07 de Diciembre de 2019 | 09:39
LEGAL TODAY. POR Y PARA ABOGADOS
 

Herramientas para el texto

Estrategia

29 de Enero de 2009

Contenido de Buenas prácticas:

Innovación y Abogacía

Cuando decidí escribir este artículo sobre la innovación en los despachos de abogados, no pensaba que iba ser necesario dedicar unas cuantas líneas a la definición del concepto de innovación. Todo el mundo sabe lo que significa innovar. Básicamente significa crear algo nuevo. Sin embargo, para alguien que se interesa por el desarrollo del negocio, la innovación es más que una simple novedad.

Thibaut Deleval,
fundador de Lextra, consultoría de marketing y de gestión para despachos de abogados


Me sorprendí bastante cuando me enteré de que un periódico tan serio como el Financial Times había otorgado premios de innovación por el hecho de haber abierto una oficina en un mundo virtual o por el hecho de crear un nuevo programa de actividades caritativas.

Me parece muy bien y completamente legítimo que un despacho sea creativo. Inventarse un nuevo logo, renovar oficinas o publicar una memoria de responsabilidad social corporativa son iniciativas que tienen un vínculo más o menos importante con el concepto de novedad. Sin embargo, no considero que estos ejemplos puedan ser considerados como ejemplos válidos de innovación en el mercado jurídico. Me parece que hoy en día se suele confundir la innovación con cualquier iniciativa relativamente atrevida que los despachos puedan tomar en el campo del marketing. Los abogados acaban de darse cuenta de que necesitan integrar en su negocio las herramientas de marketing desarrolladas desde hace muchos años en otros sectores de actividad. Pero me parece un poco exagerado calificar de innovación la simple transposición al mundo de la asesoría jurídica de prácticas conocidas desde hace décadas en otros mercados. No creo que los abogados tengan tan pocas capacidades de innovación como para justificar que se rebaje tanto el criterio de innovación que se les aplica.

Me gustaría definir la innovación como el desarrollo de nuevos servicios o de nuevos procesos de producción y comercialización que permiten a un despacho lograr una ventaja competitiva. A la luz de este nuevo criterio estaremos todos de acuerdo en que ser el primer despacho en tener un logo rosa no es innovación. De igual modo, todos coincidimos en que ser el primer despacho español que abre un departamento exclusivamente dedicado al asesoramiento jurídico de los deportistas profesionales sí es innovador.

Teniendo en cuenta el alto grado de competencia del mercado de la asesoría jurídica en España, es muy importante para cada despacho dedicar tiempo y recursos en la consecución de una ventaja competitiva. Algunos intentarán ser los más baratos, otros querrán ser reconocidos como los mejores especialistas en una cierta materia. Existen muchas vías para intentar conseguir una ventaja competitiva y la innovación es definitivamente una de ellas.

Elegir la vía de la innovación tiene como siempre sus ventajas y sus inconvenientes.

La primera ventaja que ofrece la innovación, es que permite al despacho que apuesta por ella protegerse de la competencia. Cuando un despacho es el único en ofrecer un tipo de servicio, es lógico que toda la demanda de este servicio en concreto se concentre en él. El hecho de haber sido el primero dará también a este despacho pionero una clara ventaja el día que le surjan competidores. La prima al primero es una realidad.

La innovación tendrá también repercusiones positivas fuera del mercado en concreto donde se realizó. El lanzamiento de un nuevo servicio representa por sí solo una nueva fuente de ingresos. Pero suele ser también un factor que contribuye al incremento de ingresos que provienen del resto de los servicios ofrecidos por el despacho. El abogado innovador suele atraer más atención. Recibirá más invitaciones a dar conferencias y sus artículos encontrarán más fácilmente el camino hacia la publicación. La fama que adquiere un abogado por una competencia específica suele expandirse al resto de sus competencias y al despacho al que pertenece.

Por supuesto, innovar no es una tarea fácil. La innovación requiere inversión en tiempo y en recursos. Sin embargo, el retorno sobre la inversión no está asegurado. Está muy bien aventurarse en tierras vírgenes donde no ha llegado ningún competidor, pero siempre se corre el riesgo de llegar a una tierra donde tampoco se encuentren clientes.

La única manera de minimizar el riesgo sin poder, sin embargo, conseguir eliminarlo completamente, consiste en hacer una investigación previa:

  • Antes de imaginar nuevos procesos es conveniente llevar a cabo un estudio serio, preguntando a los clientes cuáles son las mejoras que valoran realmente, si están dispuestos a pagar por ellas o si por lo menos estas mejoras reforzarían su fidelidad.
  • Antes de desarrollar una nueva práctica, el despacho tendrá que evaluar el mercado potencial, asegurarse de que no se trata de una moda efímera y comprobar que esta nueva práctica encaja en su estrategia (coherencia de la cartera de servicios, compatibilidad con la imagen, etc.).

Estoy convencido de que los abogados tienen la misma capacidad de innovación que otros cuerpos de profesionales. Algunos despachos ya han demostrado que esta estrategia de desarrollo de negocio puede ser muy fructífera. Les animo a que sean ambiciosos y a que no se contenten con diseñar un nuevo logo o trasladar el clásico "2 por 1" al mercado de la asesoría jurídica.

  • Comparte esta noticia en linkedin

 
 

Hemos actualizado nuestra Política de Privacidad. Antes de continuar por favor lea nuestra nueva Declaración de Privacidad. Además utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y poder ofrecerle las mejores opciones mediante el análisis de la navegación. Si continúa navegando, consideramos que acepta su uso. Para más información pulse aquí.   Aceptar