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Blog Administración Pública

18 de Marzo de 2019

Sergio Jiménez

Analista web especialista en Administraciones Públicas

30 años de webs: una revisión de la web y las Administraciones Públicas

El 12 de marzo se cumplieron los 30 años del nacimiento de la web. 30 años, que en tiempo real es muy poco, pero que ha supuesto un cambio enorme, casi centenario, en la manera de trabajar de las Administraciones Públicas. La verdad es que en términos reales estas cuestiones tardaron un poco en llegar a nuestras vidas. Por aquellos tiempos yo tenía recién comprado mi primer ordenador. Un par de años después pusimos en casa Ibertex, que se conectaba por teléfono de punto a punto y que, para que negarlo, nunca me hizo gracia. Fue, en mi caso, en mayo de 1998 (es decir, hace unos 21 años) que entré por primera vez en Internet para hacer un trabajo en la Universidad y, la verdad, es que es uno de esos recuerdos que se te quedan (recuerdo que buscaba una gráfica, como si fuera un vaticinio de mi futuro).


Pues bien, desde entonces las Administraciones Públicas han vivido diferentes etapas en su relación con esta nueva tecnología. Así a bote pronto diría que hemos pasado por:

  • La solución a todos nuestros problemas. Recuerdo que antes de entrar a Intenet ya había leído bastante sobre ello en revistas de divulgación (y de videojuegos). Mientras yo hacía esto parte de los gobiernos veían que lo que suponía internet era la respuesta a muchos problemas que se arrastraban desde la crisis del 73 y la reforma de la Administración Pública. Más cálculos, más rápidos, más comunicaciones, más fiabilidad, más eficiencia, etc. Nada que no sigamos oyendo hoy en día. Aquí la ley 30/92 ya esbozaba algo sin mucho detalle, pero ya era consciente (si una ley puede serlo) de lo que venía. Creo que esta etapa acaba cuando el Informe Gore cristaliza este papel de Internet, negro sobre blanco, como elemento de mejora de la gestión interna.
  • El futuro es nuestro. Nos acercamos a los 2000 y el mundo iba razonablemente bien. No había guerra fría y la tecnología crecía a un ritmo de vértigo. La administración se lanza a hacer planes, ideas, cambios a partir del uso de la tecnología. La burbuja punto com nos decía que cualquier cosa con internet sería maravillosa y crecería exponencialmente y a eso se sumó la Administración. En aquellos tiempos empiezan los planes eEuropa, las guías de la OCDE, el plan eEspaña, Red.es. Hasta que llego la explosión de la burbuja
  • Esto va a ser algo más complicado. Mientras que el mercado asumía que no todo lo que fuera por internet era una fuente infinita de beneficios la Administración empezó a asimilar que la tecnología no era más sencilla de implantar que una ley o un plan de reformas cualquiera. Se rompió el amor de tanto usarlo y el optimismo de los primeros planes pasó a ser leyes y plazos obligatorios, y emisiones de normas, lo que creo que consolida la LAECSP 11/2007 y sus tardíos hijos, el ENI y el ENS. La tecnología podría ser la solución, pero la verdad es que parte de la mecánica que requería para implantarla no la diferenciaba mucho de otras soluciones que ya conocíamos.
  • La revolución de los datos. Con la aparición de los móviles y la mejora de la gestión de la información (y la creación de datos), la administración empezó a abrazar este paradigma con entusiasmo. Empezamos por las smartcities y evolucionamos a transparencia, datos abiertos, rendición de cuentas, arquitectura en la nube, etc. Y en esas andamos ahora.

En términos generales creo que es una dinámica más o menos similar a la que supone aprender cualquier novedad o tecnología lo suficientemente nueva y revolucionaria. Sin embargo, como decía al principio, con todo lo que hemos cambiado (y mejorado), uno no puede echar la vista atrás y sentir una pequeña decepción. No es que hayamos sido un fracaso, es más bien como cuando al pensar en tu infancia recuerdas que soñabas con ser Butragueño y acabas siendo analista digital especializado en Administraciones Públicas. No es que sea mala cosa, pero si que creo que hay cosas que tendrían que mejorar las administraciones en esta relación con la tecnología:

  • Las administraciones deben de dejar de fijarse en referentes externos. No podemos seguir pensando en ser Amazon, Google, o lo que sea. Las Administraciones tienen su propia naturaleza y proposiciones de valor lo bastante fuertes como para no tener que fijarse en actores que tienen sus propias circunstancias.
  • Encontrar el valor que ofrecer a la ciudadanía. Gran parte de las medidas que se han tomado han sido las de mejorar lo que antes fallaba. Las revoluciones tecnológicas no son un remiendo a lo que no funcionaba, son una manera de redefinir las reglas del juego,
  • Dejar de ver la tecnología como un Macguffin. Me da la sensación, tras dedicarme durante unos años a esto, que para muchas personas la tecnología es un Macguffin: algo que no vienen de ningún sitio ni se dirige a nada importante pero que detona una serie de eventos. Para muchas organizaciones públicas y profesionales, las TIC han llegado, y no sabemos qué pasarán con ellas, pero pueden servir para arreglar todo lo que teníamos pendiente.

Creo que la gran falta de la Administración en estos tiempos es, en resumen, la incapacidad de buscar un discurso propio de lo que ofrecer en la web. O mejor dicho, pese a tener más o menos claro por donde podía tirar, negociar a la baja y contentarnos con tener mejores gestores de expedientes en vez de mejores servicios públicos. Creo que es ahora, cuando en algunos sitios se está poniendo atención en lo que pide y necesita la gente y lo que nos lleva a reconceptualizar la manera de relacionarse entre Administraciones y ciudadanía que estamos haciendo algo realmente interesante.

¿Qué supone esto? La necesidad de asimilar que no se trata de hacer lo que se solía hacer sino de pensar en todo lo que podemos hacer y asumir que esto es una relación en constante cambio. Llevamos, de una manera o de otra, construyendo el futuro desde hace 30 años, y que ese futuro sea el de la Administración o el que propongan las tendencias del mercado radica, precisamente, en ser consciente de estas dos cosas. Estoy seguro de que llegaremos a ello.


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