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El Consejo de Ministros condecora a Laurence Le Vert, la ex magistrada francesa ‘azote de ETA’

26 de Septiembre de 2016

El Consejo de Ministros del pasado viernes aprobó cinco Reales Decretos, por los que se concede la Gran Cruz del Mérito de la Guardia Civil a la ex magistrada francesa Laurence Le Vert y a cuatro generales de Brigada de la Guardia Civil. Entre los méritos que el Gobierno ha tenido en cuenta para concederle dicho galardón, destaca que su carrera profesional ha estado vinculada a la lucha contra el terrorismo.

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Le Vert ha instruido múltiples causas penales por terrorismo y, en particular, contra los integrantes de ETA. De hecho, fue sometida a vigilancia por esta banda terrorista en París. Ha mantenido una intensa colaboración con la Guardia Civil y destaca su actuación como instructora de la causa por el doble asesinato en Capbreton de los guardias civiles Fernando Trapero y Raúl Centeno.

El pasado mes de junio la juez Le Vert puso fin a 40 años de carrera, la mayoría de ellos estrechamente ligados a la lucha contra ETA. Su papel fue clave a la hora de desarticular el santuario con el que durante años contaron los etarras en Francia. Laurence Le Vert nació el 19 de febrero de 1951 en el seno de una familia adinerada. No habla español, ni siquiera tiene a España como destino de vacaciones.

Una ‘monja juez'

De familia pudiente y sin embargo austera hasta en el vestir, desconfiada, rigurosa, de ideas conservadoras y contraria a las negociaciones con ETA. La banda le incluyó entre sus objetivos. Según la describen sus más estrechos colaboradores a ambos lados de la frontera, era una monja juez habituada a vivir entre montañas de documentos escritos de su propio puño y letra, pero con la sensibilidad suficiente de derrumbarse y llorar junto a los padres de dos asesinados por los terroristas. Así es madame Le Vert. La magistrada siempre ha huido de los focos y ha detestado la figura del juez protagonista.

"Sustituyó al juez Boulouque, que se suicidó en 1990, y a partir de ahí se enganchó al tema, lo adoptó como algo personal", explica una de las pocas personas en las que confía en España. "Sin ella ETA no habría acabado", se muestra tajante este ex alto mando de la lucha antiterrorista. Según recuerda uno de sus colaboradores, "los jueces franceses no sabían nada de ETA y ella era una jueza de instrucción, no era una jueza de tribunal sentenciador. En ocasiones se acercaba hasta el juicio para advertir a los magistrados de las artimañas dialécticas que iban a usar los acusados".

Cuando se pregunta por Le Vert se repiten casi de forma sistemática dos formas de describirla: "austera" y "rigurosa". "Es la que más sabe de ETA", coinciden algunos de los entrevistados. Sobre esto último, hay quien sostiene incluso que es la que más sabe de la banda a ambos lados de la frontera.

En gran parte ese conocimiento minucioso se debe a que se encargaba personalmente de redactar todos los escritos que salían de su Juzgado. "Ella entra en el despacho a las ocho de la mañana y sale a las diez de la noche. Todos los días. Sólo trabaja con una secretaria, pero ha tenido muchas. Ninguna le sigue el ritmo", comenta alguien que le ha visto trabajar.

Sus investigaciones han llevado a la cárcel a centenares de etarras, muchos de ellos generales de la banda que se escondían en el país galo. Era cuestión de tiempo que los terroristas incluyeran su nombre entre sus objetivos. ETA le sometió a vigilancias pese a que la banda se cuidaba mucho de no realizar atentados en Francia.

"En una documentación incautada en tiempos de Susper (Ibon Fernández de Iradi, principios de la década de los 2000) se descubrió que le habían seguido del trabajo a su casa varias veces. Ya tenían el itinerario marcado. Finalmente ETA no se decidió a dar el paso", recuerda un responsable de las fuerzas de seguridad españolas. "Cuando ella se enteró, ni se inmutó", añade. En Francia apenas 50 personas llevan escolta y la juez Le Vert es una de ellas.

Alguno la define como "autoritaria". "Era muy difícil llevarle la contraria", dice un compañero suyo de profesión. "Es seca, seca, seca... no recuerdo haberla visto sonreír nunca", confiesa otro magistrado para quien su excesiva rigurosidad suponía un problema en cuanto que prolongaba en exceso las investigaciones.

Quienes la aprecian coinciden en señalar que su mayor defecto sea seguramente la desconfianza, un carácter receloso casi hasta el extremo forjado en algunas malas experiencias al inicio de su carrera. "Un juez debe confiar más en quien le rodea", lamenta uno de sus allegados que tiene su número de teléfono, un privilegio al alcance de muy pocos.

Contraria a negociar con ETA

Tiene ideales políticos, es conservadora. También su propia forma de entender la lucha antiterrorista, siempre contraria a los procesos de negociación con ETA que han practicado casi todos los gobiernos españoles. Uno de los entrevistados relata que en la negociación del año 2006 entre la banda y el Gobierno de Zapatero, la juez Le Vert recibió desde España el mensaje de aflojar la presión sobre los miembros de ETA en Francia, pero hizo caso omiso.

Ha rechazado diversas condecoraciones por parte de España. Tan sólo aceptó una a principios de los noventa y fue la última. Apuntan sus allegados que en esa decisión pudo influir los reproches que recibía su estrecha colaboradora, la fiscal Irene Stoler, quien también fue condecorada y tenía que soportar constantemente que los acusados por terrorismo le acusasen de estar vendida a España.

Ahora, con 65 años, ha confesado a su círculo privado que tras su jubilación está dispuesta a aceptar todos los reconocimientos que se le quieran otorgar, como así ha ocurrido con la condecoración aprobada el viernes por el Consejo de Ministros.

Cuatro generales de Brigada condecorados

El Consejo de Ministros también concedió la Gran Cruz del Mérito de la Guardia Civil a cuatro generales de Brigada de la Guardia Civil:

Francisco Espinosa Navas, general de Brigada de la Guardia Civil: jefe en la Secretaría de Cooperación Internacional. Anteriormente había prestado servicios en el Estado Mayor y en la Misión Unión Europea EUCAP SAHEL-Níger.

Alfredo González Ruiz, general de Brigada de la Guardia Civil: jefe de la Zona de Castilla-La Mancha. Con anterioridad estuvo destinado en la Agrupación de Reserva y Seguridad en Madrid, y en los Subsectores de Trafico de Almería y Jaén.

José Hurtado Notario, general de Brigada de la Guardia Civil: jefe en la Zona de Extremadura. Anteriormente había prestado servicios en las Comandancias de Huelva y Cáceres, además de en Guatemala.

Emiliano Blasco Fernández, general de Brigada de la Guardia Civil: jefe en la Jefatura de Asistencia al Personal. Con anterioridad prestó servicios en el Estado Mayor, en el Centro Superior de Estudios de la Defensa o en la Escuela de Investigación Policial.

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