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21 de Mayo de 2020

Momento para una nueva visión del Derecho

Mientras preparaba este post y trataba de comprender la escala sanitaria y la subsiguiente dimensión económica del impacto que el COVID-19 tendrá en el mundo, me he dado cuenta de que es el momento de tener una nueva perspectiva al respecto.

Federico Richardson Alborná,
abogado


Desde mi punto de vista personal, está claro que la humanidad moderna no ha experimentado nada como esto antes. Sus consecuencias crearán un nuevo mundo, y con él, un nuevo panorama legal. 

Comparar esto con las guerras mundiales que hemos sufrido, y con la Gran Depresión o cualquiera de las crisis económicas de la historia reciente es insuficiente, ya que el alcance globalizado de la situación actual ha llevado a casi 3.000 millones de personas en todo el mundo, a un repentino cese de sus actividades debido al confinamiento impuesto por los gobiernos, causando perjuicios a los que nadie queda inmune a sus efectos. 

Me pregunto cuánta jurisprudencia pueden haber establecido las Cortes Supremas de todo el mundo sobre los efectos en el cumplimiento de los contratos referidos a una crisis de este nivel. 

Las cláusulas de fuerza mayor de los contratos han tenido que ser redefinidas por un hecho de este calibre que aún sigue en curso, sin ninguna certeza sobre su duración, llevando a los juristas a revisar toda la doctrina existente para encontrar posibles soluciones. 

Al mismo tiempo, los profesionales del derecho están por todas partes estudiando y tratando de hacer algún sentido a la constante e ininterrumpida publicación de leyes y reglamentos que aprueban los legisladores todos los días (que también están en modo ¨learning by doing¨), lo que causa un descontento generalizado.

En el contexto actual, motivado por el hecho que los abogados nos enfrentamos a preguntas dirigidas por parte de nuestros clientes:

  • ¿Qué hacemos con los contratos que nos vinculan con terceros?
  • ¿Pago el alquiler o la hipoteca de mi apartamento teniendo en cuenta que estoy afectado por un despido temporal?
  • ¿Qué pasará con la financiación de mi empresa?
  • ¿Dejamos las inversiones paralizadas?
  • ¿Se aplazarán los impuestos adeudados?
  • ¿Cómo pago los salarios de mis empleados si no hay ventas?

Las preguntas que van entrando son de todas las variedades y colores, además que con un crecimiento exponencial a medida que pasa el tiempo.

Una vez más, el conflicto se plantea entre principios esenciales del derecho privado que son radicalmente distintos:

¿Se aplica el pacta sunt servanda («los acuerdos deben cumplirse») o en su lugar se opta por el rebus sic stantibus (¨los acuerdos devienen inaplicables debido a un cambio fundamental de las circunstancias¨)?

Lo que esto significa es que, mientras hablamos, algunos clientes debido a estas circunstancias excepcionales, plantean a sus arrendatarios que no pagarán la renta de su local o hogar, o que se condonen sus deudas a sus acreedores, o simplemente la cancelación de los pedidos previamente acordados a sus proveedores sin ninguna compensación. Por otro lado, tenemos clientes que consideran estas demandas suficientes para un incumplimiento de contrato y plantean demandarles.

El camino hacia la litigiosidad está servido y, en consecuencia, la quiebra de muchas empresas e individuos seguirá creada por la imposibilidad de cumplir con sus obligaciones si no se les ofrece una ayuda real y mutua, especialmente desde los profesionales del derecho y los agentes reguladores, lo que hace que ahora más que nunca sea el momento para una nueva visión del Derecho. 

Abogados que actúen como soporte para alcanzar acuerdos, evitando el pleito por un cumplimiento religioso de los contratos. No nos quedemos sentados esperando una mano desde las administraciones públicas a través de nuevos decretos, y comportémonos como verdaderos seres humanos, manteniendo los mejores intereses de cada uno en el fondo, a través de la colaboración.

Desafortunadamente, si sólo nos ocupamos de nuestro propio bienestar, ya sea como empresas o como individuos, todos se verán envueltos en demandas contra todos, con unos efectos mortales para la sociedad y el consiguiente colapso económico, llevándonos a una fractura social irreparable para las futuras generaciones.

Está en nuestras manos encarnar en primera persona la función social de la profesión de la abogacía, (aplicable no solamente para los profesionales del derecho, sino más bien a toda la sociedad).

En estos momentos cruciales, los abogados no sólo deben asesorar y defender los intereses de los clientes en última instancia, sino, sobre todo, asesorarlos para obtener soluciones justas y equitativas para todas las partes.

El arte de reequilibrar los intereses de las partes involucradas en cualquier conflicto, e incluso los pleitos familiares, requerirá mucha artesanía de un buen abogado para restaurar la sostenibilidad en el sistema, mientras se crea uno nuevo, más justo, más humano.   

Debemos aprovechar el confinamiento y el distanciamiento físico (además de cualquier tiempo libre que tengamos en nuestras manos) como una oportunidad para un verdadero tiempo de reflexión para los tiempos venideros después del COVID-19, y reconsideremos en qué mundo queremos vivir realmente.

Como resultado de la pandemia, aboguemos por la adaptación de los efectos inevitables, para el beneficio común en defensa del interés social y público no sólo el nuestro propio o el de nuestros clientes. 

Si, como los profesionales médicos, que trabajan incansablemente para salvar millones de vidas, pensamos en las consecuencias de nuestras acciones a largo plazo, todos estamos en el punto de mira, no sólo los abogados o los legisladores, y a través de la compasión y el uso correcto de los medios que tenemos nuestra disposición, también podemos salvar vidas en el futuro mediante la elaboración conjunta de un nuevo sistema, y con él definir una nueva visión del Derecho.

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