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El jurado declara culpable a Bretón del asesinato de sus dos hijos

12 de Julio de 2013


Ahora será el tribunal el que, en base al veredicto del jurado y teniendo en cuenta los informes finales de las partes, dicte sentencia. Para la defensa, José Bretón es inocente y debía ser absuelto, mientras que la fiscal y la acusación particular piden que se le condene a 40 años de prisión, por presuntamente haber asesinado en octubre de 2011 a sus dos hijos, Ruth (seis años) y José (dos años) y haber denunciado falsamente su desaparición.

En concreto, el jurado considera que el acusado es culpable de la muerte de sus hijos, provocada intencionadamente por él y que será calificada jurídicamente como homicidio o asesinato, dependiendo de la apreciación o no de la alevosía en la conducta del acusado.

Junto a ello, el jurado, que también entiende que Bretón es culpable de simulación de un delito de detención ilegal o secuestro de los menores, ha determinado que en caso de que el imputado sea condenado por los delitos de los que se le acusa, no se solicite al Consejo de Ministros su indulto.

En cuanto a los puntos concretos del objeto del veredicto, el jurado ha considerado probado, por unanimidad, que Bretón concibió la idea de dar muerte a los niños, como venganza contra su esposa, dada su negativa a aceptar pacíficamente la ruptura matrimonial, por su personalidad refractaria a la frustración y su carácter rencoroso.

De igual forma, entiende el jurado que el acusado decidió que el lugar más adecuado para dar muerte a sus hijos sería una finca de sus padres, en el Polígono de las Quemadas de Córdoba, así como que la fecha adecuada sería el 8 de octubre de 2011, aprovechando que ese fin de semana estaría con los niños, con forme al acuerdo al que había llegado al efecto con su esposa.

Además de considerar probado que Bretón compró un ansiolítico y un antidepresivo, para usarlos con sus hijos y adormecerlos o incluso matarlos, el jurado también considera probado que tenía intención de hacer desaparecer los cuerpos de sus hijos y, para ello, hizo acopio de leña en la finca de sus padres y adquirió combustible (gasóleo) en grandes cantidades.

Como coartada para la desaparición física de sus hijos, el acusado, según opina el jurado, decidió fingir que se le habían perdido en un parque y, a fin de tener datos que ofrecer sobre la supuesta pérdida de unos menores, hizo una especie de experimento con sus sobrinos, dejándolos solos unos momentos cuando los llevaba al colegio.

En cuanto a la cronología de los hechos, el jurado entiende probado que el acusado recogió a sus hijos en Huelva, sobre las 15,00 horas del día 7 de octubre de 2011 y marchó con ellos a Córdoba, donde primero estuvieron casa de los padres del acusado y posteriormente en casa de su hermana Catalina, donde dejó a los niños, para poder marchar a la finca familiar, a fin de dejar las garrafas de combustible que había comprado.

También entiende el jurado que, para dar mejor cobertura a la simulación de extravío de sus hijos, Bretón les propuso a sus hermanos Catalina y Rafael acudir en la tarde del día 8 de octubre a la Ciudad de los Niños con sus respectivos hijos, aunque sin concretar completamente la cita, diciéndole también a su madre que ese mismo día no iba a comer a su casa porque había quedado con unos amigos, lo que era incierto.

Bretón, según considera probado el jurado, estuvo con sus hijos en casa de su hermana mientras ésta y su cuñado hacían la compra, hasta las 13,30 horas, luego, tras haber regresado a casa con sus padres, se marchó con sus hijos, diciendo que iba a comer con unos amigos, pero se fue en su vehículo a la finca de las Quemadas, suministrándoles a los niños durante el trayecto o al llegar a la finca, un número indeterminado de pastillas de los tranquilizantes, para facilitar su adormecimiento o su muerte.

Ya en la finca, el acusado, sobre las 13,48 horas, el acusado telefoneó a su esposa, sin que lograra comunicar con ella, por lo que decidió seguir con su propósito criminal. Acto seguido, conforme a lo que ya tenía previsto y meditado, el acusado preparó una especie de pira funeraria, cuyos elementos esenciales ya tenía dispuestos, en un lugar nuevo de la finca, entre varios naranjos y sin visibilidad desde el exterior, en la cual colocó los cuerpos de sus hijos, sin que pueda determinarse si estaban sin vida o todavía no habían fallecido.

En la hoguera, según considera el jurado, Bretón colocó una mesa metálica con el tablero en posición vertical y prendió una gran hoguera, , que avivó con lecha (unos 250 kilos) y gasóleo (unos 80 litros) y en la que se llegaron a alcanzar hasta 1.200 grados. Ante la magnitud de la temperatura, las partes blandas de los cuerpos de los niños desaparecieron rápidamente, quedando únicamente unos restos óseos. Además, el acusado permaneció junto a la hoguera alimentándola con gasoleo para mantener elevada la temperatura y lograr así la total calcinación y desaparición de los cuerpos de sus hijos.

Igualmente, el jurado entiende probado que Bretón, prevaliéndose de su condición de padre y de su mayor fortaleza física, confianza de los niños y autoridad sobre ellos, acabó con la vida de sus hijos. A continuación se desplazó hasta el entorno de la Ciudad de los Niños, aparcando sobre las 18,01 horas, y cuando consideró que había transcurrido un tiempo suficiente para hacer creíble la ficticia desaparición de los menores, llamó a su hermano Rafael, sobre las 18,18 horas, diciéndole que había perdido a los niños, realizando otras llamadas a la familia, logrando que, tanto su hermano, como su cuñado, José Ortega, acudieran a la Ciudad de los Niños para iniciar la búsqueda.

Sobre las 18,41 horas, el acusado llamó al 112, comunicando la desaparición de sus hijos, provocando la intervención de la Policía. De hecho, Bretón acudió a la Comisaría de la Policía Nacional para presentar denuncia por la desaparición de sus hijos, pese a conocer perfectamente que no había existido tal desaparición en el parque, sino que él había dado muerte previamente a los menores.

En lo referido a los restos óseos analizados por todos los peritos forenses, médicos, paleontólogos, odontólogos y especialistas biólogos y clínicos, el jurado cree probado que proceden de la hoguera encendida por el acusado en la finca de Las Quemadas en la tarde del 8 de octubre de 2011 y que tales restos pertenecen a los cuerpos de dos niños de seis y dos años, concluyendo el jurado que tales restos óseos proceden de los cuerpos sin vida de Ruth y José Bretón.

Por otro lado, el jurado ha aprobado, por unanimidad, como todos los puntos hasta ahora relatados, que las investigaciones realizadas a consecuencia de la denuncia de desaparición de sus hijos realizada por el acusado han tenido un coste para el Ministerio del Interior de 137.335 euros, para la empresa 'Cóndor Georradar' de 5.500 euros -que no reclama- y para el Ayuntamiento de Córdoba de 22.567 euros.

Hechos no probados

El jurado solo ha considerado no probados tres de los 21 puntos del objeto del veredicto. Así no entiende suficiente acreditado que Bretón fuera con el coche de su hermana a la finca de Las Quemadas para asegurarse que no hubiera vecinos o cualquier otra circunstancia que le impidiera ejecutar su plan.

Tampoco cree probado el jurado que Bretón se arrojara a dos contenedores bolsas con las ropas de sus hijos, tras haberlos matado y quemado sus cuerpos y, en contra de la tesis de la defensa, no cree el jurado que no pueda determinarse que los restos óseos analizados por los peritos no procedían de la hoguera.

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