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26 de Junio de 2019

Sergio Jiménez

Analista web especialista en Administraciones Públicas

El coste de los errores en la tecnología

Con apenas un mes de diferencia en España hemos tenido dos jornadas electorales. En una de ellas se trataba de las elecciones generales y las de la Comunidad Valenciana. En la segunda coincidían escrutinios europeos, locales y de algunas Comunidades Autónomas. Más allá de la complejidad que supone un mayor número de urnas y recuentos, y de la publicación en horas diferentes (el recuento europeo salía más tarde), podemos decir que estas últimas han tenido más problemas en el plano técnico. Nos hemos encontrado con una mayor lentitud a la hora de publicar resultados (altas horas de la madrugada para municipios pequeños y medianos), y desajustes entre las actas en papel que dan lugar al resultado real y al reparto de representantes ha provocado confusión, malestar, algunos recursos a la JCE y una imagen lamentable de la tecnología y la capacidad de control que tiene la Administración.


Si vamos a las elecciones anteriores, que tenían resultados casi cerrados a las pocas horas, mostrando un poderío tecnológico superior al de muchos países de nuestro entorno, la situación palidece aún más. Contemos, hay que señalarlo, que las elecciones son críticas en la democracia (lo que es obvio) y que, en una situación de tensión y cambio político con nuevas fuerzas, quejas de partes de algunas sobre la legitimidad democrática, y noticias falsas sobre recuentos, podemos decir, que lo que menos necesitábamos era un drama (incluso pequeño) en un proceso electoral.

Pero ¿por qué ha pasado esto? Pues si vamos a los hechos podemos decir que la UTE encargada del recuento había introducido un mecanismo de asignación de escaños que no contaba los votos que no tenían un escaño asignado. Esto, en términos generales, acaba suponiendo unos desajustes, especialmente en circunscripciones grandes, que llega antes que los resultados reales. Ahora imaginemos que estás jugándote por un puñado de votos el futuro de tu ciudad, te vas a la cama ganando y te levantas sin ese concejal o diputado clave. Un error altamente costoso.  Por otro lado, parece ser que personas del Ministerio del Interior comentaban algunos errores y lentitud en las pruebas, posiblemente hizo que se optara por un sistema que agilizara cálculos (esto no es más que una conjetura) sin acabar de resolver este recuento.

Si nos vamos un poco más para atrás, averiguamos que la UTE que gestionaba este trabajo había concurrido frente a Indra también al del 28 de abril, perdiéndola por una diferencia económica importante. Supongo que si te dedicas a contar elecciones, en España este era tu año y, realmente, no parece que haya muchos proyectos en los próximos a los que concurrir. Es decir, me da la sensación de que o bien ganaban este, o la gente que trabaja ahí, no iba a pasar una buena racha.

Si os cuento un poco desde la experiencia de alguien que se dedica a la consultoría, os puedo decir que, en determinados casos, las exigencias del mercado hacen que algunas personas tengan que asumir riesgos. Si el mercado dice "vamos a por el ahorro económico" el riesgo se asume en la parte económica. Es decir, es normal hacer la oferta "muy justita" aguantar el aliento y desear muy fuerte que las cosas vayan bien para que la cosa no se convierta en una catástrofe.

En este caso, podemos decir que esto no tiene por qué ser general. No todas las consultoras ni todos los contratos ni todos los proyectos son así. Pero estadísticamente, estas cosas pasan y es cuestión de suerte (si no se tiene cuidado) que no pase en algo muy crítico. En las elecciones del 26M hubo suerte a medias: no fue muy crítico, porque seguimos contando con papel (afortunadamente) pero es bastante visible y sensible como para que las alarmas se disparen, al menos hasta la siguiente emergencia mediática.

No creo que la tecnología sea mala (me dedico a ello). Tampoco creo que el sistema sea esencialmente malo, ineficiente o que potencie la temeridad. Sin embargo, creo que tenemos que ser conscientes de dos cuestiones. En primer lugar, tenemos que impulsar la confianza en los sistemas digitales si queremos que los sistemas digitales se usen. Si rescatamos los informes de calidad de la AEVAL (en paz descanse) encontraremos que el mayor temor para usar servicios digitales es la desconfianza. Equivocarse contando votos no ayuda.

Segundo: si queremos de verdad hacer una administración en la que la tecnología sea clave, creo que tenemos que mejorar enormemente los mecanismos de contratación, ponderar, en según que casos, el impacto del precio y mejorar enormemente los sistemas (y los recursos) de las personas para hacer control de calidad de los proyectos. No puede ser que, incluso con avisos de errores, llegue el día y los errores también. Evidentemente, hay algo que ha fallado y el impacto no ha sido más grande porque la importancia de la tecnología no lo era tanto.

En España tuvimos la especial circunstancia de que, cuando nos lanzamos en 2007 a por la Administración electrónica, coincidió casi en el tiempo con la crisis no sólo económica sino de confianza en las instituciones. No sólo confianza del tipo "no me fio de estos" sino del tipo "estos se gastan el dinero en tonterías improductivas" lo que ha hecho que queramos hacer una Administración tecnológica con poco dinero (basta con ver el presupuesto TIC a principios de década) y con un sistema de contratación que prima tanto el precio que el conocimiento técnico y de control de proyectos para que este ajuste de precio no sea un riesgo añadido es bastante alto (en mi opinión siempre). Es decir, me parece que puedes sacar proyectos tecnológicos con un 51% de precio sobre el valor del concurso, pero la definición de todas las condiciones de uso y de los controles de gestión del proyecto tienen que ser tan estrictos y correctos que no sé si todas las administraciones pueden respirar tranquilas a este respecto. Esto requiere experiencia y pericia técnica de contratación, tecnología (o tecnologías, según lo complejo que sea el proyecto) y el negocio. Si uno de ellos falla, el problema puede ser severo.

¿Cuál es el coste que creo que tendremos que afrontar en este contexto? Pues me temo que, al menos durante unos cuantos años, en muchas más ocasiones de las que quisiéramos, nos encontraremos tecnología que ha salido barata pero que no transmitirá la suficiente confianza o garantía ni a Administraciones ni a personas usuarias como para que su uso se generalice de manera satisfactoria. Y luego, pues ya veremos.

 

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