Blog Psicología para abogados

21

de

Diciembre

Santiago Sinópoli

abogado y consultor psicológico

¿Se lleva el abogado los problemas a casa?

Esto es algo que me preguntan y también me lo he preguntado en relación a nuestra profesión. Más todavía si la respuesta es: ¡Sí!; suele aparecer un interrogante adicional: ¿me debería llevar los problemas de la profesión a casa?


El tema no es de fácil solución, aunque a primera vista parecería que el ejercicio de la abogacía tiene su ¨jurisdicción ¨extra muros de la casa o domicilio particular y por ende dentro de ésta uno vive ¨sin toga¨ dedicada a otras ¨profesiones¨ como ser pareja, padre, anfitrión de amigos y porque no cocinero.  (Agregue a lo expuesto usted lector o lectora, los roles que usted tiene en su casa y no se ruborice que nadie se va a enterar) Así los problemas que son consecuencia de la actividad profesional quedarían fuera del domicilio particular ; quedarían apilados en el despacho hasta que sean tomados y asumidos en la nueva jornada laboral, por el abogado que es ¨dueños¨  de sus problemas profesionales. Esto es coherente con lo que en psicología se llama ¨disociación operativa¨. Es como si uno partiera su personalidad, para que una sector de ella se dedique a lo estrictamente profesional (con sus problemas) y la otra parte de se preserve de todo lo que lo pueda ¨contaminar¨ el asunto traído por el cliente con las emociones que se ponen en juego. El ¨mundo profesional¨ no debe comprender todos los ámbitos de mi ser.  Cuando a uno le  aconsejan en la facultad o colegas con algo más de experiencia que no se involucre  más de lo necesario en el caso, que no se deje ¨arrastrar¨emotivamente por  éste,  que la relación abogado-cliente debe ser abordada desde una dimensión técnica solamente, le están diciendo que no actúe como una ¨totalidad¨, sino disociado. Que el o los problemas profesionales no se adueñen de su vida. Así usted abogada o abogado amigo, no cargaría los problemas de Otro en su mochila y por lo tanto no los llevaría a casa.

Claro está que esta disociación  no se encuadra en un nivel de anormalidad. La disociación en términos psicopatológicos significa algo más complejo y profundo es: ¨la segregación de un grupo de procesos mentales, separados de la conciencia, pero que funcionan como un todo único, como si pertenecieran a otra persona. Esto, cuando es altamente elaborado puede conducir a una doble personalidad, pero sólo si los complejos disociados desplazan la conciencia normal, deviniendo ellos mismos conscientes¨ (Diccionario de Psicología, Tomo I; Dr. L. C. Béla Székely). Esto de da por ejemplo en las personalidades esquizofrénicas (que viene de griego sizein y significa partir, desdoblar) que es la enfermedad del desdoblamiento, la descomposición de la personalidad.

Pero hecha esta aclaración entre disociación normal y anormal, es menester decir que hay un tipo de personalidad, llamada esquizoide que aunque tenga un parentesco lejano con la esquizofrenia, no es la de una persona enferma, que se caracteriza por ser observadora y poco participante, y que necesita mantener distancia afectiva en relación con los Otros. Esta manera de ser tienden a establecer relaciones interpersonales distantes y frías.

Pues bien, el poseedor de este tipo o estilo de personalidad (que bien puede ser la suya o la mía, mientras por otra parte algunos podrán participar de otros estilos de personalidad como la histeroide, u obsesiva o fóbica o psicopática), está en condiciones de mantener distancia afectiva y saber separar los problemas de la profesión con lo que conforman su vida privada. Es como si estuviera naturalmente dotado para no arrastrar los problemas del trabajo a casa. Es aquella o aquel colega que luego de vivir un día laboral  ¨infernal¨ uno lo observa  disfrutando de ¨un tapeo¨ y no entiende como lo hace, mientras que compartiendo en este caso una ronda de cerveza, la sabe más amarga que siempre, pero no por la bebida sino por el ¨problema laboral¨ del cual no me puedo desligar como lo hizo  quién comparte conmigo la mesa, de quién, para colmo siento o parece que me dice: No traigas a este lugar aflicciones o problemas. ¡Déjalos en el despacho estar!

Con esto quiero decir, con algo de humor, que el partir nuestro ser, para enfrentar las secuelas de la profesión sin que se comprometa todo nuestro persona, no es tarea sencilla y en mucho nos condiciona la personalidad que tengamos.

En definitiva: ¿se lleva el abogado los problemas a casa?. Depende de cómo ejerza el arte de la abogacía, como es su carácter. Nada en esto será matemático. ¿Debería llevarse los problemas a su casa? En principio diría que si puede, no debería llevar todos los problemas a todos lados. La mochila se le haría pesada (psicológicamente hablando), porque en casa aparecerán otro tipo de problemas que uno también tiene que enfrentar. Esto es lo ideal. Una buena administración de los problemas que a uno le toca vivir cotidianamente le permitirá una vida más saludable. Como estrategia de vida no hay que mantener varios frentes de lucha o preocupación. Aunque sea por momentos hay que inactivar alguno. Pero reitero todo depende de cómo es su estructura psíquica y en cuanto usted puede orientar su personalidad, mediante aprendizajes sobre el tema. Haga lo que realmente pueda. Si no puede y usted es de llevarse algunos problemas del trabajo a casa, porque es ese su carácter, yo le diría una vez más: bienvenido al género humano. Acéptese tal como es. En este caso podríamos decir, con el poeta Uruguayo Mario Di Benedetti:

¨ ...siempre me aconsejaron que fuera otro

y hasta me sugirieron que tenía notorias cualidades para serlo

por eso mi futuro estaba en la otredad

el único problema ha sido siempre mi tozudez congénita

neciamente no quería ser otro

por lo tanto continué siendo el mismo...¨

Hasta la próxima colega amiga y amigo. Y si puede cuénteme: ¿Se lleva los problemas a casa?


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Santiago M. Sinopoli, Abogado, Graduado en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales del Rosario, dependiente de la Pontificia Universidad Católica Argentina ......[ver perfil]

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