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Blog de Co.Mediación

24 de Febrero de 2017

Mónica Corella

Mediadora y abogada, consultora experta en resolución de conflicto

Félix Arias

Mediador y psicólogo, consultor experto en resolución de conflictos y diseño de estrategias colaborativas

La mediación: ¿Querer es poder?

“No es que este enfoque dé poder a la persona, es que nunca se lo quita” Carl Rogers


Es fácil suponer que las personas en conflicto que deciden acudir a un servicio de mediación, inician este proceso porque quieren resolver su conflicto y, además, creen que tienen la capacidad necesaria para poder hacerlo. Sin embargo, al analizar estos dos elementos detenidamente veremos que esto no es siempre así.

Estos dos componentes: "importancia percibida del conflicto" y "la confianza percibida por las partes para lograr la resolución del conflicto", tal y como señala Rogers, son claves para estar motivado para el cambio y, por tanto, también son fundamentales para el desarrollo del proceso de mediación.

En nuestra experiencia, la mediación puede promover ambos, ya que no son elementos estáticos, y pueden ir transformándose a lo largo del proceso de mediación.

Tomando como base los trabajos de Miller y Rollnick, y trasladando su reflexión sobre el cambio al ámbito de la mediación, podemos hacernos las siguientes preguntas sobre los casos con los que trabajamos:

  • ¿Es importante para las partes resolver el conflicto?
  • ¿Se consideran las partes capaces de conseguirlo?

Al responder a estas preguntas, vemos que surgen cuatro tipos de situaciones distintas, que plantearán retos y objetivos diferentes al profesional de la mediación:

    1.- Las partes quieren y pueden.

    Para las partes es importante resolver el conflicto y además se consideran capaces de hacerlo. En esta situación, que parece la ideal, el reto para el profesional sería colaborar con las partes en la construcción de la sostenibilidad en la resolución que acuerden las mismas.

    2.- Las partes quieren y no pueden.

    Para las partes es importante resolver el conflicto, pero no se consideran capaces de hacerlo, es decir, tienen poca confianza en que puedan lograrlo por sí mismas. Esta es una situación de las más habituales en los procesos de mediación, y son especialmente frecuentes en el ámbito de la mediación intrajudicial. En estos supuestos, el reto para el profesional será generar la confianza en las partes en una dimensión triple: autoconfianza, confianza entre las partes y confianza en el mediador y la mediación.

    3.- Las partes no quieren y pueden

    Para las partes no es importante resolver el conflicto aunque se consideran capaces de hacerlo. En este contexto, el reto para el profesional es profundizar en la importancia que las partes conceden al conflicto y la valoración (más o menos realista) que ellos han hecho de las consecuencias de dicho conflicto, para que puedan explorar si es adecuado resolverlo y que les aportaría hacerlo aprovechando su capacidad para ello.   

    4.- Las partes no quieren y no pueden

    Para las partes no es importante resolver el conflicto y tampoco se consideran capaces de hacerlo. Este contexto ofrece la mayor dificultad de todas las planteadas y necesita focalizar la actuación del mediador en la promoción de mínimos, tanto de la confianza imprescindible, como de la necesidad de abordar su resolución.

En el ámbito de la mediación, debe tenerse en cuenta que estas valoraciones sobre la importancia percibida del conflicto y la capacidad que uno mismo se reconoce para abordarlo, se realiza de forma simultánea por dos o varias partes y no siempre todos los implicados coinciden en el mismo supuesto de los cuatro planteados. Siendo esto último, otro de los grandes retos que tenemos que abordar los mediadores en la etapa inicial del proceso.  

 Por último, cabe recordar que las propuestas antes descritas de análisis de motivación para el cambio y su consecuente intervención, deben realizarse desde la neutralidad, el reconocimiento, el respeto pleno a las partes y su capacidad de tomar las decisiones más adecuadas. Estos principios subyacen a cualquier intervención de mediación, en la que siempre tendremos presente el reconocimiento del  "valor y potencial inherentes a todo ser humano" que, tan acertadamente, planteaba Carl Rogers.


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