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Blog Manual Interno de Gestión

29 de Mayo de 2014

Óscar Fernández León

Abogado. Experto en habilidades profesionales
@oscarleon_abog

Un día en la vida… de un abogado

La pasada semana, tras un encuentro con jóvenes abogados, un recién iniciado me comentaba, algo confuso, que en el despacho en el que hacia las prácticas no levantaba cabeza examinando expedientes y que, la verdad, no veía tan compleja la jornada del abogado…


¡Nada más lejos de la realidad!, le dije, pues, con independencia de que debía ser paciente y esperar el desarrollo de su plan formativo,  la actividad diaria de un abogado comprende multitud de tareas de distinta naturaleza que se engloban en distintas categorías (en el despacho-fuera del despacho; trabajo en soledad-interactuando con terceros; trabajo de estudio y redacción- negociación, consejo o actuación en sala; actividad comercial-actividad de gestión, etc...).

Teniendo esta conversación en mente, escribo este post con el fin de que mi querido amigo y otros jóvenes abogados se ilustren de lo extraordinariamente prolijo y variado de nuestras actividades, y así, cuenten con la mayor información posible desde el comienzo.

¿Cómo es la jornada de un abogado?

Esta cuestión, aparentemente sencilla, es ciertamente compleja de responder, pues no existe uniformidad en las tareas que realizan todos los abogados, sino que difieren debido a múltiples factores que van desde el tipo de actividad que suelen desarrollar (consejo legal, negociación o defensa en juicio) hasta la especialidad (penal, civil, laboral, etc...), sector de actividad (bancario, minero, etc...), tipo y dimensión del despacho, etc... Por esta razón, para explicar qué hacemos los abogados en el día a día, expondré a continuación algunas de las actividades que solemos realizar todos sin excepción, combinadas con aquellas otras que sólo desarrolla parte del colectivo, de modo que así tendremos un cuadro mucho más completo.

Lo primero que debe hacer un abogado al comenzar la jornada de trabajo es planificar. La planificación de las actividades diarias es un componente esencial de nuestro trabajo, ya que son tantas y diversas las actividades a realizar durante la jornada, sin olvidar los imprevistos, que una organización de las mismas con criterios de prioridad y asignación de tiempos es esencial. La planificación anticipada de las tareas a realizar a corto plazo es fundamental para disponer de un itinerario de actividades para el aprovechamiento del tiempo. En tal sentido, y centrados en el corto plazo, es conveniente emplear una lista de tareas en las que se recogen los trabajos a realizar durante la jornada. Esta lista nos permitirá apuntar todas las tareas que vamos a realizar durante la jornada, tachar las que vayamos haciendo y, en su caso, agregar las tareas que vayan generándose y aquellas que nos conviene recordar para listar en días siguientes. La única excepción a la tarea de planificación se produce cuando ésta se ha elaborado el día anterior al concluir la jornada.

El estudio es otra actividad obligada para todos los abogados que suele formar parte de nuestra jornada diaria, salvo que otras tareas nos impidan centrarnos en la misma. Como profesionales que somos, estamos obligados literalmente a actualizar nuestros conocimientos técnicos, conocimientos de las normas de derecho existente (derecho positivo, doctrina y jurisprudencia) y preparación y estudio eficaz del asunto encomendado, que incluye el análisis de los hechos, la aplicación adecuada del derecho y el empleo correcto de los procedimientos necesarios para la resolución del caso.

Todo abogado tiene que dedicar un tiempo importante de su jornada escribiendo. Efectivamente, la tarea de escribir es fundamental para el desarrollo de nuestra actividad, puesto que junto a la exposición oratoria que hacemos cuando actuamos en sala, la presentación de documentos escritos, tanto procesales como ajenos al proceso, constituye la forma principal de materialización de nuestro trabajo. Sin la escritura no podríamos redactar contratos, cartas, informes, dictámenes y todo tipo de escritos judiciales. Y cuando hablamos de escribir, nos referimos a escribir bien, en un excelente nivel sintáctico y semántico. Hemos de tener en cuenta que nuestros escritos van destinados a terceros pretendiendo lograr un efecto determinado en defensa de los intereses de nuestro cliente, por lo que cualquier escritura errónea, farragosa o confusa podrá dar al traste con nuestras pretensiones.

Un aspecto esencial de nuestra actividad diaria consiste en examinar la documentación entrante (que con el tiempo llega ser mucha) procedente tanto del correo ordinario y electrónico (clientes, otros abogados, etc...), como de los procuradores o del juzgado directamente. La importancia de esta actividad es absoluta, ya que los abogados estamos sometidos a la esclavitud de los plazos, de modo que diariamente hay que examinar la documentación entrante con el fin de conocer y anotar con precisión los señalamientos de actos judiciales y los plazos para la presentación de determinado escrito (una contestación a una demanda, un recurso, etc...).

Otra actividad muy habitual en nuestra jornada lo constituyen las reuniones de trabajo, las cuales constituyen un instrumento de gestión y organización necesario para el eficaz desenvolvimiento de nuestra actividad y para el mejor funcionamiento del despacho de abogados. Diariamente, los abogados nos reunimos con nuestros compañeros de despacho, con los clientes, con otros compañeros y profesionales, hasta el punto de que sería imposible el desarrollo de nuestra actividad sin las reuniones. Por lo tanto, tenemos que asumir que las reuniones son parte de nuestra actividad. Si bien las reuniones con los clientes han sido las más representativas en nuestro sector, lo cierto es que la mercantilización de los despachos ha supuesto la introducción, como una práctica absolutamente normal, de otros tipos de reunión, basadas en una gestión eficaz del despacho (reuniones de coordinación entre todos los miembros del despacho, equipos de trabajo, económicas-financieras, etc...) Por tanto, es muy conveniente que el abogado aprenda y domine las técnicas de gestión de reuniones, pues en la medida que lo consiga, podrá beneficiarse de los aspectos positivos que entrañan las mismas.

Concluir señalando que en las reuniones con los clientes y otros compañeros es precisamente donde se realizan las actividades propias de consejo legal  y negociación respectivamente.

Si el abogado trabaja en un despacho pequeño o mediano, es probable que tenga algún tipo de participación en la titularidad del mismo, por lo que su jornada de trabajo se verá afectada ineludiblemente por la realización de la actividad de gestión, tarea que busca la mejorar la eficiencia, productividad y por ende la competitividad del despacho, considerado éste como empresa o negocio. Para ello, el abogado tendrá que emplear las herramientas y técnicas de la planificación (fijación de la estrategia de la empresa) , organización (asignación de recursos para cumplir los objetivos) , liderazgo (estimulación de los componentes del despacho para el logro de los objetivos) dirección y control de los recursos (humanos, financieros, materiales, tecnológicos, del conocimiento, etc, con el fin de obtener el máximo beneficio posible), asegurando con ello la viabilidad de la empresa en el largo plazo.

Entre las actividades a realizar en el exterior, es decir, que suponen una salida del despacho tenemos que incluir la visita a la Notaría (bien para consultar alguna cuestión al Notario u al Oficial o para acompañar a nuestro cliente en el otorgamiento de algún documento público) al Registro de la Propiedad o Mercantil (para consultar algún tema al registrador, presentar algún documento a inscripción) o a los Juzgados (realización de cualquier consulta al juez o al secretario o en el examen de algunos documentos judiciales de los que solo podemos disponer mediante examen directo). Con independencia de estas visitas, que son las más características de los abogados, las visitas pueden extenderse a órganos de la Administración, asociaciones y todo tipo de entidades a las que nos tengamos que dirigir con el fin de avanzar en la resolución de los asuntos encomendados. Para concluir, es habitual que realicemos visitas a los clientes.

El abogado debe disponer de las habilidades que lo conviertan en un verdadero comercial de sus servicios profesionales, entendiéndose por comercialidad la capacidad de atraer y captar nuevos clientes y fidelizar los existentes. Pues bien, esta competencia también tiene su repercusión en la jornada diaria del abogado, ya que durante la misma tendrá que desarrollar la actividad conocida como «liderazgo itinerante», «mantenerse en contacto» o «salir de la torre de marfil», consistente en el proceso de dejar el encierro del despacho e interactuar o relacionarse con los clientes y clientes potenciales que también podríamos denominar «abogacía itinerante», ya que si conseguimos una buena comunicación al relacionarnos, podremos establecer excelentes lazos, de tal modo que incrementaremos nuestra influencia sobre nuestros clientes. Por lo tanto, de esta forma, no sólo los fidelizaremos, sino que el contacto informal puede llevarnos a la consecución de nuevos clientes y encargos profesionales.

Finalmente, last but not least, el abogado dedicará gran parte de su jornada a la actuación en sala, actividad que se corresponde con su intervención en audiencias previas, juicios o vistas orales de toda naturaleza, asistencia a clientes en el marco de diligencias penales y cualquier otra actividad que requiera la presencia del abogado. La actividad más característica y representativa del abogado es precisamente la dirección y defensa del cliente ante los juzgados, función ésta que se realiza en el marco de un litigio o controversia judicial, en la que un tercero, el juez, resolverá la controversia judicial a través de una decisión fundada en derecho. La función del abogado en estos litigios es esencial, ya que se encargará de defender los intereses de su cliente presentando el caso ante el juez, valorando los hechos y defendiéndolos ante las valoraciones del contrario; razonando con referencia a los precedentes y construyendo y dando razones en apoyo de de sus acusaciones y defensas o alegaciones ante el juez actuación que se realizará aprovechando de una forma eficiente las posibilidades y derechos que le otorga el sistema legal al cliente, y asegurándose que se cumplen los mecanismos legales y se respetan dichos derechos.

Como habréis podido comprobar a través de las diversas tareas que realizamos, nuestra actividad profesional es ciertamente compleja, exigente y apasionante, ya que comprende una variedad de actividades que no se producen prácticamente en ninguna otra profesión.

En definitiva, que como abogado no os vais a aburrir...

Este y otros post y artículos de Legal Today podrá encontrarlos en la página web del autor



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