17 de julio de 2019 | 02:56
LEGAL TODAY. POR Y PARA ABOGADOS
 

Herramientas para el texto

Blog Manual Interno de Gestión

5 de Marzo de 2015

Óscar Fernández León

Abogado. Experto en habilidades profesionales
@oscarleon_abog

Compañero, un consejo: ten cuidado que ese cliente tampoco pagará tu minuta

La semana pasada me encontré en la puerta de una sala de vistas a mi compañero Antonio, a quien no veía desde hacía años. En esto que charlando sobre los clientes (algo muy recurrente entre abogados) me ilustró con detalle sobre una experiencia que acaba de “padecer” con uno de ellos, lamentándose de lo ingenuo que había sido cuando no escuchó a otro letrado que ya le avisó sobre el riesgo que corría de no cobrar sus honorarios con ese cliente.


Al parecer, el cliente se presentó en su despacho hace cosa de un año, indicándole que deseaba que se hiciera cargo de sus asuntos, pues había concluido la relación con su anterior abogado, lo cual justificaba sobre la base de no sentirse adecuadamente defendido.

Una vez contactó con el anterior letrado a efectos de solicitarle la venia, repasaron los asuntos y las medidas urgentes a adoptar en alguno de los expedientes transferidos. El compañero saliente le dijo a nuestro abogado, con cierto despecho, que la razón de la terminación de la relación no había sido causada por su estilo de defensa, sino porque el cliente no pagaba desde hace meses sus honorarios y él, es decir, el propio abogado, había decidido dar por terminada la relación profesional. Y para concluir, le dijo literalmente lo siguiente: "Ten cuidado, que este cliente tampoco pagará tu minuta".

Antonio agradeció el consejo, pero en su fuero interno pensó: "Sí claro, lo que pasa es que has perdido al cliente y estás irritado. Ya me ocuparé yo de que me pague".

Lo cierto es que, tras unos meses de pago puntual de la iguala e incremento desproporcionado del numero de asuntos encargados, el cliente dejó de pagar la misma y pasaron hasta siete meses de audiencias previas, juicios, asistencia a declaraciones de imputados, testigos, redacción de contratos, estatutos sociales, etc... sin que Antonio viera un solo euro.

Al final, pasó lo que tenía que pasar y nuestro abogado, desesperado y harto de trabajar y no cobrar, y, lo que es peor, exponiendo su responsabilidad  profesional en un elevado número de procedimientos, decidió cortar con el cliente, muy amablemente, eso sí, pero dando por terminada la relación.

Lo curioso del asunto, es que al cabo de los tres días de anunciarle la terminación, el cliente se presentó a retirar sus asuntos acompañado de un nuevo abogado, al que Antonio cumplimentó concediéndole la venia. Al día siguiente, decidido a sacarse la espinita que tenía clavada (y continuar con la tradición iniciada por el primer letrado), Antonio contactó por teléfono con el nuevo abogado entrante, y le dijo: "No sé lo que te habrá contado el cliente para justificar el cambio de letrado, pero voy a darte un consejo: Ten cuidado, que este cliente tampoco pagará tu minuta".

Creo que a la vista del relato anterior poco hemos de añadir, salvo precisar que esta experiencia la hemos vivido muchos letrados, y a veces no escarmentamos, pues un cliente es un cliente, y siempre se piensa que quizás nuestro estilo personal y profesional va a hacer que aquél se sienta mejor y que va a estar encantado de pagarnos.

Nada más lejos de la realidad, pues cuando un cliente viene "rebotado" de otro despacho por cuestiones de honorarios,  es más que probable que vuelva a caer en la misma conducta. Desconozco la razón de tal proceder, pero lo cierto es que la experiencia nos informa que esto es lo habitual. Por ello, los abogados hemos de ser precavidos, y cuando recibamos a un "cliente peregrino", y tras sopesarlo decidamos aceptarlo, tendremos que adoptar desde el principio las medidas que nos permitan que el cliente tenga muy, pero que muy claro, que el pago de los honorarios va a ser determinante para la estabilidad de la relación.

Para ello, dispondremos de la inestimable ayuda de la hoja de encargo, en la que podremos establecer las estipulaciones que garanticen el pago puntual y las consecuencias del impago de los mismos, sin olvidar la importancia de ser asertivo y transmitir con claridad al cliente desde el principio la importancia que para nuestro despacho tienen nuestros honorarios.

Encuentra este y otros artículos del autor en su página web y conoce sus obras en la página e-autor.


Artículos relacionados


  • Comparte esta noticia en linkedin

Te recomendamos

  • El Abogado y los Honorarios Profesionales: Una visión práctica

    El Abogado y los Honorarios Profesionales: Una visión práctica

    La obra está dedicada al examen de los honorarios profesionales de los abogados desde una perspectiva práctica profesional. A lo largo de la obra se analizan la forma de fijación, contratación, cobro, gestión, rentabilidad, reclamación de los honorarios y otros aspectos vinculados como costas, justicia gratuita y pro bono.

Blog


Datos personales

UN MANUAL INTERNO DE GESTION CONVERTIDO EN BLOG. Verdaderamente ilusionados, Óscar Fernández León y Eduardo Olarte Soto, lanzamos este blog cuya finalidad es ...ver perfil

Archivo del blog

 
 

Hemos actualizado nuestra Política de Privacidad. Antes de continuar por favor lea nuestra nueva Declaración de Privacidad. Además utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y poder ofrecerle las mejores opciones mediante el análisis de la navegación. Si continúa navegando, consideramos que acepta su uso. Para más información pulse aquí.   Aceptar