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Blog Fiscalidad Internacional

23 de Abril de 2020

Fátima Blanco Calleja

Head of Tax de LG Electronics España

Lo que opina Bill Gates

No es reciente que la figura de Bill Gates sea todo un referente para cualquiera (con posibilidad de saber quién es) en todo el planeta desde hace décadas. Fundador de Microsoft, hombre más rico del mundo, esposo de Melinda y junto a ella Co-director de la Fundación que lleva sus nombres, abandonaba su silla en el Consejo de Administración de la empresa que fundó junto a Paul Allen para dedicarse en exclusiva a los proyectos de la Fundación. Puede que pase a la historia como uno de los filántropos y visionarios más destacados de los siglos XX y XXI.


Lo que sí es reciente es la viralización de una ponencia que Bill daba en 2015 con ocasión de la superación de la crisis (en su momento llamada así) del Ébola de 2014 que comenzaba así: “Cuando yo era un niño el desastre más temido era una guerra nuclear. Por eso teníamos en el sótano un barril como este lleno de tarros de alimentos y agua. Cuando llegara el ataque nuclear debíamos escondernos allá abajo y comer lo que hubiera en el barril. Hoy la mayor catástrofe mundial no se parece a esto. Más bien, es como esto. Si algo ha de matar a más de 10 millones de personas en las próximas décadas, probablemente será un virus muy infeccioso más que una guerra. No misiles, sino microbios. En parte la razón de esto es que se han invertido enormes cantidades en disuasivos nucleares. Pero en cambio, muy poco en sistemas para detener epidemias. No estamos preparados para la próxima epidemia.

En la actualidad, y con la presente pandemia del Coronavirus como entorno compartido por todos, el matrimonio Gates, que defiende como parte de la solución la inversión en innovación y vacunas y protección de los más vulnerables,  se han convertido en verdadero líder de opinión global. Por eso me parece interesante compartir aquí la visión pública que Bill y Melinda tienen sobre el sistema tributario en su país, el papel de las grandes fortunas, el concepto de justicia global, la renta básica universal y la pobreza. Tengo la impresión de que si lo dice Bill, la invitación a la reflexión estará servida.

Sobre el sistema tributario de EE.UU afirma que debería modificarse en aras de poder cubrir el gasto público, ya que con el esquema actual la recaudación a través de los impuestos ascendería al 20% del PIB mientras que el gasto presupuestado alcanzaría el 24%. Su propuesta se dirige a la elevación de los tipos sobre las rentas derivadas de las ganancias de capital y la creación de impuestos estatales que graven el patrimonio. Declara abiertamente que un sistema cuyo origen recaudatorio mayor sea las rentas del trabajo gravadas a un tipo progresivo es naturalmente injusto toda vez que la mayor masa de riqueza se concentra en ciudadanos que no obtienen rentas del trabajo. Bill dice que si tienes más, debes pagar más y utiliza su post de cierre de año 2019 en la página la Gates Foundation para defender su posición, ya sabida en todo caso, de manera pública. Para completar este pensamiento, me gustaría traer a colación la exposición realizada por Antonio Abellán en su último artículo “De por qué los piojos no son buenos para la salud ni la alta progresividad en los tramos bajos y medios del IRPF se debe a que los salarios son más bajos que en otros países” sobre las verdaderas características de la progresividad del sistema de renta español, a todas luces esclarecedor. Estas no deben ser declaraciones cómodas para todos los lectores.

En segundo lugar, y aprovechando la respuesta social y política española sobre la intención declarada del Gobierno de activar un ingreso mínimo vital como ayuda a la inclusión social de manera “estructural y permanente” y hecha pública con ocasión de la crisis actual, me interesa compartir también la posición al respecto de Bill Gates y algunos líderes más, como por ejemplo Donald Trump, la UE o la OCDE. Antes de lo cual veo preciso aclarar que la renta mínima vital no es lo mismo que la renta básica universal ni en concepto ni probablemente en propósito, si bien son términos confusos y que según el ámbito del que procedan pueden tener un origen o vocación común. A me gustaría hacer especial énfasis en el ingreso mínimo vital sobre el que se refirió el Ministro de Inclusión, aunque no tengo la certeza de si en realidad se estuviera refiriendo a este tipo o al otro. El ingreso mínimo vital, es considerado, como queda reflejado en la propia página del Comité de Asuntos Sociales de la UE, un sistema esencial y estratégico de todos los países miembros como revulsivo a la inserción laboral de aquellas personas en edad activa fundamentalmente que desconocen de otros medios financieros para alcanzar un estándar mínimo vital. Se trata además de un sistema a combinar con medidas de ayuda a las empresas para la activación y generación de empleo a través de ellas. Os remito a un enlace de la Fundación FOESSA con diversos mapas interactivos que muestran la evolución de nuestro país a través de los datos obtenidos en encuestas: https://www.foessa.es/encuestas-sobre-integracion/exclusion-social/el-indice-sintetico-de-exclusion-social/. En el contexto de la pandemia mundial y habida cuenta de los efectos adversos que pueda provocar en todos los actores, en particular en hogares y ciudadanos, la OCDE es una de las organizaciones internacionales que de manera expresa incluye entre sus recomendaciones (además de las fiscales que ya conocéis) para combatir la crisis el pago de subsidios incluyendo a aquellos ciudadanos que no sean elegibles. Y esto sería lo que ha hecho el gobierno americano con la publicación de la CARES ACT el pasado marzo creando lo que ha denominado como Economic Impact Payment, pago de estímulo o “alivio tributario” que realizará la Internal Revenue Service (agencia tributaria) a la mayoría de sus ciudadanos. Sobre esta medida han abundado ya todo tipo de opiniones. Hago referencia a la vertida por Daniel Markovits, profesor de Derecho en Yale y conocido por ser autor de The Meriticracy Trap en un artículo publicado en el New York Times “An effective, really robust relief package, unconstrained by cost, is in everyone’s interest. The Cares Act’s direct cash payments phase out once households make $150,000 per year and are eliminated for households that earn more than $198,000 per year, but the relief effort’s indirect effects extend more widely and reach the rich nonetheless. These programs protect everyone’s health by making social distancing financially possible for ordinary Americans. They save jobs, prevent bankruptcies and keep the economy afloat, which helps investors. The initial stock-market bump triggered by the Cares Act’s passage added more than $4 trillion to the value of equities in the United States, and the richest 10 percent of households, holding 84 percent of American-owned stocks, benefited from this bump to the tune of roughly $2 trillion.” El ejemplo de EEUU, más amplio en finalidad pero sin embargo puntual al menos por el momento, hace evidente que el ingreso mínimo vital sería una medida al alcance de todos los países con independencia de su ideología y que tengan por fin el ejecutar el rescate de sus ciudadanos vulnerables o lo más previsor, en posible futuro riesgo de vulnerabilidad, de forma directa. Bill Gates no muestra una posición tan tajante como en el caso anterior (sobre el sistema tributario) en lo que a la configuración de ingresos automáticos del estado a los ciudadanos se refiere. Distingue con mucha precisión los conceptos de renta única universal e ingreso mínimo vital. Respecto a la primera duda de su sentido y efectividad y señala la falta de preparación de su país en cuanto a medios así como los riesgos vinculados a la posibilidad de que la ciudadanía se desmotive profesionalmente y se acomode. Por el contrario habla de concentrar y depurar esas rentas y destinarlas solo a los más vulnerables. Sobre este punto tan clave os remito al artículo de Mark Stabile, profesor de economía en INSEAD “Universal Basic Income: Lessons From a Failed Experiment” que resume el resultado del programa público sobre renta básica universal desarrollado en la Provincia de Ontario en Canadá en 2016.

Sobre la pobreza, es repetido ya el énfasis que el matrimonio Gates hace en la necesidad de reconocernos como comunidad global. Como decía recientemente Tedros Adhanom Ghebbreyessus, Director General de la Organización Mundial de la Salud en una de sus ya habituales ruedas de prensa“without national unity and global solidarity… trust us: the worst is yet ahead of us”. La filantropía como “amor al género humano” (definición de la RAE) conduce al sentimiento de empatía y preocupación por los demás. Sin embargo, en un escenario como el actual, es más cierto que nunca que “si das medios, recibes salud”. Melinda Gates declaraba recientemente que la pobreza conduce a la enfermedad ya que no es posible guardar unos hábitos de salud adecuados si por ejemplo un entorno carece de agua corriente e higiene, y por eso, en la línea de las grandes organizaciones internacionales como el Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional o Banco Interamericano para el Desarrollo, considera fundamental destinar fondos y recursos de prevención a estas áreas con el fin de activar medidas de protección de los pobres y dependientes y evitar así que se conviertan en foco de contagios futuros. Las entidades financieras internacionales citadas también han incorporado a sus agendas alternativas de financiación de estos estados específicas para combatir la actual crisis.

Bill y Melinda, como líderes de opinión y posible referencia vital para muchos de los que ahora leen este artículo, dejan entre ver a través del enfoque de temas tan controvertidos como estos, su posición sobre cómo debe ser el mundo y como debemos actuar los que en él habitamos, que es ofreciendo lo mejor de nosotros: contribuyendo en la medida que se tenga/gane, desactivando medidas que acomoden a la sociedad, dando ayudas para la inserción real, y no perder de vista la responsabilidad con los desfavorecidos, y sitúan el sistema tributario como pilar y palanca para ese propósito. El fin de un discurso así es la dignificación de las personas en todas las partes del planeta y la clave para creerlo es observar coherencia en quien lo da. Y termino con un pequeño extracto con el que comienza la Carta que el Papa Francisco dirigió a los jóvenes economistas, emprendedores y emprendedoras de todo el mundo hace justo un año en Asís en el encuentro llamado “ECONOMY OF FRANCESCO”:

“Queridos amigos:

Os escribo para invitaros a una iniciativa que he deseado tanto: un evento que me permita encontrar a quienes hoy se están formando y están empezando a estudiar y practicar una economía diferente, la que hace vivir y no mata, que incluye y no excluye, que humaniza y no deshumaniza, que cuida la creación y no la depreda. Un evento que nos ayude a estar juntos y conocernos, que nos lleve a hacer un “pacto” para cambiar la economía actual y dar un alma a la economía del mañana.

Papa Francisco”

La opinión expresada en este post es exclusiva de su autor, y en modo alguno puede imputarse o atribuirse a ninguna persona o entidad de su entorno profesional.


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