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Blog de Co.Mediación

5 de Enero de 2016

Mónica Corella

Mediadora y abogada, consultora experta en resolución de conflicto

Félix Arias

Mediador y psicólogo, consultor experto en resolución de conflictos y diseño de estrategias colaborativas

Cómo se desarrolla el sentido de la injusticia

La excelencia moral es resultado del hábito. Nos volvemos justos realizando actos de justicia; templados, realizando actos de templanza; valientes, realizando actos de valentía”. Aristóteles


Los conceptos de "justicia" e "injusticia" y el significado que les atribuye  cada persona, son un asunto de reflexión habitual para los profesionales que nos dedicamos al análisis y la gestión de los conflictos.

La consideración sobre la "justicia" y cómo alcanzarla puede influir en la manera en la que las partes afrontan sus diferencias. Casi todo el mundo afirma rechazar la injusticia y, sobre todo, intenta evitar sufrirla. De hecho, en la motivación de muchas personas que eligen afrontar sus conflictos de forma competitiva ("yo gano, tu pierdes") parece haber un deseo de evitar una solución injusta (para ellos). En este sentido, alcanzar acuerdos con la otra parte en conflicto, parece generar cierta desconfianza en algunas personas a las preocupa que la solución que se  alcance no les favorezca. Efectivamente, parece que existe un rechazo general a que la injusticia nos perjudique, pero ¿qué sucede cuando una situación injusta nos beneficia?

En relación a esta cuestión, la prestigiosa revista científica Nature publicó el pasado día 18 de noviembre de 2015 (doi:10.1038/nature15703) un interesante artículo titulado The ontogeny of fairness in seven societies  firmado por los psicólogos y antropólogos Peter Blake y Katherine McAuliffe (profesores de las universidades de Harvard y Yale) junto a un grupo de investigadores  (Corbit, Callaghan, Barry, Bowie, Kleutsch, Kramer, Ross, Vongsachang, Wrangham y Warneken) de distintas universidades de EE.UU., Canadá y Senegal.

La investigación tenía por objeto estudiar cómo se desarrolla el sentimiento de la "injusticia" a lo largo de la infancia, analizando una muestra de 1732 niños de edades comprendidas entre los 4 y los 15 años, pertenecientes a 7 países distintos de América, Asia y África.

Las pruebas que se utilizaron para evaluar la "aversión a la injusticia" (inequity aversión) consistieron en presentar dos tipos de situaciones a grupos de dos niños/as, que tenían que responder si las aceptaban o rechazaban sin tener la posibilidad de negociar entre ellos.

  • Situación 1: mide la "aversión a la injusticia en desventaja". El niño tiene que aceptar o rechazar una distribución de recompensas claramente injusta para él, consistente en que debe decidir si acepta una golosina, mientras que el otro niño recibiría cuatro. Si acepta, gana una golosina, aunque la situación sea injusta, mientras que, si la rechaza, no gana nada ni el otro niño tampoco (ninguno de los dos obtiene golosinas), pero evita la injusticia.
  • Situación 2: mide la "aversión a la justicia en ventaja". El niño tiene que aceptar o rechazar una distribución de recompensas que le beneficia y es claramente injusta para el otro; en este caso, si el niño acepta, obtiene cuatro golosinas y el otro sólo una, cometiendo una clara injusticia a su favor. Si la rechaza, perderá cuatro golosinas, pero evitará que se cometa una injusticia con el otro niño.
    Las conclusiones de la investigación determinan

     

      a)  Desde los cuatro años, los niños procedentes de todos los países estudiados, muestran rechazo a la injusticia si son ellos quienes obtienen menos recompensa que los demás niños. Cuando al niño que tiene que  decidir, se le asignan menos golosinas que al otro, rechaza el ofrecimiento. Es decir, no acepta este reparto aunque implique la pérdida de una golosina y, asimismo, no son generosos con el otro niño, que pierde cuatro golosinas.

      Por último, se comprueba que, a medida que crecen, los niños rechazan, aún más, el reparto que les perjudica. En definitiva, se demuestra esta "aversión a la injusticia en desventaja" que parecen mostrar los niños de forma universal y desde edades muy tempranas.

      b)  Sin embargo, a los cuatro años, cuando el reparto desigual sí les beneficia, los niños tienden a aceptar la situación. En este caso, no parece que, de manera universal, exista una "aversión a la injusticia en ventaja".

      Conforme se hacen mayores, y sobre todo a partir de los ocho años, pueden observarse diferencias; ya que mientras algunos niños continúan aceptando el reparto desigual, otros (mayoritariamente, según concluyen los autores, los procedentes de países occidentales), rechazan recibir más caramelos que el otro niño, confirmándose que han desarrollado la "aversión a la injusticia en ventaja".

      Los investigadores explican estos resultados señalando que "las sociedades occidentales dan más importancia a las normas de igualdad y es posible que los niños tengan presión social para interiorizar estas normas a edades tempranas".

Es decir, los humanos adquirimos muy pronto la capacidad de detectar y rechazar la injusticia y parece existir una tendencia a rechazar la desigualdad cuando nos perjudica y a aceptarla cuando nos beneficia. Sin embargo, el entorno socio-cultural influye notablemente en la adquisición de valores que permiten rechazar la injusticia y la desigualdad en cualquier situación, aunque, aparentemente, nos favorezca.

De forma general, parece que la tolerancia a las situaciones injustas con los demás es mucho mayor que cuando la injusticia perjudica a uno mismo. La "aversión a la injusticia en desventaja" parece ser una actitud "natural", pero la "aversión a la injusticia en ventaja" dependería de valores que pueden (y deben) aprenderse.    

En el ámbito de la mediación en la resolución de conflictos, también existen múltiples factores claramente influenciados por valores y pautas culturales que pueden aprenderse. En este sentido, sabemos que es posible adquirir y desarrollar actitudes que favorezcan la colaboración, el diálogo razonable, la comprensión, la aceptación, el respeto mutuo y el interés por buscar las mejores soluciones para todos los implicados en un conflicto.

El punto de vista que ofrece la mediación rechaza los planteamientos que puedan provocar perjuicios para alguna de las partes y propone un afrontamiento del conflicto en el que sean las propias partes quienes alcancen los acuerdos que consideren más beneficiosos, ampliando así los conceptos tradicionales de "justicia" e "injusticia". 

Lo anterior puede relacionarse con la promoción de una "cultura de paz" en la que se persigue la colaboración y el beneficio común que, consideramos, caracteriza a la mediación y que al igual que otras actitudes, puede transmitirse, elegirse, aprenderse y desarrollarse.     


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