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Blog ECIJA 2.0

5

de

Noviembre

Jon Andión

abogado de Media y Propiedad Intelectual de ECIJA

Incentivos fiscales en un modelo abierto para la industria audiovisual

La industria cinematográfica de este país (sí, pequeña sin duda, pero industria, no obstante), se encuentra en un momento delicado. Esto no es ninguna novedad, muy pocas películas consiguen hoy en día suficientes ingresos como para recuperar los costes de producción, distribución y promoción.


A la crisis del sector, habrá que añadir la económica global en la que está sumido el país y el resto de sus pares europeos. Si caen los presupuestos del Estado, caen las partidas de éstos destinadas a las ayudas al cine, y con ellas caen los recursos del productor para levantar un proyecto cinematográfico. La situación del consumo de cine en salas, afectadísimo por las subidas del IVA y la eterna piratería, recrudece la situación de los exhibidores, y así la de los distribuidores como proveedores de películas a éstos, llegando hasta los propios productores que ven como su proyecto pasa invisible por las salas, o sale directo a DVD (cuyas ventas se tambalean a cuestionarlo como negocio independiente, azotado también por la piratería).

Dicho esto, conviene saber que siempre hay opciones para sanear la industria cinematográfica y audiovisual general de este país. Caen los recursos financieros del productor al disminuir las ayudas y subvenciones públicas y su cuantía, pero los recursos no desaparecen del todo. Desde dentro de la industria, somos muchos los que pensamos que existen medios de financiación alternativos, entre ellos los incentivos fiscales para la inversión en obras audiovisuales (cine y tele). Actualmente estos incentivos, que no son más que una ayuda indirecta del Estado, motivando la financiación privada por encima de la pública, se traducen en un descuento sobre una deducción del 18% en la cuota del Impuesto de Sociedades del productor audiovisual. Para el cálculo de esta deducción se debe tomar de base el coste de la producción asumido por el productor. Ahora bien, ¿es suficiente un 18% como incentivo fiscal para la inversión privada en productos cuyo retorno sobre la inversión suele llevar el concepto riesgo entroncado en todas sus posibilidades? Incluso, nótese que dicho incentivo sólo será válido para el productor audiovisual, lo cual implica que dicho modelo es un modelo cerrado para fomentar la financiación audiovisual dentro del círculo cerrado del audiovisual. Esto es a la vez un problema y un error, en opinión del que escribe.

Recientemente, el ICAA ha planteado una enmienda al proyecto de ley de fiscalización medioambiental y otras medidas fiscales, que actualmente se tramita en el Senado. En dicha enmienda, se propone aumentar el incentivo fiscal actual, del 18% a un 25%. En otros países europeos, este porcentaje es notablemente mayor al español, como por ejemplo, el francés, con incentivos de hasta el 40%. En la misma enmienda, se recoge otra cuestión fundamental, la posibilidad de aplicar el incentivo fiscal del 25% propuesto, no sólo a productores audiovisuales, sino también a inversores ajenos al cine. Esta posibilidad abriría las puertas de la financiación del cine a todo tipo de inversores, lo cual ayudaría notablemente a fomentar el tráfico de inversión en productos audiovisuales. A mayores facilidades a una inversión incentivada y abierta, mayor el espectro potencial de fuentes de financiación y mayores las posibilidades del productor de plantear proyectos cinematográficos y/o audiovisuales competentes tanto artística como comercialmente.

Una cuestión controvertida en relación con los incentivos fiscales a la inversión en productos audiovisuales es el hecho que éstos solamente son aplicables a productos nacionales, esto es, con nacionalidad española conforme a lo establecido en la Ley del Cine, el Real Decreto 2062/2008 que la desarrolla o en los Convenios Bilaterales referentes a las Relaciones Cinematográficas entre España y terceros países. En todo caso será el ICAA u órgano correspondiente de la comunidad autónoma competente al efecto, quien emita el certificado de nacionalidad de cada obra audiovisual, acreditación única y fundamental de su nacionalidad a efectos de acceder a incentivos, ayudas y subvenciones. En determinados casos, dichos requisitos conllevan, entre otros, que el 75% del elenco artístico, técnico y autoral (e irremediablemente el director) sean de nacionalidad española o comunitaria. En un país, sin ningún tipo de incentivos (fiscales u otros) exclusivos a la pura labor operativa de producción de obras audiovisuales, estos requisitos de la nacionalidad de la obra, producen un efecto más bien desincentivador sobre el productor extranjero, a la vez que frenan las capacidades de desarrollo de la propia industria audiovisual.

Así, hoy se limita en exceso la posibilidad de empresas productoras extranjeras de venir a rodar a nuestro país, a cambio de algún incentivo fiscal, esta vez, únicamente ligado a la producción pura de la obra, que tiene otra nacionalidad y se explotará en otro país. En todo caso, el desarrollo de una industria pasa por mantener sus puertas abiertas para fomentar su crecimiento, en todas sus direcciones. No es de olvidar que esta pequeña industria cinematográfica española, ha sido posible gracias a las compañías estadounidenses que venían a rodar a España, atraídos por la mano de obra barata y las facilidades a la producción. Parece que hoy nos hemos alejado del modelo que nos permitió aprender el oficio en origen. Alejarse en este aspecto, dirían algunos, podría ser consecuencia ineludible en el desarrollo de una industria más sofisticada, si bien resulta innegable que descartar por completo dicho modelo, podría hacer más bien que mal a estas alturas.

Los incentivos fiscales a la producción en concreto, así como otro tipo de facilidades para empresas productoras es un recurso actual que emplean muchos estados de Estados Unidos y de la Unión Europea, para atraer a productoras interesadas en rodar en determinados lugares, premiando incluso dichos lugares por sus incentivos al productor, que por sus localizaciones más genuinas. Y aprovechando la mención de las localizaciones, este país nuestro no está tampoco falto de Comunidades Autónomas con un enorme potencial para el rodaje de localizaciones verdaderamente excepcionales. Asimismo, y aprovechando que aún se discute en Bruselas la Comunicación Cine, que vendrá a concretar el marco de todas las ayudas, incluidos los incentivos que se puedan aplicar a la industria audiovisual a nivel europeo, parece éste ser buen momento para plantear estas posibilidades y opciones, tanto a nivel nacional como comunitario, a efectos de implantar políticas que vengan a sanear, fomentar y por qué no, perfeccionar la industria audiovisual española, de enorme calidad indiscutible.


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