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La Certificación, evidencia de ética e integridad en los negocios

21 de Noviembre de 2018

Estos valores, sin cotizar en Bolsa, se han convertido en los mejores activos para las empresas.

Yolanda del Valle,
Responsable de Comunicación & Marketing en Legal Compliance

La crisis económica que hemos vivido en España durante la última década y los numerosos casos de corrupción que han salpicado las portadas de los periódicos han provocado en la sociedad una demanda de transparencia e integridad.

Con la reforma del Código Penal en 2010, que reconoció en su Título II artículo 31bis la responsabilidad penal de la persona jurídica en el caso de la comisión de delitos, las empresas han aumentado sus esfuerzos por conducirse de manera ética en los negocios.

Más allá de la preocupación que puedan tener las empresas españolas ante la posible comisión de delitos que puedan empañar su reputación en el mercado y de la presión impuesta por la reforma del Código Penal, la sociedad también está demandando a la clase empresarial (y también a la clase política) mayor transparencia, ética e integridad.

Y, por esta presión del legislador y de la sociedad, todos estos valores, que no cotizan en Bolsa, se han convertido desde hace unos años en la mejor garantía para que una empresa goce de buena reputación en el mercado, fidelice a sus clientes, atraiga nuevas inversiones, y establezca relaciones con sus proveedores basadas en la confianza mutua. Estos valores se han convertido, sin duda, en sus mejores activos.  

Pero, ¿qué puede hacer una empresa para evidenciar que se conduce bajo estas premisas de buen gobierno y cumplimiento normativo en la gestión de su negocio y en sus relaciones comerciales?

Para la mayoría de los expertos que hemos consultado la respuesta está en la futura certificación en sistemas de gestión de compliance penal, como es el caso de la UNE 19601, o la ISO 37001, diseñada esta última para prevenir el soborno en empresas y organizaciones públicas o privadas. También es el caso de la UNE 19602, estándar que ayudará a las organizaciones a prevenir y gestionar riesgos tributarios.

Ante esta nueva realidad no cabe duda: la apuesta más fiable para cualquier empresa que quiera crecer y que tenga vocación de continuidad en el mercado es la certificación. Esto es así porque la sociedad valora cada vez más la integridad y el compromiso ético de las empresas a la hora de hacer negocios. Hablamos de negocios sostenibles y éticamente responsables.

Podemos afirmar, entonces, sin miedo a equivocarnos, que está de moda el business ethics, un anglicismo que circula en las redes sociales a la hora de hablar de la nueva tendencia en la manera de hacer negocios. Aunque esperamos, desde luego, que no sea una moda pasajera, sino un cambio real en la cultura empresarial española.

La ética y la integridad, sin cotizar en Bolsa,

son los mejores activos de una empresa

 

¿Hacia dónde vamos?

Aunque las entidades acreditadoras tienen que recibir aún la ‘luz verde' de la Entidad Nacional de Acreditación (ENAC) para actuar como entidades que puedan certificar sistemas de gestión de compliance, los expertos coinciden en que la UNE 19601 y la ISO 37001, actualmente guías que siguen la mayor parte de las empresas españolas para implementar programas de compliance penal válidos, se convertirán en un futuro próximo en las primeras normas cuya implantación podrá ser demostrada mediante el correspondiente certificado.

Son muchas las ventajas que tendrá para las empresas españolas contar con este ‘sello de calidad'. Entre ellas, sin lugar a dudas, la buena imagen de la empresa en el mercado de cara a sus clientes, potenciales inversores, proveedores y otros stakeholders, así como el mensaje de seriedad que la empresa lanza al mercado en su compromiso ético a la hora de hacer negocios, y la garantía de confianza que va a redundar positivamente en sus relaciones comerciales.

Además, hacer due diligence cuesta mucho dinero a las grandes empresas, por lo que muchas de estas compañías empiezan a exigir en su pliego de contratación que sus proveedores ‘críticos' se certifiquen. Esta exigencia de la gran empresa a sus proveedores, mayoritariamente Pymes, hará que la certificación en sistemas de gestión de compliance sea una realidad en España en poco tiempo.

Esto tiene muchas ventajas para las multinacionales porque, la recomendable y necesaria auditoría anual a proveedores, generará confianza en la relación comercial y, al mismo tiempo, fiabilidad y estandarización ante cualquier situación anómala de no conformidades. Cliente y proveedor hablarán un mismo lenguaje al utilizar un sistema de análisis y control de riesgos común. Y esto, sin ninguna duda, redundará a largo plazo en un beneficio claro para ambas partes y consolidará sus relaciones comerciales.

Este factor se está convirtiendo en clave para impulsar la certificación de sistemas de gestión de compliance en nuestro país y está cambiando la forma en la que las empresas españolas se relacionan a la hora de hacer negocios: la confianza y la integridad se están convirtiendo en la ‘piedra angular' de sus relaciones comerciales y en un activo en el mercado.

Y, en este escenario, las entidades certificadoras van a jugar un papel clave.

Los expertos consideran que esta tendencia social hará que la certificación, no solo en sistemas de gestión de compliance, sino también en la nueva normativa europea de protección de datos, verdadero quebradero de cabeza aún para muchas Pymes españolas, o en la futura UNE 19602, avalada por la Agencia Tributaria y que se configura como un estándar para ayudar a las organizaciones a prevenir y gestionar los riesgos tributarios, se convierta en un futuro no muy lejano en un instrumento esencial si una empresa quiere destacar por su excelencia y ser más competitiva en el mercado. 

La certificación será pronto ‘un sello de distinción' en un mercado cada día más competitivo y que demanda cada vez más ética en los negocios

 

ENAC

Pero, para poder certificarse como entidad certificadora en sistemas de gestión de compliance, la Entidad Nacional de Certificación (ENAC) exige a estas empresas que "demuestren ser técnicamente competentes, independientes y fiables" para poder confiar en la veracidad y valor de sus certificados. "Solo las entidades de certificación acreditadas podrán demostrar su competencia e imparcialidad para prestar servicios de certificación", insiste la ENAC.

 Ante esta situación, el primer reto para todas las entidades certificadoras será aprobar el `sistema de evaluación' de la ENAC basado en la ISO 17021 (Certificación de Sistemas de Gestión).

Tras este primer paso, una vez aprobada con buena nota esta ‘evaluación', llegará el segundo: que estas entidades precertifiquen la validez de los sistemas de compliance de empresas españolas que quieran ser verdaderamente competitivas y distinguirse del resto por su excelencia.

Una vez documentada una trayectoria de precertificaciones suficiente, ENAC procederá a la acreditación definitiva de las empresas certificadoras. Estas entidades podrán a partir de ese momento emitir certificados sobre la idoneidad de los sistemas de gestión compliance. Ambos sellos, el de la entidad certificadora y el de ENAC, serán la mejor evidencia en el mercado de que una empresa se conduce con integridad y ética.

Según ENAC, que las empresas se certifiquen en estos estándares hará que "aumenten sus oportunidades comerciales al mejorar su imagen en el mercado y generar mayor confianza entre clientes, consumidores y autoridades". No le falta razón.

Sin embargo, a la espera de que todo esto ocurra, hay muchas empresas que se presentan como entidades certificadoras sin haber pasado este primer examen. Se trata de empresas que no cuentan con los medios necesarios para ofrecer servicios de certificación con el rigor necesario para ser aceptados por el mercado. Suelen ser empresas que "no disponen de la independencia y medios necesarios para ofrecer estos servicios de certificación", advierte ENAC.

 Se trata, en definitiva, de un modelo de ‘certificación no acreditada' que puede convertirse en ‘papel mojado', sobre todo cuando una empresa intenta dar un salto internacional. En este sentido, es importante destacar que las certificaciones acreditadas por la ENAC son reconocidas en más de sesenta países de todo el mundo y, por lo tanto, contar con este ‘sello de calidad' abre las puertas de los mercados internacionales a cualquier empresa que aspire a crecer y expandir su negocio en el extranjero.  

En opinión de las entidades certificadoras consultadas, aunque "el mercado está aún un poco verde" y "no está respondiendo tan rápido como cabría esperar" por la novedad que supone este cambio de cultura corporativa en el tejido empresarial español, el futuro de cualquier empresa que quiera destacar por su excelencia en los negocios pasa necesariamente por la certificación como garantía de competitividad y de buena reputación.

Lo positivo, según todos los expertos consultados es que, si la empresa tiene ya implantado un programa de compliance penal conforme a la UNE 19601, ya ha recorrido la mitad del camino para demostrar su compromiso con la cultura empresarial basada en la ética y el cumplimiento. Después, con la empresa certificadora, que actuará como una tercera parte independiente e imparcial, y con el sello de la ENAC, se podrá evidenciar de modo claro, directo y reconocido internacionalmente que esa empresa se conduce con valores éticos y de buen gobierno.

Dicho todo esto, en el horizonte empresarial y en el centro de la diana de los objetivos estratégicos de las empresas españolas, se vislumbra la certificación porque, evidenciar que nuestro programa de compliance es válido y que cumple con los requisitos legales y normativos nacionales e internacionales, es necesario para operar en los principales mercados. Por esta razón, las empresas españolas tienen que ser capaces de demostrar que, en sus procesos y actividades, en cómo gestionan su negocio y en sus relaciones comerciales, tienen implantados sistemas que evidencian sus buenas prácticas empresariales.

Ese es el reto que les espera en un futuro muy próximo. Y es precisamente en este contexto, en el que será necesario certificarse para ser competitivo, porque la certificación será pronto ‘un sello de distinción' en un mercado cada día más competitivo y que demanda cada vez más ética en los negocios.

 
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