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Blog Comunicando el Derecho, regulando la Comunicación

20 de Marzo de 2019

Maialen Sorzabalbere

estudiante de 5º curso de Derecho + Comunicación en la Universidad de Deusto.

Cuestión de vida o muerte


Hace unas semanas dos familias entregaron en el Congreso de los Diputados 280.000 firmas con el fin de cambiar la regulación sobre la eutanasia y  despenalizar el artículo 143.4 del Código Penal, que expone que aquella persona que practique la eutanasia será condenada a prisión. Hoy en día se está sometiendo a debate.

Pero ¿en qué consiste la eutanasia? A través de la eutanasia se le conceden unos fármacos a la persona que desea poner fin a su vida, siempre que sea víctima de una enfermedad grave y sin remedio. La eutanasia es ilegal en España, pero está permitida en países como Holanda, Bélgica, Luxemburgo, Canadá y parte de Estados Unidos. Es importante distinguir la eutanasia del suicidio asistido, del suicidio no asistido y de los cuidados paliativos.

El suicidio asistido se realiza cuando un médico aconseja a la persona que opta por esta opción qué fármacos ha de consumir para ello. Solo se permite en Suiza y, por ello, ha habido personas que han viajado a dicho país para ejercer esta práctica, como bien hizo David GoodGall. Por otro lado, el suicidio no asistido se trata de un suicidio que se realiza con la ayuda de personas que no son médicos. También es ilegal en España.

Por último, cabe destacar los cuidados paliativos. Se trata de un tratamiento para acabar con el sufrimiento físico, así como psíquico, pero en este caso la última palabra la tienen los médicos. Los cuidados paliativos tienen como fin prevenir y aliviar el sufrimiento intolerable y así ofrecer una calidad de vida mejor.

Esta última opción es apropiada, intenta evitar el sufrimiento intolerable que se quiere evitar con la eutanasia y lo cierto es que para los profesionales sanitarios o los médicos es más cómoda, porque puestos a analizarlos argumentos de este debate tan actual, se han de atender muchos campos: se ha de empatizar también con los médicos. Son personas y por ello es entendible que la mayoría de estos sean partidarios de los cuidados cualitativos antes que de la eutanasia.

No obstante, resulta necesario, aunque muchas veces se nos olvide, empatizar con el paciente, con la víctima de la enfermedad en cuestión: esa persona que lucha contra una oposición sabiendo que la batalla está perdida, la enfermedad a la que se refiere en estas líneas es terminal. Es normal y comprensible que se canse de luchar y que se rinda. Si así lo decide, es por algo y los demás debemos respetarlo, ya que no hemos vivido lo que ha sufrido ese cuerpo. Se ha de empatizar con todos, pero en especial con el que más sufre.

Holanda es el país más avanzado en dicha cuestión, pues legalizó la eutanasia en 2002. Eso no significa, no obstante, que dicha decisión se tome a la ligera. Se han de cumplir ciertos requisitos: el dolor y el sufrimiento ha de ser intolerable y debe tratarse de una situación sin opción alguna de mejora. El hecho de despenalizar la ley de eutanasia no significa que su práctica se hará sin filtro alguno. Simplemente, no se castigará que una persona decida terminar con su vida porque no puede tolerar más.

Cabe mencionar también que, pese a la expansión mediática de determinados casos, según el Observatorio de Bioética Española, la jurisprudencia no se ha pronunciado debido a que no se ha llevado acusación alguna de por delito de eutanasia.

Uno de los argumentos en contra de dicha despenalización reside en la defensa de creencias religiosas, ya que para muchas religiones la práctica de la eutanasia constituye un pecado. No obstante, según unas encuestas recientes del CIS, un 84% de los españoles, es decir, la mayoría, está a favor de la despenalización de la eutanasia. Casualmente un 56% de los católicos practicantes están a favor de hacer una reforma en dicha regulación pues, según estos, no se trata de una cuestión religiosa.

Es así, no se trata de una cuestión de creencias sino de libertades. Como bien defiende el artículo 1 de la Constitución Española, todo ciudadano tiene derecho a vivir en libertad y tiene derecho a vivir en tales circunstancias hasta el final, pues al fin y al cabo la dignidad humana deriva de la libertad de cada uno. Si se le deniega a una persona el derecho de elegir sobre qué hacer con su vida, ya no es libre. No es libre, no puede morir porque la sociedad no se lo permite, pero ¿por qué? ¿Quién se beneficia del sacrificio que hace la persona en cuestión?

La realidad jurídica establece que el bien jurídico más valioso es la vida. Por ello tiene que prevalecer su protección y amparo, ante todo. Pero, como siempre, se ha de interpretar cada caso y cada contexto. Cuando se decidió eso, no se decidió teniendo en cuenta todas las circunstancias que pueden llevar a una persona a querer dejar de vivir. Porque ese bien jurídico protegido es la vida, pero si es una vida de una persona que no quiere vivir, deja de tener sentido. Ante todo, somos humanos.

Imaginemos que una persona padece esclerosis múltiple terminal, lleva sufriendo dolores inhumanos e intolerables 14 años, desea morir, necesita morir. Su familia le quiere ayudar, no puede. Les toca ver como sufre su pariente, siendo víctimas ellos también de una situación de tortura.

¿Esta tortura que sufre tanto el paciente como el entorno que lo rodea se realiza a cambio de qué? ¿Quién se beneficia de la misma? ¿Aquellas personas que consideren que la eutanasia es una cuestión religiosa y moral? Para que determinadas personas estén contentas por un "pecado ajeno", ¿tiene que sufrir tanta gente? No es nada justo, se ha de hacer una priorización, en este caso estando en cuestión un derecho fundamental, la libertad, creo está claro qué ha de prevalecer. Lamentablemente, no lo está haciendo.


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