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Estrategia

29 de Febrero de 2008

Innovando en la prestación de servicios jurídicos

Mª Jesús González Espejo,
manager consultant en comunicación estratégica, gestión del capital humano y del conocimiento


En este artículo, la autora analiza las razones por las que el sector de la abogacía necesita innovar, así como en qué áreas y con qué objetivos puede innovarse. A continuación profundiza en los diferentes tipos de innovación y en particular en la que se refiere a la gestión de las personas: selección, formación, evaluación, retribución, desarrollo de carrera, etc. Finaliza el artículo con una serie de propuestas de medidas que pueden implementarse por los despachos de abogados para fomentar la innovación.

Con la excepción de algunas iniciativas contadas, como los premios auspiciados por el  prestigioso diario británico Finantial Times -que se convocan por segundo año consecutivo a año bajo el nombre de "Innovative Lawyers" y en cuya última edición resultaron premiados dos despachos españoles, Cuatrecasas y Uría- o los que organiza la Law Practice Management Section de la ABA (American Bar Association), denominados "InnovAction Awards", es más bien infrecuente que la palabra innovación se vincule con la prestación de servicios jurídicos.

Sin embargo, cuando hoy en día se habla sobre competitividad, la necesidad de innovar aparece como factor clave. El sector de la abogacía, encuadrado dentro del sector de los servicios o terciario y dentro de éste, en el de los llamados servicios profesionales, no debería ser ajeno a la necesidad de innovar, a la necesidad de convertir ideas en productos, procesos o servicios nuevos o mejorados que el mercado valore. Sobre todo si tenemos en cuenta la realidad de un sector en el que escasea el talento; en el que los profesionales tienen nuevas y exigentes necesidades como la conciliación vida familiar y profesional;  el desarrollo de una carrera; la de ser evaluados y la de recibir formación. Así como un entorno en el que los clientes desarrollan su actividad empresarial cada vez más global; competitivo y que exige reducciones de costes; rapidez y eficiencia y un servicio personalizado.

Las innovaciones pueden referirse a lo que se hace (servicios prestados), al cómo se hace (procesos, personas, plataformas, organización), al dónde se hace (servicios presenciales; telefónicos; virtuales; en la población y país de origen y/o en otros ámbitos, como consecuencia de la internacionalización de la actividad empresarial). La innovación puede además referirse tanto a la forma organizativa de la dirección, como a cualquiera de las áreas responsables como la financiera, la responsable de la gestión de las personas, de la formación de la de tecnología y los sistemas, del marketing y de la comunicación o de la de Gestión del conocimiento.

Sería imposible profundizar en este artículo en las diferentes facetas que la innovación puede adoptar en los despachos de abogados, así que nos concentraremos en la relativa a la gestión de los profesionales. La innovación en la gestión de personas puede afectar a aspectos tales como la:

  • Comunicación Interna
  • Socialización
  • Desarrollo del talento
  • Cultura Corporativa
  • Formación y Desarrollo
  • Selección
  • Evaluación del rendimiento o
  • Conciliación vida laboral y familiar

Todos estos aspectos, son seguro susceptibles de mejora y en función de nuestra estrategia y recursos focalizaremos nuestra capacidad innovadora en todos o en algunos de ellos.

Como cierre de este breve artículo nos ha parecido interesante presentar una serie de medidas que los despachos pueden implantar para fomentar la innovación. Así, una primera medida tendría relación con la inclusión de la innovación entre los fundamentos sobre los que se sustenta nuestra organización. Se trataría de incluir entre nuestros valores corporativos, de forma explícita, el de la creatividad y el favorecer una cultura que la estimule, basada por ejemplo en la diversidad de los profesionales que colaboran con el despacho; tolerante con los errores; que premie las nuevas ideas y que las apoye de forma real.

Una segunda medida se refiere a la gestión de la información. Se dice que hoy el conocimiento no es poder, sin embargo también es posible afirmar que no se tiene poder sin conocimiento. ¿Si las empresas del sector productivo disponen de unidades de vigilancia tecnológica porque no pueden los despachos establecer una unidad dedicada a la vigilancia  y a la alerta (legislativa, jurisprudencia, de tendencias económicas, políticas, sociales, etc.), sobre todo cuando debería ser relativamente sencillo llegar a acuerdos estratégicos con editoriales jurídicas cuyo "core business" consiste exactamente en eso, en ofrecer "inteligencia de negocio al sector legal".

La tercera medida está relacionada con la formación. Para innovar los abogados deben conocer el "estado de la ciencia", es decir deben estar al día en sus conocimientos.  Puede lograrse este objetivo a través del desarrollo de un plan de formación interna, que destine una parte importante del tiempo a la actualización de conocimientos (análisis de nuevas normas y jurisprudencia reciente o doctrina novedosa).

Una última medida sería la de fomentar la diversidad del equipo a través de la selección y contratación. Son numerosos los estudios que demuestran que son más creativos los equipos de profesionales de origen diverso (por razón de género, raza, religión, cultura, formación, etc.) que los que no lo son. Nuestro país tiene especiales vínculos con Hispanoamérica, región que comparte idioma con nosotros y cuyo sistema jurídico está basado en el nuestro. Si otros sectores, como el tecnológico, ya han encontrado allí una interesante cantera de profesionales, ¿no podría encontrarla también el sector legal?

En conclusión, la actividad innovadora no debe ser algo ajeno al ejercicio de la abogacía, pero tampoco debe ser entendida como una actividad necesariamente realizada para competir con terceros, sino como una herramienta útil para mejorar nuestra propia organización. La innovación puede referirse a muy diversos aspectos, pero los relativos a las personas deberían estar entre los primeros a desarrollar por los despachos de abogados, que son sobre todo organizaciones de personas. Las medidas  propuestas en éste artículo pueden servir de ejemplo, pero el acervo disponible será tan amplio como lo sea, la suma de la capacidad creadora de nuestros profesionales.

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