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Blog Fiscalidad Internacional

17 de Octubre de 2016

Miguel Muga Rodríguez

Tax Manager (EMEA) en PerkinElmer
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It’s tax, not trade (stupid!)

La globalización y el libre comercio son buenos para todas las economías mundiales. Ambas contribuyen a la riqueza de sus naciones. No obstante, mucha de esta riqueza actualmente escapa a sus sistemas impositivos. Así, mientras la mayoría de los sistemas impositivos de economías capitalistas descansan principalmente sobre impuestos sobre los rendimientos del trabajo, el capital sufre una presión impositiva menor o inexistente.


Por un lado, en momentos de crisis, todo falla. Incluidos (casi) todos los sistemas tributarios. Menos trabajo y menos consumo suponen menos ingresos tributarios. Y el sistema de bienestar se resiente y surgen movimientos políticos rupturistas o reaccionarios. Y por otro lado, en los momentos de recuperación, las clases trabajadoras son las que más tardan en recuperarse, no así las clases más dependientes del capital. Entonces las empresas, como epicentro mayoritario de la generación de riqueza, no cumplen con su parte del contrato social si sus ingresos escapan al fisco. Es la pescadilla que se muerde la cola. Por lo tanto, los estados se han inventado BEPS para que aquella generación de riqueza cumpla con este contrato social. ¿Pero cómo hemos llegado a BEPS? Y ¿en qué momento la pescadilla puede dejar de morderse su cola?

Varios estudios: en este primero se establecen las causas generales de la erosión de bases, pero en este segundo es donde establece una relación de causas por las cuales se generan una serie de incentivos en las empresas para la consecución de un effective tax rate cada vez menor mediante la creación de estructuras fiscalmente agresivas. Todas se pueden englobar en una sola: los conflictos de interés.

A nivel de la dirección de empresa

Los mandos superiores e intermedios de la dirección de una empresa son recompensados por un effective rate tax inferior. Y este tipo inferior se lleva a cabo a través de estructuras agresivas en las cuales el riesgo es parejo con la diferencia impositiva. Así, estas personas están motivadas a adoptar políticas fiscales que minimizan el impacto fical al mismo tiempo que maximizan el beneficio empresarial y el precio de la acción en el corto plazo. Así, para cuando la inspección audite a estas empresas y éstas conlleven cambios en la política fiscal (o sanciones), esos mandos superiores o intermedios no estarán ya en esas empresas o estarán en otros menesteres.

A nivel de los asesores externos

Casi en la totalidad de las ocasiones, la adopción de estructuras fiscalmente agresivas cuenta con el respaldo de asesores externos (abogados, bancos de inversión, auditores, etc.) bien en forma de muchas horas de trabajo cobrados en base al tiempo invertido en su diseño (que es mucho) o mediante un porcentaje del ahorro o valor originado (que también será mucho). Y, en un determinado momento de tiempo, estas estructuras, que en un principio eran pocas, se popularizan y se comercializan en el sentido estricto de la palabra como quien va al supermercado a comprar estructuras fiscales. Por ejemplo, estas 10 jurisdicciones concentran la mayor parte del capital y activos de empresas estadounidenses.

A nivel político

Y aunque lo anterior entra dentro del ámbito de la voluntad empresarial, también es importante poner cierto foco en las políticas de los países que también son parte de esa pescadilla. Ofrecer regímenes muy favorables o leyes muy flexibles en un entorno internacional (doble sándwich irlandés o  la retahíla de tax rulings de Irlanda y Luxemburgo) favorecen este profit shifting. Un sistema tributario más laxo crea más inversiones extranjeras, más empleo local, más impuestos indirectos, mayor bienestar social, mayor éxito político y más fama internacional.

Hasta aquí la pescadilla y su cola. Unos crean el anzuelo y otros lo muerden. Unos obtienen mayor sueldo dependiendo de la creación de valor en su empresa y los otros ayudando en su creación, pero ¿cómo se rompe?

Son varias las propuestas, entre otras:

1)      Crear un criterio de sostenibilidad (frente al de minimización) en base al cual el modelo de  estructura fiscal es la que sigue al modelo de negocio y no al revés;

2)      Crear unos incentivos pre-tax que ayudarán tanto a corto como a la largo plazo;

3)      La política fiscal estaría alineada con los estándares de buen gobierno. Por ejemplo, todas las decisiones fiscales deben tener motivos de negocio. Igualmente, estas políticas fiscales deben ser refrendadas por el consejo de administración;

4)      Realizar procesos de due diligence sobre la estructura fiscal propuesta por terceros asesores externos;

5)      Comprar una estructura fiscal pre definida y no diseñada específicamente para una empresa sin tener en cuenta el modelo de negocio debería someterse al punto 4 anterior;

6)      No penalizar a los whistle blowers mediante la creación de un comité interno. Mejor ese comité interno que el chivatazo se produzca directamente a las autoridades fiscales (como en el caso de Caterpillar);

7)      Este mismo comité se cree internamente en los asesores externos de manera que el riesgo reputacional no afecte ni al cliente ni al propio asesor (caso Enron y Arthur Andersen); y

8)      Una solución a la islandesa: a la cárcel o inhabilitación de los políticos que crearon los desfases presupuestarios.

Lo anterior son propuestas mayoritariamente aplicables al sector privado. Pero las instancias públicas supranacionales (UE, G7, G20, OCDE, etc.), viendo que los estados individualmente no actúan contra estas estructuras, si no que las favorecen, pasan a la acción y meten en vereda a todos (Irlanda y Apple, Luxemburgo y Amazon, UK y Starbucks, entre otros). Y se lanza BEPS en el formato que ya conocemos.

Y con todo, el negocio no se toca (not trade) si no que sigue su curso, pero sí se tocan los impuestos (it's tax), también al capital, y se acaban mejorando las condiciones de bienestar para todos. Parece incluso que la UE, el G20 y demás instancias supranacionales quieren que se cumpla el contrato social y les hacen un flaco favor a los movimientos políticos rupturistas o reaccionarios para que no ahuyenten al trade (stupid).

Actualización de tipos: Ya existen nuevas propuestas de reducción de tipos impositivos en la zona Euro. Noruega propone una reducción al 24% el próximo año y al 23% para el año 2018. Francia propone una reducción del tipo de forma escalonada hasta el 28% en el año 2020.           

Disclaimer: La opinión expresada en este artículo es exclusiva de su autor y no imputable a Perkinelmer ni a ninguno de sus empleados.


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