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Blog Manual Interno de Gestión

8 de Mayo de 2014

Óscar Fernández León

Abogado. Experto en habilidades profesionales
@oscarleon_abog

Sé agua amigo mío (lo que transmite el cuerpo del abogado)

La postura corporal transmite información sobre la intensidad de la emoción que está viviendo una persona, sobre su personalidad y carácter y, finalmente, sobre la actitud que está adoptando ante determinada situación. Dado su facilidad de visualización, la postura corporal es un elemento fácil de interpretar.


Por dicha razón, hay que ser muy cauteloso con los movimientos corporales, ya que éstos pueden reflejar fácilmente estados anímicos de nerviosismo, aburrimiento, etc.., por lo que es conveniente su estudio, conocimiento y concienciación de su importancia.

Diversos estudios han concluido en que las posturas corporales siguen diversos parámetros y pautas, entre las que destacaremos las siguientes[1]:

  • Las actitudes positivas hacia los demás tienden a ir acompañadas de una postura relajada inclinada hacia adelante, hacia la otra persona. Las actitudes negativas u hostiles van señaladas por una postura echada hacia atrás.
  • Una actitud relajada se caracterizará por posiciones asimétricas de piernas y brazos, manos distendidas y una inclinación del cuerpo hacia un lado y hacia atrás.
  • Los brazos cruzados pueden ser indicativos de una actitud distante hacia la otra persona. También indican renuncia y autoprotección.
  • Hablar con los hombros encogidos y con las palmas de las manos hacia fuera indica insuficiencia e impotencia.
  • Si se está sentado, inclinarse ligeramente hacia el otro le anima a hablar más. En cambio, al inclinarse hacia atrás se tiende a hablar menos, pues parece ser una muestra de desinterés.
  • Sentarse derecho, sin que la postura sea rígida, hace que los demás reaccionen mas positivamente, con mayor agrado y cordialidad, prolongando más el encuentro, que cuando se sienta repanchigado en la silla.
  • Una condición social alta o dominante se caracteriza por una postura erguida y con la cabeza alta. La humildad, la sumisión y la condición social baja suelen caracterizarse por inclinación de cabeza y postura cerrada, encorvada o caída.
  • Las conductas agresivas y de amenaza consisten normalmente en una exhibición progresivamente exagerada de conductas de alta condición social o dominio. La frente, y, a veces también la mandíbula, pueden sobresalir aún mucho más.

Con estos antecedentes, el abogado, cuando interviene en actos judiciales debe actuar en todo momento con seguridad y aplomo, por lo que todos los movimientos corporales que realice deberán estar presididos por dicha actitud.

Por ello, desde la entrada en la sala de vistas hasta su salida, pasando por toda su intervención en estrados, deberá saber manejar adecuadamente los patrones de los movimientos corporales más representativos de dichas conductas.

Tanto la entrada como la salida de la sala de vistas debe realizarse con el cuerpo recto, con la máxima naturalidad, y con un andar pausado, ni demasiado rápido ni lento, sabiendo donde pisamos. En ambas ocasiones se saludará a los miembros del tribunal, con corrección y seguridad, empleando un tono de voz que refleje nuestra seguridad y confianza.

A la hora de sentarse, el orador lo hará cuidadosamente, sin dejarse caer como si dijéramos «que cansado estoy» o cosas por el estilo. Colocados con cuidado y detalle nuestros utensilios, pasaremos a mantener una postura corporal derecha, algo inclinada hacia adelante, sin la rigidez que lleva a una afectación exagerada: que seamos nosotros los que dominemos al cuerpo y no el cuerpo a nosotros. La mejor evidencia de que la postura es correcta podremos observarla en que no nos encontramos tensos, sino relajados, lo que nos dará nuevamente confianza y seguridad.

Durante la exposición oral, hemos de manejar el cuerpo de modo que contribuya a obtener el interés y atención del auditorio. Para ello, la postura que deberá presidir la exposición será la leve inclinación hacia adelante, si bien se realizarán movimientos corporales (nunca repentinos o rápidos) que acompañen los giros de nuestro alegato. Durante la exposición del adversario, no debe el orador repanchigarse o echarse hacia atrás descaradamente tratando de transmitir desinterés, pues ello muestra una falta de respeto no bien vista por los jueces. No obstante, como ya hemos expuesto anteriormente, podrá el orador echarse hacia atrás en posición más relajada, siempre derecho, pues nuestra disposición es ahora más relajada y flexible. Si nos corresponde hablar con posterioridad, deberemos mantener una posición más derecha, en la que se combinará el echarse hacia atrás con la necesaria inclinación hacia adelante para la toma de notas.

Señalar que el conocimiento de los demás recursos del lenguaje no verbal nos ayudará a emplear el uso del cuerpo de la forma más apropiada para cada situación.

Y para concluir, acabamos como empezamos, pues os dejo esta magnífica frase de Bruce Lee que más de uno conoceréis por la publicidad televisiva, pero que de alguna forma incide en lo expuesto sobre la necesaria adaptación de nuestro cuerpo a los diversos significados que pretendemos transmitir:

Vacía tu mente, sé amorfo, moldeable, como el agua. Si pones agua en una taza se convierte en la taza. Si pones agua en una botella se convierte en la botella. Si la pones en una tetera se convierte en la tetera. El agua puede fluir o puede golpear.

Sé agua amigo mío.



[1] Juan Tomás Frutos, LAS HABILIDADES COMUNICATIVAS, UN ARMA AL ALCANCE DE TODOS

Este y otros post y artículos de Legal Today podrá encontrarlos en la página web del autor



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