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1 de Marzo de 2018

Óscar Fernández León

Abogado. Experto en habilidades profesionales
@oscarleon_abog

El interrogatorio del perito adverso, el largo y tortuoso camino

El interrogatorio del perito propuesto de adverso constituye uno de los mayores retos a los que se enfrenta el abogado litigante. La razón es obvia, pues el perito, cuya función es aplicar a los hechos discutidos sus conocimientos específicos para proporcionar al juez determinadas conclusiones (que sin duda alguna se apartan completamente de las que mantiene nuestra parte), goza de una titulación especial o preparación específica de la que los abogados carecemos, y que constituirá un serio hándicap para la práctica del interrogatorio.


Por lo tanto, lo que hace sumamente arriesgado el interrogatorio del perito es que con su ciencia contribuye a respaldar la versión de la parte contraria y, por otro lado, la asimetría de conocimientos técnicos entre abogado y perito, dificultarán el interrogatorio, en el que, lógicamente, el perito defenderá su hipótesis de trabajo reflejada en su dictamen.

A la vista de estos factores, el abogado deberá adoptar una serie de pasos necesarios para tomar la decisión, nada irrelevante, de proceder a la realización del interrogatorio.

En primer lugar, tras un profundo examen del dictamen, habrá que decidir si sus conclusiones afectan de forma importante a la línea de flotación de nuestra defensa. Si es así, habremos de consultar con otro perito (generalmente el que hemos propuesto) para examinar las posibles inconsistencias, contradicciones, etc. del dictamen. De poder ser estas abordadas a través del interrogatorio y conseguir el objetivo de desacreditarlo (el dictamen), tendremos que elaborar, debidamente asesorados por nuestro perito, el correspondiente interrogatorio.

Y aquí es fundamental no solo obtener el criterio de nuestro perito, sino que tendremos que entenderlo y comprenderlo, pues una de las claves de salir airoso de este tipo de interrogatorio es conseguir que durante el interrogatorio el perito adverso perciba que dominamos la materia sobre la que interrogamos y que estamos capacitados para poner en tela de juicio sus conclusiones. De hecho, una técnica conocida de los peritos, es incrementar el tecnicismo de sus respuestas para así dificultar la fluidez del interrogatorio, por lo que saber centrarse en los aspectos técnicos claves es esencial.

En segundo lugar, es de suma importancia conocer las circunstancias personales y profesionales del perito. A través de las primeras trataremos de encontrar posibles elementos que puedan cuestionar su imparcialidad y, con ello su parcialidad; con ello nos referimos a posibles relaciones de amistad, dependencia, etc. que hagan cuestionar su declaración. En cuanto a las profesionales, es importante conocer su titulación, especialidad y experiencia en la materia, pues ello nos ayudará a conocer su competencia para el objeto de la pericia.

Por lo tanto, antes de plantearnos proceder a interrogar es clave realizar una reflexión sobre las opciones reales de alcanzar alguno de los objetivos relevantes considerando todas las circunstancias concurrentes: información de la que disponemos, credibilidad del sujeto, antecedentes, nuestras propias habilidades, experiencia y capacidades del sujeto, etc.; si fruto de dicha reflexión vemos posibilidades reales de conseguir algo, no lo dudemos, procedamos a interrogar; de lo contrario, es mejor plantarse y no interrogar, sean cuales sean las presiones externas que nos aconsejen interrogar (especialmente de nuestros clientes), pues no hemos de olvidar que a veces, la mejor pregunta es la que no se hace.

Teniendo en cuenta las anteriores consideraciones, a continuación vamos a señalar las áreas en las que podremos centrar nuestro interrogatorio.

    1ª.- Falta de experiencia del perito: Lógicamente, en estos casos lo que se pretende es minar la credibilidad y solvencia del perito ante el Juez, para lo cual habrá que investigar si es realmente experto (académicamente y por experiencia práctica) en estas materias. En todo caso, hay que estar muy seguros de lo que estamos preguntando, pues de desconocer la respuesta, mejor no hacerla.

    2º.- Cuestionar la metodología aplicada: Este extremo tendrá que ser corroborado por nuestro perito, y se limitará a supuestos en los que el perito de la otra parte haya empleado una metodología anticuada, sin soporte de la disciplina y normativa correspondiente o completamente errónea. De este modo, podremos cuestionar la validez de las conclusiones de la pericia.

    3º.- Deficiente planteamiento del problema que suscita la pericia: En estos casos, la pericial nace de un enfoque erróneo de la cuestión suscitada o deja sin resolver algunas de las cuestiones que sirvieron de base a su proposición. Nuevamente, será nuestro perito quien nos habrá orientado en tal aspecto.

    4º.- Conclusiones del dictamen erróneas: En este caso, el resultado de la pericia se interpreta por el perito alejándose de la conclusión técnicamente correcta, es decir, la pericia como tal se ha realizado siguiendo el método adecuado, pero la lectura de los resultados se aparta de las conclusiones que nuestro perito estima correctas. En estos casos, si se vislumbra cierta imparcialidad, hay que sacarla a la luz.

    5º.- En el supuesto de que observemos en el perito cierta parcialidad a través del lenguaje verbal y no verbal, y muy especialmente en el tono y contenido de las respuestas, es conveniente emplear técnicas que nos ayuden a resaltar ante el juez esa actitud, claramente alejada de su obligación como perito. De esta forma, cuestionando su imparcialidad, debilitamos el valor de la prueba.

En conclusión, a través del interrogatorio del perito, el abogado debe realizar una labor muy estructurada y precisa en la que la prueba pueda discurrir de forma fluida que nos permita extraer el máximo beneficio en ambos casos.

Encuentra este y otros artículos del autor en su página web.



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