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Blog Manual Interno de Gestión

25

de

Abril

Óscar Fernández León

Experto en habilidades profesionales del abogado
@oscarleon_abog

La improvisación

En el foro siempre se podrán producir situaciones que exijan del auditor que intervenga acuciado por las circunstancias del momento, sin tener preparada previamente su forma de actuación. La razón de esto es obvia: lo que puede acaecer en el desarrollo de las vistas no depende de nosotros, y existen múltiples factores que, debidamente conjugados, pueden derivar en situaciones no previstas. Estas situaciones son las que, incluso para el orador más experimentado, generan el estado de expectación y tensión previa al juicio, puesto que nunca sabemos a ciencia cierta que nos vamos a encontrar en una vista. De hecho, cuando tengo que asistir a una audiencia previa o a un juicio, a pesar de que trato de tener controlados todos los detalles y los posibles imprevistos, siempre me queda la preocupación de que algo puede fallar ante las decisiones del juez o cualquier demanda, petición o sugerencia de un tercero.


Sin embargo, tal y como está concebida la oratoria forense, considero que la improvisación debe tener escasa cabida durante nuestra intervención, ya que la preparación por parte del orador del asunto en el que va a intervenir y el conocimiento exacto de las reglas procesales, no deben dejar lugar a margen alguno para imprevistos, o mejor dicho, para reaccionar sin capacidad de respuesta ante un imprevisto. Por lo tanto la regla más importante a seguir no es otra que el estudio y la preparación exhaustiva del caso, no solo para alejar toda opción de fracaso ante un imprevisto, sino igualmente para saber responder con soltura y solvencia ante cualquier evento inesperado.

Sin embargo, qué duda cabe que, en ocasiones se producen situaciones en las que la necesidad de improvisar (en la mayoría de los casos con resultados fatales), se produce por causa del orador, ya que es éste el que de una u otra forma crea esa situación en la que tiene que improvisar. Nos referimos con ello a situaciones en las que el abogado pide a otro que le haga una vista encargándole el caso el día anterior, o el más que habitual proceder de dejar el estudio y preparación del asunto para el día previo a la vista. En estos supuestos, podremos presenciar situaciones en las que el orador deberá afrontar situaciones difíciles ya que carece de los conocimientos y, con ello, de la fluidez necesaria para responder a cualquier imprevisto (aclaraciones, contestar a refutaciones, responder a ofrecimientos de acuerdo, etc...) También podemos incluir entre estas situaciones el llevar el informe preparado de memoria o tratar de leerlo en su integridad, ya que en tales casos es más que probable perdamos el hilo del discurso o que el juez acabe por interrumpir el informe.

Consecuentemente, el orador debe ser consciente de que durante el desarrollo de la vista pueden producirse imprevistos, que deberá identificarlos a priori y preparar una respuesta adecuada a los mismos. Con el conocimiento sólido de la materia procesal y de fondo del asunto dispondrá de las herramientas adecuadas para salir airoso y con solvencia, momento éste en el que se demuestra la experiencia y valía del orador, quien ante cualquier circunstancia espontánea, sabrá cómo reaccionar con soltura, transmitiendo así una imagen de poderío y solidez que repercutirá favorablemente en el auditorio.

A continuación vamos a examinar algunos de los imprevistos que pueden producirse en sala y la posible respuesta del orador.

1ª.- La interrupción por el juez al letrado durante la exposición oral del informe para realizarle una advertencia (que abrevie la exposición, que le queda tanto tiempo, que se está saliendo de la cuestión, etc....)

2º.- Interrupción del adversario durante nuestra exposición.

3º.- Interrupción del adversario mientras interrogamos.

4º.- Apercibimiento de retirada de la palabra.

5º.- Durante nuestro informe el juez mantiene una conversación con algún oficial que acaba de acceder a sala para comunicarle algún extremo.

6º.- Interrupción del público o del testigo.

En definitiva, si bien podrán producirse situaciones imprevistas, no hemos de olvidar que, como afirma MAJADA, la intervención del orador en sala constituye una "improvisación preparada", en la que el orador conoce las líneas esenciales de su argumentación y durante su intervención va a exponer su alegato ya preparado anteriormente desarrollando dichos pensamientos. De este modo, con una preparación sólida del asunto, pocas sorpresas deberían producirse.


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