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13 de Noviembre de 2014

Óscar Fernández León

Abogado. Experto en habilidades profesionales
@oscarleon_abog

El abogado y la adversidad, condenados a entenderse

Revés, infortunio, mala suerte, desgracia son algunos de los nombres con los que identificamos a la muy denostada adversidad, situación que puede definirse como un acontecimiento que afecta directa o indirectamente a nuestros intereses personales y que percibimos como un daño o un perjuicio. También, puede considerarse como la propia percepción negativa que tenemos sobre dicho acontecimiento.


Sobre la adversidad se ha escrito mucho, pero nadie ha podido encontrar la causa o razón de la misma salvo que, entrando en el campo de la psicología, viajemos al interior de la mente de cada individuo. Y ello es así, dado que la adversidad no es más que la forma en que cada individuo valora, conforme a sus condicionantes mentales, un hecho exterior, lo que significa que ante un acontecimiento relevante solo la mente humana establece la diferencia.

Desde una perspectiva general, la idea o principio fundamental del que hemos de partir a la hora de tratar con esta materia reside en que las causas que motivan la adversidad no pueden ser controladas por el ser humano. El curso de la vida, tanto el derivado de la naturaleza (fenómenos atmosféricos, terremotos, tempestades, etc.) como el producido por las relaciones sociales (accidentes, enfermedades, envejecimiento, etc.) están sometidos a sus propias leyes y no atienden nuestros deseos por muy razonables y justos que sean. Dichas leyes parten de la base de la existencia de múltiples condiciones que crean innumerables causas y efectos completamente incontrolables por el ser humano.

Ahora bien, si no podemos gobernar al azar, lo que sí hacemos es, primero, calificar a través de un proceso mental dicho acontecimiento como bueno o malo, es decir, el azar nos da la materia (los acontecimientos) y nosotros le damos la forma (suerte o desgracia) y, segundo, reaccionar anímicamente a dicha situación. Pero, insisto, la diferencia la establecemos nosotros.

Conociendo, como ya sabemos, que a lo largo de nuestro recorrido profesional se van a producir adversidades, y que éstas, inevitablemente, van a causarnos dificultades, nos preguntamos ¿hay algún remedio para que los abogados podamos gestionar mejor la adversidad?

La respuesta es afirmativa, puesto que existen remedios que lógicamente dependerán exclusivamente de cada persona, es decir, de la forma en la que la mente de cada individuo perciba y reaccione ante cada situación.

Dicho lo anterior, vamos a citar diversos principios que pueden ayudarnos a los abogados ante la adversidad.

1º.- En primer lugar tenemos que disponer de un conocimiento diáfano sobre las siguientes ideas generales, algunas ya esbozadas con anterioridad:

  • Debemos disponer de una comprensión más realista de nuestra profesión, reconociendo, por más que nos cueste, que nuestra profesión, al igual que la vida, tiene sus contradicciones, sus crisis y sus múltiples facetas entre las que se encuentran los acontecimientos favorables y desagradables; buenos y malos; catastróficos y benditos.
  • Hemos de aceptar que los asuntos que llevamos nunca estarán completamente bajo nuestro control y que todo es transitorio y por tanto cambiante. En definitiva, que nuestra actividad sigue su curso aunque nos resulte muy desfavorable.
  • Tenemos que reconocer que cuando se produce una situación desagradable en nuestra profesión, a veces, no podemos cambiarla, pero sí que podemos cambiar o regular nuestra actitud interior frente a dicha situación, es decir, podemos cambiar el enfoque que damos al acontecimiento exterior que motiva la adversidad.
  • Y quizás lo más importante es saber que para alcanzar el éxito hay que avanzar de forma gradual, alternando contratiempos y decepciones con los éxitos, como si subiéramos por una escalera que nos conduce al logro de nuestros objetivos ¿quién dijo que era fácil?

2º.- Con ese bagaje, podemos ya disponer de herramientas que nos permitan afrontar con fortaleza las situaciones desagradables con las que nos encontraremos.

  • Empecemos por la previsión. Considero muy importante el que nuestro ánimo se anticipe mentalmente a todo acontecimiento antes de experimentarlo, pensando en todo lo que nos puede suceder y sopesando abiertamente todas las posibilidades. De esta forma nos fortalecemos frente a aquellos acontecimientos que nos sobrevengan.

Esta es una idea fundamental, ya que a pesar de que todos emprendamos nuestros servicios con la máxima ilusión por obtener el mejor resultado para los intereses de los clientes, debemos ser conscientes y reflexionar sobre la idea de que las cosas se pueden torcer en cualquier momento. La habilidad del abogado contrario, la decisión del juez, cualquier error en el cómputo de plazos, o incluso una enfermedad repentina o un inoportuno pinchazo mientras nos desplazamos al Juzgado el día de la vista pueden trastocar completamente una situación previsiblemente positiva.

Por lo tanto, comencemos siempre nuestra tarea con una reflexión serena sobre la posibilidad de que se producirán dificultades en nuestro camino. Ello, como veremos a continuación, tendrá su recompensa. 

  • Otro remedio, consecuencia del anterior, es el ocuparse de las cosas, o lo que es lo mismo, desarrollar conductas de evitación de aquello que nos produzca o infunda temor, preocupación o que de una u otra forma pueda perjudicarnos.

Efectivamente, si somos conscientes de que pueden producirse situaciones negativas, hay que actuar y hacer todo lo posible para evitar que ocurran, bien para eliminarlas, bien para mitigarlas al máximo. En este apartado se incluye, como no, el estudio serio y competente sobre cualquier asunto que defendamos a fin de evitar que la habilidad del letrado adverso o la situación más favorable del litigio para el contrario puedan perjudicar nuestro desempeño. Pero también pueden aplicarse a situaciones accesorias en las que la previsión y la organización es fundamental (un pinchazo te puede dejar tirado en la cuneta el día de la vista, pero si sales con un margen importante de tiempo o si tienes el teléfono del Juzgado o del Procurador, puedes solventar la situación).

  • Una vez que se ha producido la situación adversa, hay que afrontarla, transformando la experiencia en aprendizaje para nuestro crecimiento profesional.

Ciertamente, esta es una habilidad que hay que desarrollar al máximo, pues en nuestra profesión nos ocupamos no de uno, sino de innumerables asuntos de distinta naturaleza que nos impedirán bajar la guardia por un tropiezo, por muy importante que sea. Para ello, la mejor recomendación es disponer de un sentido elevado de compromiso y responsabilidad con nuestra profesión, lo que equivale a ser en todo momento conscientes que desarrollamos nuestra actividad en un escenario complejo, en el que un fracaso puntual no puede arredrarnos, máxime cuando somos conscientes de que si mantenemos nuestro compromiso, los éxitos llegarán. En definitiva, comprometerse con la profesión es tomar las riendas de nuestro trabajo, convirtiéndonos en actores, y no meros espectadores de lo que ocurra.

Para concluir, podemos responder a la siguiente pregunta ¿qué conseguiremos si nos aplicamos en el ejercicio de dichas herramientas?

La respuesta está en que dispondremos de más fortaleza para acoger con moderación y gratitud los sucesos prósperos y con firmeza y valor los adversos: dispondremos de una seguridad y confianza que robustecerá nuestra actitud y nos ayudará a soportar la adversidad.

Y además, ganaremos en paciencia y serenidad.

Encuentra este y otros artículos del autor en su página web y conoce sus obras en la página e-autor


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