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El 47% de los consumidores europeos prefieren pagar en efectivo antes que utilizar cualquier otra forma de pago electrónico

11 de Octubre de 2019

El 47% de los consumidores europeos encuestados -el 49% de los españoles- prefieren pagar en efectivo antes que utilizar cualquier otra forma de pago electrónico. Los europeos (58%) se muestran contrarios a compartir sus datos bancarios a cambio de beneficios.

PwC

Los consumidores europeos -y españoles- siguen prefiriendo el efectivo a otros medios de pago electrónicos. Así se desprende del informe Construyendo un mercado de pagos europeo viable, elaborado por Strategy&, la consultora estratégica de PwC, a partir de una encuesta a consumidores en diez países de la Unión Europea, entre ellos España. Según el estudio, el 47% de los consumidores europeos prefiere el uso del dinero en efectivo, a la hora de hacer sus pagos, antes que cualquier otro método electrónico. Este porcentaje es especialmente elevado en Alemania (61%), Austria (61%), y Suiza (60%). En España, casi la mitad de los consumidores entrevistados (49%) prefieren pagar sus compras en metálico. Solamente en Reino Unido (29%), Holanda (26%) y Suecia (20%) apuestan por otras formas de pago alternativas al dinero fresco.

El informe revela que el uso mayoritario del efectivo y la existencia de un mercado de medios de pagos electrónicos extremadamente fragmentado son dos de los principales obstáculos para el desarrollo de una industria europea que pueda competir con las de Estados Unidos y China. La encuesta estima que, en la actualidad, cerca del 60% de los consumidores de la UE hacen sus pagos en efectivo. De los pagos con medios electrónicos, el 43% son transferencias y domiciliaciones, otro 43% se corresponden con tarjetas de débito y el 14% restante, fundamentalmente, con tarjetas de crédito. Cuando se les pregunta a los consumidores europeos por qué pagan en metálico, la respuesta es sencilla: el 37% lo hace porque no hay ninguna otra forma disponible y el 29% por comodidad. En España estos porcentajes son del 40% y el 29%, respectivamente.

El estudio explica que, aunque la banca abierta -en inglés, open banking- está ya en marcha, todavía tiene un largo camino por recorrer para conseguir su adopción por parte del consumidor europeo y apunta que para convencerle será necesario desarrollar unos servicios sencillos y adaptados a sus necesidades en los que los bancos tendrán que hacer una gestión mucho mejor de los datos.

Una región y muchos sistemas de pago distintos

El documento considera que el mercado europeo de medios de pago es un sector muy fragmentado, con 15 sistemas nacionales y con una todavía mayor cantidad de especificaciones y exigencias distintas por país, en materia de funcionamiento y de identidad. De hecho, en la actualidad, no se puede decir que exista un servicio europeo de pagos móviles. Según el estudio, la UE ha centrado sus esfuerzos en contar con unos requerimientos comunes en materia de privacidad y protección de los ciudadanos (RGPD) y no tanto en hacer llegar al consumidor las ventajas los nuevos medios de pago.  

Pero, además del uso mayoritario del efectivo y de la fragmentación, el informe señala otros factores que impiden conformar un mercado europeo de medios de pago, entre los que se encuentran los siguientes:

  • Las menores comisiones sobre las tarjetas en la UE. En Europa, las comisiones que cobran los bancos a los comercios por los servicios de pago con tarjetas de crédito y de débito son inferiores a las internacionales o a las existentes en otras regiones, como en Estados Unidos. En el caso de las de débito, desde 2015 la comisión máxima en la UE es el de 0,2% -por el 1,3% en EE.UU.- y en el de las de crédito del 0,3% -por el 1,6% en Estados Unidos-. Esta circunstancia limita los recursos de las entidades financieras para invertir en innovación.
  • La inercia en la que se encuentran los bancos europeos. En la Unión Europea, la directiva PSD2 ha abierto el mercado de los medios de pago a otros actores más allá de las entidades financieras. Y todas las grandes tecnológicas, con la excepción de Apple, han solicitado ya sus respectivas licencias para operar. Sin embargo, los bancos europeos hasta la fecha solo se han preocupado de cumplir los requerimientos mínimos de la PSD2 para facilitar a terceros el acceso a los datos de sus clientes, inicialmente prevista para el pasado 14 de septiembre. La prórroga adicional concedida por la Autoridad Bancaria Europea (EBA) y por algunos supervisores nacionales debería dar a los bancos más tiempo para sacar ventaja de la nueva directiva y ofrecer sus propios servicios digitales a partir de acceso a los datos de los usuarios.
  • Unos servicios todavía poco desarrollados. Las tarjetas de crédito y las de débito suponen una buena parte de los pagos electrónicos en Europa. Sin embargo, en algunos países sigue habiendo tarjetas de débito que no permiten hacer pagos online y, en otros, la experiencia de usuario es muy distinta a la que se puede vivir en otras partes del mundo. Por ejemplo, sigue siendo necesario introducir los dieciséis dígitos de la tarjeta, más el código adicional de seguridad de tres números y, en ocasiones, otro número más para poder hacer una transacción.
  • Falta de un estándar para una identidad única europea. Los bancos, las aseguradoras y algunas otras empresas deben verificar la identidad de sus clientes antes de cada transacción, para cumplir con la regulación en materia de blanqueo de dinero y antiterrorista. Y Europa está repleta de distintos sistemas de identificación en función de cada país, lo que supone un claro obstáculo para la consolidación de un mercado paneuropeo.

El estudio incluye otra encuesta realizada entre 58 directivos del sector financiero europeo en el que se constata el gap existente entre lo que piensan los bancos y las entidades financieras y el deseo de los consumidores de compartir o no sus datos. Mientras que el 93% de los directivos entrevistados creen que los clientes están dispuestos a compartir sus datos a cambio de beneficios, sólo el 20% de los consumidores quieren hacerlo, el 58% asegura que no y un 23% se muestra indeciso. Unas cifras que reflejan la labor que tanto los bancos europeos como los proveedores de medios de pago tienen por delante para convencer a los consumidores de los beneficios potenciales que tiene compartir sus datos.

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