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Blog Comunicando el Derecho, regulando la Comunicación

13 de Febrero de 2019

Xabier Makazaga

alumno de 5º curso de Derecho + Comunicación en la Universidad de Deusto

La necesidad de armonizar la legislación sobre los videojuegos

La evolución permanente del ámbito del videojuego y la falta de regulación actualizada incrementan los problemas en un sector cada vez más relevante.


La tecnología avanza a una velocidad imparable. La evolución de las TIC está siendo tan grande que los aparatos tecnológicos se han convertido en el eje de una sociedad digital. La importancia de la tecnología se está expandiendo a todos los ámbitos de la vida a un nivel extraordinario. Dentro este contexto, la industria de los videojuegos está creciendo a gran ritmo, ofreciendo a los usuarios un nivel de jugabilidad inverosímil hasta ahora, convirtiendo al sector en el principal motor de entretenimiento a nivel global.

Según el informe económico realizado por la Asociación Española de Videojuegos, que analiza el impacto de los videojuegos a efectos de la contabilidad nacional, la industria de los videojuegos equivale al 0,11% del Producto Interior Bruto español. En 2016, el impacto total en la producción del sector del videojuego fue de 3.577 millones de euros y se crearon 22.828 empleos. Hoy en día, cada euro invertido en este sector tiene un impacto de 3 euros en el total de la economía nacional.

Así las cosas, el auge de la industria del videojuego y la mejoría en la calidad de estos ha generado un reto jurídico por la necesidad de adecuarse a los avances digitales. Por todos es sabido que estas creaciones contienen producciones audiovisuales con música, grabaciones de fotografía y video. Son productos que se acercan cada vez más a la realidad y se convierten en artículos complejos, compuestos por obras que pueden estar protegidas por derechos de autor.

Por lo tanto, el incremento del éxito y la consolidación de los videojuegos como el sector líder del ocio audiovisual en todo el mundo ha supuesto un incremento proporcional de los problemas jurídicos en torno a la industria. En pocos años los videojuegos han pasado de ser simples programas informáticos a convertirse en creaciones artísticas mucho más complejas.

Las cuestiones legales más frecuentes a las que las empresas y compañías desarrolladoras se tienen que enfrentar son las relativas a la propia imagen o a la propiedad intelectual. Los videojuegos son obras artísticas en las que más de un creador participa, incorporando en un producto único varias creaciones que pueden generar controversia.

En los últimos años más de una empresa desarrolladora de videojuegos ha tenido problemas legales por sus creaciones. En 2014, por ejemplo, la actriz Lindsay Lohan presentó una demanda contra la compañía desarrolladora Rockstar Games por crear un personaje de Grand Theft Auto V basándose en sus rasgos físicos y en su vida privada, sin pedir ningún tipo de permiso.

Otro caso muy conocido es el del estudio de tatuajes Solid Oak Sketches, que denunció a los desarrolladores del videojuego de baloncesto NBA 2K por reproducir sus diseños sin obtener las licencias. El estudio diseñó los tatuajes que jugadores afamados como LeBron James o Kobe Bryant llevaban en el cuerpo y se incluyeron en el juego sin que se le pagara nada a cambio. En la denuncia se establecía que las creaciones se reprodujeron sin permiso, vulnerando su derecho a la propiedad intelectual.

A este tipo de conflictos hay que sumarle la falta de regulación única de los videojuegos a nivel internacional, puesto que no hay ningún texto legal que regule los videojuegos de forma exclusiva. Cada país tiene normativa propia, pero la mayoría se basa en el artículo 2 del Convenio de Berna, donde se enumeran las obras protegidas por los derechos de autor. Al ser un acuerdo de 1979, en el precepto en cuestión no se mencionan los videojuegos por lo que, en caso de videojuegos de autoría compleja, los derechos de autor se repartirán en base a los requisitos de cada jurisdicción y según la aportación de cada creador en el producto final.

Es evidente que, como en otros ámbitos de la sociedad, el Derecho no puede seguir el ritmo de los avances tecnológicos. Todavía existen muchas incógnitas a la hora de regular los videojuegos y cada país aplica criterios distintos para responder a las cuestiones relativas a su régimen jurídico: algunos ordenamientos jurídicos acuden a medidas considerando que los videojuegos son obras audiovisuales, mientras que otros consideran que son solo programas informáticos.

Creo que es necesaria una norma unificada que defina claramente qué es un videojuego y cómo se pueden proteger. Cuantos más avances tecnológicos haya, los videojuegos se convertirán en productos cada vez más complejos y vulnerables. Su proceso de creación es más avanzado que nunca, en el que participan en la parte técnica (además de autores editores y productores), diseñadores gráficos, actores para captar movimientos, actores de doblaje, compositores de bandas sonoras, expertos que crean paisajes... Sin un régimen jurídico que establezca cuáles son los derechos que cada uno tiene y cómo se debe gestionar la cesión o adquisición de otros derechos, los problemas de licencias y propiedad intelectual aumentarán.

Para evitar casos como los antes mencionados, lo ideal sería unificar una regulación internacional, incorporando las ideas comunes en cada país a través de la creación de categorías jurídicas del videojuego.


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