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19 de Junio de 2014

Javier Vilches

Socio fundador de Avezalia, firma especializada en el asesoramiento jurídico integral TIC

El futuro de la Nube, el futuro del Planeta

Año 2050. La Tierra es un planeta plenamente tecnificado. Sigue compuesto de naciones, pero es gobernada por una macro-empresa que nació siendo un buscador de contenido de Internet, y que hoy en día lo es todo. Para algunos sigue siendo un santo, para otros un déspota que maneja tus datos a su antojo. El gran paso para hacerse con el mundo fue dar servicio de Internet a todos, en cualquier rincón del planeta. Hizo que desapareciera el papel, ayudado por movimientos ecologistas. Y ahora todo es electrónico.


Todas las personas del mundo y todas las empresas confían en dicha empresa para guardar sus documentos y sus recuerdos. De hecho tiene en su poder casi toda la documentación que se maneja en este mundo. Y tiene atrapados los recuerdos de la humanidad. Está a punto de hacerse con la historia para manejarla como mejor le convenga.

La dependencia humana de esta macro-empresa es absoluta. Muchos rezan para que no desaparezca, pues supondría la ruina para algunos y el caos para la mayoría. No hay ejército que pueda combatir contra ella, por eso es dueña y señora de la Tierra. Su poder reside en la información, que está segura en lo que se vino a denominar a principios de este siglo como Cloud Computing o Nube.

La nube era muy atractiva, pues ofrecía acceso desde cualquier sitio y desde cualquier PC. Solo era necesario tener conexión a Internet, y la macro-empresa se encargó de ofrecerlo (la conexión) a todo el mundo, a través, en un principio, de unos drones. La información se guardaba en unos servidores, que con el tiempo se hicieron ilimitables en capacidad de almacenamiento, lo que resultaba muy atractivo puesto que el gran problema que se encontraban no solo empresas sino todos los usuarios, era la incalculable cantidad de información que manejaban, encontrándose con falta de espacio para la gestión de la misma. Este era el punto fuerte de la nube, la elasticidad o capacidad de aumentar o reducir el almacenamiento en un tiempo corto, sin mantenimiento ni coste más allá de la propia capacidad contratada, ya fuera oneroso o gratuito.

Pero la nube también era una suerte de comuna en la que los usuarios compartían software, con el consiguiente ahorro que ello suponía. Además, los ordenares de mesa dieron paso a los portátiles, desapareciendo aquellos excepto para nostálgicos o profesionales frikis. Los portátiles, por su parte, cada vez tenían menos potencia, ya que no la necesitaban al ofrecérselo la nube sin costes extras. Y eso hizo que se impusieran las tablets, y como no, los smartphones. Es curioso ver como hoy todas las funcionalidades que daban dichos instrumentos se encuentran en mis gafas con holograma y detector de pensamientos.

Pero todas estas ventajas se vieron en entredicho en la gran crisis del 2029. Los servidores de las empresas que se dedicaban a dar servicio de Cloud Computing fueron atacados por supuestos hackers terroristas informáticos. De nada sirvió los esfuerzos de los Estados por solventar las lagunas legales y de jurisdicción que planteaban dichas empresas. De nada sirvió la obligatoria política de copias de seguridad y recuperación para casos de desastres. De nada sirvió los avisos habidos con anterioridad, como la caída de Amazon en el año 2011, al poco de iniciarse el movimiento Nube.

La gran crisis se superó con mucho esfuerzo una década después, alzándose al poder la única empresa que, sospechosamente, no había sido atacada. La privacidad había quedado en entredicho, pero dado el punto alcanzado, de no retorno, y que era peor el remedio que la enfermedad, ya que la dependencia era absoluta, al no existir dispositivos para poder almacenar la información que, tanto usuarios como empresas, necesitaban, y el comercio y las relaciones humanas estaba basado en Internet, piedra angular del mundo ahora conocido, todos tuvieron que ceder ante la nueva realidad, y seguir con el modelo de Estado-Planeta impuesto por la macro-empresa que manejaba la información de todo el mundo, tal como Orwell vaticinó en su novela "1984".

Nadie podía toserle, se había convertido en el Gran Hermano.


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