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Blog Entendiendo las finanzas

19 de Febrero de 2020

José Pastor Hernández-Pinzón

Director Financiero Hotel Kempinski Estepona

La justicia social y el salario mínimo

La reciente formación del gobierno de coalición PSOE-Unidas Podemos ha confirmado lo que venía siendo un secreto a voces: la subida del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) hasta situarlo en 950€, un 6% o 50€ más que en 2019 y casi un 45% respecto al salario mínimo establecido por el gobierno del Partido Popular en 2016.


El objetivo, explican, es la mejora de las condiciones y derechos de los trabajadores, en particular los más desfavorecidos, de ahí que se presuma que una subida del SMI tendrá un efecto positivo de forma inmediata para este segmento concreto de la población. Lo justifican como una forma directa de incrementar el poder adquisitivo de los ciudadanos.

La conquista social

La política social que promueve dichas subidas salariales persigue el viejo sueño de obtener mejores empleos fundamentalmente a través de mayores salarios, convirtiéndose así en una fuente de votos incalculable, lo que explica que la gran mayoría de partidos políticos (de todo signo y en casi todos los países) hayan incluido medidas de este tipo en sus programas electorales durante las últimas décadas.

Dado todo lo anterior, cabe preguntarse cómo de efectiva es esta política de subida anual del SMI y si efectivamente va a repercutir de manera positiva a esa parte de la población más desfavorecida en cuanto a retribución salarial se refiere.

 

¿Cuál es el impacto de 50€ de incremento del SMI?

Para que podamos entender el impacto y las consecuencias que posteriormente explicaremos, vamos a ver a modo de ejemplo como afectaría la subida del SMI a una empresa que cuente con 50 trabajadores:

A primera vista, puede parecer que al hablar del incremento del SMI nos referimos a cantidades poco relevantes, sin embargo cuando aplicamos el cálculo al total de la plantilla de una empresa el impacto adquiere mayor trascendencia.

Observamos que para una empresa con 50 trabajadores, el impacto de la subida del SMI será de en torno a 45.500€, unos 900€ por empleado, sin contar gastos adicionales como la cobertura del período de vacaciones, el incremento del coste del despido, etc... Si ponderamos este cálculo por la plantilla media de la empresa a analizar, podemos obtener una idea de cuánto representa el impacto del incremento del SMI a cada unidad de negocio.

Al cálculo anterior habría que añadir los incrementos de costes provenientes de empresas externas que prestan servicios, las cuales se verán también obligadas a subir sus tarifas para poder mantener sus márgenes.

La política vs la economía

Lo que hay que tener claro es que en política una cosa es lo que se pretende obtener con las leyes y otra es la evidencia empírica que se obtiene de la ciencia económica.

Y es que una gran variedad de estudios económicos realizados en distintos países ponen de manifiesto algunas de las consecuencias que puede producir en la economía de un país el intervencionismo del Estado en materia de salarios. En resumidas cuentas, los principales efectos serían los siguientes:

1)    Coste vs Productividad: el aumento del desempleo

Si bien pueda pensarse que los empleados que se encuentren en el umbral del SMI se beneficiarán de una subida y por lo tanto tendrán más poder adquisitivo, de manera genérica, el incremento del SMI producirá en primer lugar destrucción de empleo, y en segundo lugar una ralentización futura en la creación de puestos de trabajo.

La principal razón es que al ser la subida del SMI homogénea (afecta por igual a todos), reducirá considerablemente los resultados de aquellos sectores con poco margen de beneficio bruto, de ahí que estemos asistiendo por ejemplo a una gran movilización dentro del sector agrícola, el cual se encuentra maniatado por los márgenes tan reducidos con los que cuentan. Pero no son los únicos.

El empresario, por regla general, cuando vea reducido sus márgenes productivos (ya muy limitados en muchos casos) decidirá el despido, la reducción de jornada o cambios en el sistema de producción (sustitución por máquinas) para poder mantener su rentabilidad que le permita sostener el negocio a largo plazo.

2)    Encarecimiento del producto o servicios

Otra decisión empresarial inmediata como consecuencia de la subida del SMI será el aumento del precio de venta del producto o servicio. Un incremento del precio el producto no tiene que ser necesariamente negativo, pero cuando dicho aumento viene impuesto por la aplicación de una ley, el consumidor se verá obligado a pagar un precio más alto sin que responda a una estructura de producción real, lo que consecuentemente generará un descenso de la demanda.

Los primeros sectores en los que se percibirá este aumento de costes serán los que provienen de empresas con una estructura de mano de obra muy intensa, como por ejemplo las ya mencionadas empresas del sector agrícola o empresas de servicios.

Del mismo modo, al encarecerse el producto nacional por la subida de costes, favorecerá a las exportaciones, castigando aún más a las pequeñas empresas.

3)    El favorecimiento a los monopolios

Al reducir coactivamente los beneficios a las empresas, serán aquellas con menos márgenes de beneficios las que no puedan hacer frente a una disminución de la demanda, favoreciéndose aquellas grandes firmas que si cuentan con suficientes márgenes.

4)    Aumento de la economía sumergida

Y por último, una intervención en forma de incremento del salario mínimo fomentará el crecimiento de la economía sumergida, de tal manera que el empleado podrá pasar a cobrar el sueldo anterior de forma no declarada, en un intento de no perder su empleo.

Cabe pensar que, teniendo en cuenta los datos actuales de paro (todavía por encima del 13%), las políticas de incremento del SMI agravarán aún más esta situación, provocando una reducción de los márgenes de beneficio de las empresas, y posteriormente incrementando la tasa de desempleo. Al mismo tiempo, ralentizará la creación de nuevos puestos de trabajo, representando un claro perjuicio para  los más desfavorecidos, especialmente los jóvenes, los cuales verán claramente restringidas sus posibilidades de acceder a un empleo, quizás precario, pero que le permitirá formarse para tener la oportunidad en un futuro de crecer profesionalmente y optar a un puesto mejor.

Por todo ello, en situaciones de poca productividad o en economías donde los márgenes son muy justos, conviene atraer y fomentar la inversión, favorecer la creación de empresas, reducir impuestos (para así recortar la diferencia entre lo que paga el empleador y lo que recibe el empleado) y flexibilizar la contratación. Solo un incremento del salario debería contemplarse en aquellos sectores que gocen de mayor salud financiera, como ocurre en el caso de algunos Convenios Colectivos.

Y es que, a diferencia que la política, la economía juzga resultados y no intenciones.


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