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Blog Psicología para abogados

24

de

Octubre

Santiago Sinópoli

abogado y consultor psicológico

¿En la profesión, soy “capitán “ de mi psiquis?

De nuevo con ustedes y una vez más desplegando en lo que entiendo como una “ mesa de trabajo “ con colegas.


Siempre en forma coloquial, abierta y espontánea, el tema de la independencia de criterio profesional, del encuadre, de la libertad - sobre todo intelectual - que se debería tener para ejercer la abogacía, libertad de las "ataduras ¨ negativas que vienen de nuestro propio ser, al que nunca llegamos a conocer. " Ligazones " que producidas desde una " industria cultural " de los exitoso, lo rápido - todo es y debe ser " flash "- y lo precario, nos hacen abdicar de principios de la ética profesional. Por eso el título: " ¿En la profesión, soy capitán de mi psiquis ?. Esta pregunta encuentra su linaje en el hermoso poema: " Invictus " de William Ernest Henley, que fue el rezo laico de Nelson Mandela, que lo mantuvo psíquicamente equilibrado, soportando  27 años de injusta cárcel, y que luego lo encarno en un Jefe de Estado que se puso por encima de su odio y el de los Otros, para unificar a Sudáfrica después de décadas de segregación racial. El poema termina diciendo:

"No importa cuán estrecho sea el camino, cuán cargada de castigo la sentencia.Soy el amo de mi destino; soy el capitán de mi alma ".

Partiendo que lo psicológico, lo psíquico, deriva de " Psyche ", que era la figura mitológica griega, y al mismo tiempo ánimo, y  que según Platón, la psique es la vida interna, mental del ser humano, es decir sinónimo de alma; y a su vez teniendo en cuenta que la palabra capitán, jefe o capataz, tiene una larga evolución lingüística que encuentra como origen un solo término del latín: caput ( cabeza ), es que " armo " con las palabras finales de " Invictus ¨ el  interrogante que va como título del presente, que podría tener otras variantes tales como: ¿Soy jefe de mi " alma " profesional ?, ¿ Soy cabeza de mis decisiones como abogado ?.

Yo abogado, usted abogada: ¿" Controlamos la profesionalidad de nuestros actos ", logramos vencer el camino estrecho que a veces - muchas veces - nos presenta la abogacía ?. ¿ Mantenemos el " alma de la abogacía invicta ?

Sin duda nuestra primera respuesta, la siempre respondemos en forma ¨ automática ",es: que si, que mantenemos invicta nuestra personalidad profesional, que la ética de la abogacía nos impregna de ¨punta a punta ¨, que nunca nos bajamos del " deber ser "de nuestra actividad, que en todo momento hacemos gala de la abogacía como " profesión liberal ¨, que significa libre del yugo del esfuerzo físico, de lo cual resultaría que nuestro trabajo es " intelectual " y no esta sometido a la ¨esclavitud " a que se ve expuesta el trabajo del cuerpo. A nuestra " libre mente profesional ", nada la encadena o maneja.

Es comprensible que respondamos así. Es humano psicológicamente hablando.  Negar el  haber perdido el ¨ invicto profesional ", alguna vez o varias veces es natural, y hasta  lo hacemos de manera inconciente. Esto queda claro sobre todo a partir de Ana Freud, que nos enseña que toda persona activa, los llamados mecanismos de defensa de la psiquis, como una manera de evitar el sufrimiento. Dentro de estos psicodinamismos, tenemos el del la negación, que consiste en: negar aspectos de la propia realidad (internos o externos) que pueden ser perturbadores para el Yo.

Pero que la negación sea inconciente como mecanismo de defensa psíquico, no significa que nos enrolemos en un estado de " inimputabilidad " en cuanto a todos los invictos que perdamos en nuestro ejercicio profesional. Estamos obligados a una toma permanente  de " conciencia profesional ", si es necesario en el marco de una relación de ayuda, para seguir siendo capitán de nuestra psiquis. Dejar la jefatura en " otras manos ", que pueden ser nuestros propios deseos (lo único que me propongo con la abogacía es asegurar mi subsistencia ) o los deseos del Otro ( el cliente cuando " dirige" mi labor,  por ejemplo ), de tal forma que nos des- subjetivizamos, nos des-sujetamos del la ciencia jurídica y de la ética de la abogacía y  nos des - profesionalizamos, no solo implica que cada día seamos menos abogados y sino que además nos situamos en  un andarivel de la la profesión del cual loa abogados creemos estar exentos - quizá porque sentimos que por conocer las leyes, estamos inmunizados - el de la mala praxis profesional. 

¿Y que puedo hacer para que mi alma profesional pueda "  mantenerse invicta ", para que, como dice el poema que ya cito: " Desde la noche que sobre mí se cierne, negra como su insondable abismo,agradezco a los dioses, si existen, por mi alma invicta " ?

¿Hay caminos " humanamente factibles "?. Por empezar no dejemos de " encomendarnos a los dioses ". Pero intentando ya, responder en serio, entiendo que no debemos dejar de hacer esfuerzos en el sentido de " profesionalizarnos " en todo momento, no abarcando solo la " capacitación legal continua " sino atender a los aspectos éticos del ejercicio de la abogacía, y " trabajar " el contenido humano de la profesión en cuanto es motorizada por " sujetos de deseo ¨. Conocerse y conocer al Otro en su faz psicológica es esencial para poder mantenerse ¨invicto ¨.

Dentro de este marco vuelvo a insistir en dos herramientas que los psicólogos ( tiene  mucha importancia sobre todo en el psicoanálisis ) emplean como pilares de su actividad humano- profesional. El de la supervisión y el encuadre.

La supervisión, se da en el  psicoanálisis - y en otras corrientes de la psicología - cuando un Analista ( surpevisor ) realiza lo que se denomina  el análisis de control. Debe acotarse que  la supervisión es una  práctica  que se efectúa no de modo aislado, sino como un trabajo sostenido que hace a la propia preparación profesional. Quién va a supervisión, pone a disposición del profesional supervisante, su caso profesional, explicando como lo lleva, que siente, cuales son sus miedos, como piensa seguir trabajando. El supervisor, lejos de censurar, da su opinión de como se esta llevando el caso bajo análisis, ayudando al supervisado a advertir posibles salidas del encuadre profesional o amenaza a éste. Debe quedar en claro que el supervisor no asume el caso ni lo convierte en una actividad conjunta con el supervisado. Es como un observador neutral del caso, pero con ciertas facultades de sugerencia para que el supervisado pueda  desempeñar su rol profesional dentro del cauce científico y ético pertinente.

Sería muy positivo que los abogados trabajemos sobre todo los casos que se nos presentan " humanamente "  difíciles con algún colega experimentado de supervisor. Esto sería análogo a lo que hacen el campo de la psicología. Sobre todo que haya un profesional que nos ayude a trabajar no lo ¨ puramente jurídico "  ( por ejemplo, si estoy usando bien las vías recursivas ), sino aquellos que hace más al vínculo entre profesional - cliente y que por circunstancias " humanas " de uno u otro, hace que la relación se " descarrile ". Se que lo que propongo de la figura del abogado supervisor resulta como extraño a nuestra practica, pero ante nuevos desafíos hay que buscar nuevas herramientas.

Quienes brindamos servicios profesionales debemos poseer los suficientes conocimientos que posibiliten ocupar con holgura el lugar del saber y su puesta en marcha. Esto debería conllevar la humildad y  la resignación de fuertes fantasías de omnipotencia, que nos permita aceptar que otro colega pueda resolver lo que a una abogada o abogado se le  puede escapar. Supone una conducta de integridad ética y se evitan de tal modo perjuicios a los clientes  o asesorados.

Del encuadre ya me extendí y a ello me remito en honor a la brevedad - Ver en el Blog: " La comercialización de la abogacía y el encuadre profesional " , 31 mayo 2013-. Si puedo recordarles que el encuadre es saber mantener el rol profesional. La abogada o abogado no es amigo del cliente, no es su par, no es su pareja, no es su empleado en cuanto al manejo de la ciencia jurídica y la ética profesional. Vuelvo a decir y lo subrayo que las relaciones profesionales que comienzan y se desarrollan sobre el trasfondo de una confusión de lugares, concluyen desvirtuando finalmente los objetivos que se proponen. Por eso es tan importante sostener el encuadre o dispositivo profesional, dado que éste garantiza la posibilidad de la transparencia del vínculo. El camino en contrario significa el sendero a la des-subjetivización profesional. Así, Yo abogado, usted abogado,vamos en camino de  no ser CAPITAN DE NUESTRA PSIQUIS.

Hasta la próxima colegas.


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Santiago M. Sinopoli, Abogado, Graduado en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales del Rosario, dependiente de la Pontificia Universidad Católica Argentina ......[ver perfil]

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