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10 de Octubre de 2019

Las máximas (generales) del interrogatorio

  • Las reglas son sencillas, y todos las conocemos, pero su sistematización y simplificación puede ayudarnos a recordarlas para tenerlas a mano y aplicarlas adecuadamente.
  • No hay mayor enemigo de un buen interrogatorio que la pérdida de autocontrol del interrogador.

En pasadas colaboraciones hemos sistematizado o tratado a fondo algunas de las máximas, reglas y principios del interrogatorio, si bien referidas a técnicas aplicables al caso concreto (no preguntes si no conoces la respuesta, cuando hayas conseguido tu objetivo, no preguntes más, etc.). Hoy, vamos a dedicar nuestra colaboración a detallar una serie de principios, esta vez más genéricos, que gobiernan el interrogatorio, y que son ideales para que el abogado litigante vaya mejorando en sus habilidades profesionales.

Óscar Fernández León,
Abogado. Experto en habilidades profesionales
@oscarleon_abog


Las reglas son sencillas, y todos las conocemos, pero su sistematización y simplificación puede ayudarnos a recordarlas para tenerlas a mano y aplicarlas adecuadamente.

Vamos con ellas:

1º.- La importancia de la preparación.

La preparación da al abogado una gran ventaja sobre el testigo, ya que le permite ver el camino a seguir para alcanzar el destino previsto, mientras que el testigo suele perder perspectiva tan pronto ha prestado promesa o juramento.

 2º.- La importancia de la práctica.

No hay nada como la observación en sala, acompañada de una gradual intervención en juicio, para alcanzar la práctica necesaria para ser un buen interrogador. A litigar se aprende igual que a nadar: lanzándote al agua desde la barca y, una vez en el agua, hay que seguir constantemente aprendiendo (y disfrutando) de cada experiencia.

3º.- Gana en confianza cada día.

La confianza, que consiste en un estado mental que te lleva a creer que puedes lograr un determinado objetivo, es esencial para el buen interrogador. Esta debe regarse con cada experiencia diaria sea cual sea el resultado, pues siempre aprenderemos algo que nos ayudará a crecer en confianza.

4º.- No pierdas la disciplina.

La litigación, y especialmente el interrogatorio, requieren del empleo de una planificación exhaustiva cuyo cumplimiento en el día a día llamamos disciplina. La disciplina es la archienemiga de los interrogatorios imprevistos, sin objetivos claros y realizados por el mero hecho de interrogar.

5º.- Para interrogar, determinación.

La determinación, generalmente descrita como la perseverancia en el propósito, es clave para el interrogatorio. Si tenemos claro nuestro objetivo y hay perspectivas de conseguir un objetivo, no podemos abandonar su ejecución bajo ningún concepto.

6º.- Siempre, siempre, cuenta con un objetivo.

Para interrogar has de tener en mente un objetivo importante y alcanzable. De carecer de objetivos, es mejor no preguntar, pues perderás el tiempo, no tendrás nada que ganar y mucho que perder, transmitirás que no tienes caso, enfatizarás el testimonio que se cuestiona y  diluirás lo que hayas ganado anteriormente. Ante la duda, mejor no preguntar.

7º.- Adapta tu interrogatorio al universo del juicio.

Como un buen jugador de ajedrez, adapta tu movimiento a las múltiples combinaciones y relaciones del juego, y no olvides que un éxito momentáneo puede concluir en una irremediable derrota.

8º.- Adapta el interrogatorio al testigo.

Hay testigos de todas las clases. Por ello, no podemos aproximarnos a ellos de la misma forma. Se suave con el suave; astuto con el listillo; confidente con el honesto; piadoso con el joven, el temeroso o el débil; duro con el rufián, e inflexible con el deshonesto. Pero todo ello sin menoscabar tu dignidad ni la del propio testigo.

9º.- Cubrir siempre todos los puntos del caso.

En todo contrainterrogatorio siempre hay un número de temas claves que hemos de considerar a la hora de interrogar al testigo. Por consiguiente, durante el contrainterrogatorio es fundamental, a medida que avanza el mismo, ir examinando dicho temas y que no queden sin la respuesta apropiada.

10º.- Nunca subestimes al adversario.

Nunca subestimes a tu adversario, por el contrario, está siempre en guardia. Un traspié inesperado del adversario que consideras inferior puede ser tan duro como el que sufras ante el más habilidoso. A veces, nuestra propia negligencia cura la falta de diligencia de otros.

11º.- Se respetuoso.

Se respetuoso con el juez y el jurado; amable con tu colega; civilizado con la parte adversa; duro con el testimonio, pero respetuoso con el testigo; pero nunca sacrifiques lo más mínimo tu deber de defensa por una mal entendida deferencia hacia los otros.

12º.- Mantén siempre la calma.

Un buen interrogador no puede perder la calma. Tiene que ser paciente, y saber que no hay mayor enemigo de un buen interrogatorio que la pérdida de autocontrol del interrogador. Mantenerse firme, frente a los embates de un testigo hostil, es uno de los requisitos imprescindibles para que la perseverancia nos ayude a conseguir nuestro objetivo.

13º.- No te lo tomes personalmente.

Si sientes el caso como si fueras tu propio cliente, estarás perdido, pues no verás con la claridad que necesitas y perderás de vista tu objetivo y el control del testigo.

14º.- Convéncete de la fuerza de tu caso.

Como profesionales de la persuasión, los abogados sabemos que cada caso tiene múltiples opciones o líneas de defensa. Para ser más persuasivo en tu interrogatorio hay que creer en las posibilidades de defensa más adecuadas. Para ser convincente debes estar convencido de la fuerza de tu caso.

15º.- No olvidar que el juicio es imprevisible.

La abogacía es como la misma vida, no importa lo seguro que te sientas ni lo bien preparado que estés; nunca, nunca, nunca podrás anticipar lo que ocurrirá durante el juicio.

16º.- Dominar el lenguaje verbal y no verbal.

Durante el interrogatorio, el abogado está comunicando permanentemente tanto cuando pregunta como cuando escucha. Por ello, es fundamental que cuando comunique lo haga de forma que se haga entender tanto por el testigo como por el juez. No hemos de olvidar que cuando el mensajero es malo, no importa lo bueno que sea el mensaje, pues este nunca llegará a su destino correctamente.

Espero que estos consejos os ayuden a reflexionar, aunque sea por un instante, sobre los múltiples factores que pueden influir en un buen o mal interrogatorio y, en última instancia, en la importancia para el abogado litigante de no olvidar que, como toda técnica, interrogar requiere la aplicación inexcusable de una serie de reglas.

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