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Blog Fiscalidad Internacional

3 de Abril de 2020

Guillermo Salceda Pacheco

Asesor fiscal internacional
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Absurdo, tontarro, “ingenuo – optimista”, “vivo – feliz – en – el – mundo – de – la – piruleta”, atípico, “a – tributario” y “coronavirus - asintomático” que se ha escrito en los últimos tiempos. En fin, les dejo a ustedes juzgarlo y calificarlo como les plazca, si es que lo quieren leer.


La cuestión es que estuve sondeando temas que no guardaran relación con “el monotema”, para ver si podía abstraerme y distraerme un poco de tanta realidad, pero dicen que “la realidad manda”, y la verdad es que no encontré temas que, siendo de índole estrictamente técnica, tuvieran mayor calado que el covid 19, así que no tuve más remedio que ceder…
Ahora bien, siendo uno realista como es, no tengo la capacidad analítica, en términos macroeconómicos, ni de política tributaria ni de política en general de la que hacen gala y alarde mis compañeros de armas y, por ende, opté por algo “muy poco profesional”, que es dejarme llevar.
Al igual que el resto de la población mundial que vive actualmente confinada (creo que viene a ser una tercera parte de la población mundial, más o menos), en secreto me deleito pensando en la infinidad de cosas que haré cuando esto termine. Uno, que es un optimista – ingenuo sin remedio, piensa que será capaz de retomar su vida exactamente donde estaba antes del 8 de marzo, a pesar de esa vocecita interior, realista ella y “toca – moral”, que se empeña en recordarme que la cosa va a estar muuuuuy chunga, y que sería prudente rebajar las expectativas futuras para que la decepción no sea tan grande.
Que sí, que Pepito Grillo tiene razón y que habrá que currar muchísimo para dejar esto atrás y recobrar los niveles económicos “pre – manifestaciones del 8M”, pero en momentos así uno (y el ser humano en general) necesita cargarse de razones para afrontar lo que se nos viene encima con un mínimo de ilusión, así que me puse manos a la obra y aquí tienen ustedes mis razones para pensar que tras la tempestad, EL SOL VOLVERÁ A BRILLAR:

    1. El juicio de los que saben más que yo.

Al parecer, John F. Kennedy dijo que “una persona inteligente es aquella que es capaz de rodearse de personas más inteligentes que ella”. De ahí que busque inspiración en aquellos que saben más que yo.
En primer lugar, no hay que ser una lumbrera ni licenciado en Harvard para saber que, nada más salir de casa, vamos a sufrir una contracción económica bastante seria como consecuencia de la falta de liquidez y de la incertidumbre que va a vivir un gran número de personas con respecto a su situación laboral y profesional (ya sea en forma de desempleo o de reducción salarial), lo que impactará de lleno en el nivel de consumo durante lo que resta de año.
Ahora bien, este es el punto donde aflora el ingenuo: somos latinos, para bien y para mal. Tras este confinamiento, necesitamos retomar nuestra vida social y, por tanto, algunos más y algunos menos pero, en general, algo de dinero destinaremos a rehacer nuestra vida social, y quiero pensar que eso tendrá un impacto positivo en la economía aunque, evidentemente, no sea suficiente para volver a los niveles de consumo de principios de año. Bueno, menos da una piedra…
En el medio y largo plazo, los expertos en materia económica vaticinan que los efectos de la crisis económica se extenderán más allá del 2020, y no lo dudo. Pero, la buena noticia, es que ya tenemos experiencia en ese terreno, y además relativamente reciente, pues ya superamos una crisis económica mundial hace menos de una década. Cierto es que será dificilísimo recuperar el nivel de empleo y de cotizaciones, y habrá que poner en marcha nuevamente una rueda que ya venía girando con inercia, pero también tenemos por delante nuevas oportunidades en el ámbito empresarial que, si sabemos aprovechar, redundarán en beneficio de todos los sectores económicos y, por tanto, de la sociedad en su conjunto.
Por ejemplo, hace poco leí que la crisis determinará una revisión completa y exhaustiva de los aspectos vulnerables de las cadenas de valor, y hará necesario diversificar las fuentes de suministro, lo cual implicará mayores costes en la cadena de producción a cambio de garantizar su funcionamiento.
Si esto es así, quiero pensar que ahí surgirá una grandísima oportunidad para un gran número de pequeños y medianos proveedores que tendrán la oportunidad de ampliar su cartera de clientes y, por ende, de expandir su negocio. Y serán proveedores de toda índole, tanto de bienes como de servicios. Mayores costes para unos suponen mayores márgenes para otros y, como decía mi queridísimo y admiradísimo Cantinflas, “ahí está el detalle”.
Por otro lado, parece ser que hay consenso sobre el hecho de que esta situación pondrá de manifiesto las bondades y perjuicios (en términos económicos, ecológicos y de tiempo) del teletrabajo y de otras formas de trabajo no presencial, además de reforzar los planes de contingencia de las empresas, para mantener al máximo su actividad en caso de que se repita una situación similar. Nadie quiere una reducción salarial, pero si no hay más remedio, tal vez una reducción salarial pueda verse compensada con un ahorro de los costes de transporte diario, por ejemplo. No es una situación ideal, pero ahí está la oportunidad para encontrar una nueva figura de “retribución emocional”.
Por último, me gustaría traer a colación una frase que también leí hace unos días. “El impacto a corto plazo será mayor que en la Gran Recesión, pero es una crisis de naturaleza distinta: no hay sobreendeudamiento, ni desequilibrios macroeconómicos que corregir, por lo que su salida en principio debería ser más fácil.”
Ojalá que así sea.

    2. Don Alberto.

Al igual que muchos de ustedes, también he leído recientemente un texto titulado “La crisis según Albert Einstein”, en el que este grandísimo pensador califica las crisis como una bendición para al progreso de la humanidad; como un recurso que nos obliga a salir de nuestro espacio de confort para superarnos a nosotros mismos.
Y la experiencia nos enseña que ya fuimos capaces de superar otras crisis económicas. Por tanto, como dice mi madre, “no hay que preocuparse, sino ocuparse”. Así pues, me anima y me motiva saber que, a base de currar como animales, seremos capaces de superar tanto la crisis sanitaria como la crisis económica en ciernes y, además, que seremos capaces de ello a pesar de la clase política que tenemos.
El tiempo da y quita razones, y casi siempre acaba poniendo a cada uno en donde le corresponde, pero no puedo ocultar mi sensación de que, tal y como sucedió durante la anterior crisis financiera, tendremos que demostrar una vez más que somos como el Madrid: si jugamos con las líneas bien juntas, trabajando en equipo, corriendo todos en la misma dirección, siendo solidarios y generosos con el resto del equipo y, en definitiva, jugando por y para el equipo (y no para lucirse), entonces seremos capaces de ganar títulos, incluso a pesar de la nefasta gestión deportiva de nuestros dirigentes.
Solo diré una cosa, llegados a este punto. Ruego a sus señorías disculpen mi torpeza, pero no termino de entender bien la jugada (¿maestra?) del ejecutivo de avalar créditos a las empresas, para que éstas paguen los impuestos devengados durante esta hibernación económica, ya que no se ha aprobado un auténtico fraccionamiento / aplazamiento de las deudas tributarias, ni tampoco se ha suspendido el pago de las cotizaciones de la Seguridad Social. El tiempo dirá…

    3. Las mujeres.

Una consecuencia tangible e incontrovertible tanto de las dos guerras mundiales que se libraron durante el siglo XX, como de la pandemia de gripe española que “solo” se llevó por delante a 50 millones de personas (el 6% de la población mundial de entonces) fue la irrupción de la mujer en el ámbito laboral, profesional y económico.
Que las mujeres contribuyen de manera decisiva y esencial al desarrollo económico, social y político del mundo actual es una realidad tan incuestionable, que no hace falta profundizar en ella. Pero creo que, la buena noticia de cara a nuestro futuro inmediato es que, esta vez, quiero pensar que las mujeres ya no tendrán que luchar como lo hicieron nuestras abuelas, bisabuelas y tatarabuelas por alcanzar el mismo reconocimiento profesional, salarial y reputacional que un hombre, por las mismas funciones y por el mismo trabajo.
Lejos de feminismos baratos y de postín, creo que ya veníamos viviendo una etapa de verdadero empoderamiento de la mujer, y me gustaría pensar que esta nueva crisis va a suponer un nuevo impulso del papel de la mujer en el ámbito laboral, profesional y económico. Ojalá que se alcance, por fin y sin ambages, una verdadera equiparación en todos los sentidos y a todos los niveles, tanto salariales como de oportunidades, lo cual exigirá que, en no pocos casos, seamos los hombres quienes tengamos que ceder terreno para que muchas mujeres puedan desarrollar todo su potencial, lo que seguro va a redundar en bien de todos.

La opinión expresada en este post es exclusiva de su autor, y en modo alguno puede imputarse o atribuirse a ninguna persona o entidad de su entorno profesional.


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