, ya que la sombra de las falsificaciones le persiguió toda su vida; y tras su muerte. De hecho, John Peter Moore, secretario durante mucho tiempo de Dalí, fallecido hace más de tres años, estuvo envuelto en varios procesos judiciales por robos y falsificaciones de la obra del artista catalán.

Los juzgados de Figueras condenaron a Moore y su mujer a cerca de un millón de euros por haber "vulnerado el derecho moral del autor", al haber modificado una obra original del pintor. Fue, según se explicó desde la Fundación Dalí, de una de las primeras sentencias de reconocimiento de los derechos morales de los autores motivada por la manipulación de la obra "Doble imagen de Gala", robada, a su vez, en 1974 en la Galería Knoedler de Nueva York. En el año 1992, tras 18 años en paradero desconocido, la obra apareció, modificada, bajo el título "Dalí pintando a Gala" en el Centro de Arte Perrot-Moore de Cadaqués; regentado precisamente por el ex secretario de Salvador Dalí y su esposa.

"No sólo supone un reconocimiento a nuestra actividad en defensa del patrimonio artístico daliniano y a nuestra labor de gestión y defensa de los derechos de este autor, sino también, en un plano más amplio, es un precedente importantísimo en cuanto al reconocimiento y a la defensa de los derechos morales de los autores", matizaba un portavoz de la Fundación Gala-Salvador Dalí.

La Fundación ha estado envuelta, además, en intensa polémica debido a la pugna por los Derechos de Propiedad Intelectual con Demart Pro Arte, concesionaria de los derechos hasta el año 2004.

Se calcula que Dalí es el autor más falsificado. Incluso un ex marchante de arte belga asegura que obras faltas las hay hasta en la casa-museo de Figueras, extremo que ha sido negado con rotundidad por la sede.

Lo cierto es que el genio del surrealismo instituyó heredero universal de todos sus bienes, derechos y creaciones artísticas al Estado español. Mediante el Real Decreto 185/1989, de 10 de febrero, fue aceptada por el Estado español la herencia. El conjunto de los bienes, dada su naturaleza artístico-cultural, fueron afectados al Ministerio de Cultura, aunque el artículo 96 de la Ley del Patrimonio del Estado atribuye al Ministerio de Economía y Hacienda la administración y explotación de las propiedades incorporales del Estado, salvo que por Real Decreto se atribuya específicamente el ejercicio de tales competencias a otro Departamento ministerial u Organismo autónomo.

De hecho, considerando el valor tanto artístico-cultural como de los Derechos de la Propiedad Intelectual, se cedió todo en primer lugar al Ministerio de Cultura, y posteriormente a la Fundación Gala-Salvador Dalí, al amparo de lo establecido en los artículos 31 y 33, en relación con el 96, de la Ley del Patrimonio del Estado, teniendo en cuenta la presencia de la Administración del Estado en su Patronato.