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13 de Octubre de 2014

Javier Vilches

Socio fundador de Avezalia, firma especializada en el asesoramiento jurídico integral TIC

Apps y el M-Commerce

Al hilo del anterior post, y siguiendo lo explicado al final del mismo, desarrollaremos ahora las implicaciones legales de las aplicaciones móviles (“apps”), precursoras directas del M-Commerce.


Las apps son auténticas obras de ingeniería dignas de protección, que lógicamente necesitan contar con los preceptivos permisos de sus legítimos autores. Pero son tantas las desarrolladas a la vez, que en muchos de los casos es de muy difícil prueba quién lo realizó primero, y si hubo o no plagio. Y como ejemplo, en una misma ciudad, Sevilla, chocaron dos desarrolladores con la misma idea. La cuestión terminó en los juzgados, donde aún perdura, y posiblemente cuando se resuelva habrá otra app mejor posicionada en el mercado.

Hay aplicaciones que solicitan tantos permisos que llegan a asustar, accediendo a todos nuestros datos, incluso a nuestros contactos. En ocasiones es dudosa la forma de recabar los datos personales, pues en algunos casos es desorbitado lo solicitado para la finalidad perseguida.

Ha surgido una gran industria alrededor de las apps, industria que se ha tornado voraz y, en la gran mayoría de los casos, ajeno a la legalidad vigente tanto en materia de protección de datos como de comercio electrónico.

Apps hay de todo tipo, pero parece que las que más gustan a los usuarios son las de juegos. Éstas, gratuitas en su mayoría, tienen como moneda de cambio los datos personales, el oro del siglo XXI. Desde que la app es creada hasta que llega al usuario final, pasa a través de distintos pasos que implican a su vez relaciones jurídicas diferentes. Así, tenemos a la compañía que ha fabricado el dispositivo y su sistema operativo (los dos líderes mundiales son Android e iOS), las tiendas donde te descargas o compras la app (también dos grandes, AppStore y Play Store). Y las compañías que se publicitan en la gran mayoría de las apps (entramos en los servicios de la sociedad de la información). Vamos, que no estamos solo con nuestro teléfono cuando le damos al clic de aceptar.

Cuando nos bajamos la aplicación de turno, al estar logados con nuestra cuenta de correos, ese es el primer dato recabado. Si encima es de pago, en el caso de no facturar directamente con el operador, debemos dar nuestro número de tarjeta de crédito o débito. O el método más seguro de PayPal, aunque no en todos los países es aceptado (afortunadamente en España sí). Además, conocerán todos nuestros gustos ya que, por regla general, tienen acceso a nuestra navegación, no solo los pasos que hemos dado para llegar a su página web sino también los que damos después de abandonar su web, por dónde continuas navegando. Pero lo que realmente inquieta es que nos tengan geolocalizados. ¿Es necesario? Entiendo que la recogida de información debe limitarse a la mínima necesaria, y debemos tener la posibilidad de configurar siempre nuestra privacidad.

Lo peor de todo esto es que damos el consentimiento de forma muy altruista, sin leer las condiciones legales, renunciando a nuestra intimidad. Creo que somos ya bastante conscientes de lo que la protección de datos significa en el mundo real, pero lo soslayamos si de Internet hablamos. Así, muchas veces hemos desinstalado una app de nuestro móvil, sin comprobar que nos damos de baja en quien nos proveyó de la misma, quien a buen seguro seguirá usando nuestros datos o los venderá o cederá a empresas del grupo, como auténtica mercancía. 

El mayor de los problemas que presenta el mundo app es los menores. Raro es no ver a un niño menor de 14 años con un Smartphone (posiblemente tenga uno mejor que el nuestro). Recordemos que éstos necesitan el consentimiento de los padres o tutores. ¿Realmente se recoge?

Pero lo que menos me gusta es cuando te piden el permiso para acceder a los contactos de tu agenda. No está bien que vendas tus datos gratuitamente, pero bueno, allá tú. Ahora bien, que vendas a tus contactos, familiares y amigos, eso está feo, muy feo. ¿Quién no está cansado de tantas invitaciones a juegos que tienen enganchados a todos tus amigos?

Y en cuanto al M-Commerce, algunos de los inconvenientes con los que se encuentra es la falta de seguridad y el ancho de banda limitado (muy a pesar del 4G), lo que dificulta las transacciones fuera de la red wi-fi. Las apps que más han evolucionado en esto son las de las entidades financieras, algunas realmente funcionales, si bien hasta no hace poco eran totalmente inoperativas, limitándose a los movimientos de las cuentas bancarias. Pero las posibilidades del M-Commerce son ilimitadas, augurando un gran futuro por aquellas que se decanten por los micropagos. Aunque creo haber visto ya algo por parte de Facebook...



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