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3 de Febrero de 2020

La gestión del cambio en la abogacia

La abogacía es una profesión que debe adaptarse a los cambios que se van produciendo en la sociedad de manera ágil. De hecho, los Abogados siempre estamos en constante actualización de conocimientos para poder desempeñar con la debida diligencia nuestro trabajo, el aprendizaje lo tenemos incorporado en nuestro ADN

Myriam Isabel González Navarro,
Socia Barberán & González Abogados
Directora y coautora de Abogacía y Mujer lidera tu carrera hacia el éxito


¿Por qué nos cuesta tanto adaptarnos a la actual situación de cambio?

La principal dificultad radica en que los Abogados tenemos incorporada una dinámica de trabajo que es muy complicado cambiar. Juzgados por la mañana, clientes, estudio y redacción de escritos por las tardes ¡no hay horas en el día!, cada vez más obligaciones administrativas y nuestros honorarios disminuyen por la competencia de los despachos de bajo coste, lo que hace cada vez más difícil que podamos contratar personas que nos ayuden con las labores administrativas.

En esta situación, tenemos que ser capaces de digitalizar nuestro despacho adaptándolo a las nuevas tecnologías, teniendo en cuenta la gran responsabilidad que supone para un letrado por ejemplo un fallo en un cómputo de un plazo, recordemos lo que supuso para muchas personas la implantación de LEXNET principalmente porque el programa se impuso sin asegurarse del perfecto funcionamiento del mismo y la situación de estrés que provocaba que el escrito no entrara cuando vencía, es difícil de olvidar, la firma digital obligatoria, la protección de datos, etc.

Los Abogados nos hemos adaptado con un gran esfuerzo por nuestra parte, porque sino no podríamos continuar trabajando, pero la actualización digital debe incorporarse como un elemento más en nuestro día a día.

Si la administración o un juzgado tiene un problema informático lo dejan para el día siguiente, pero a un Abogado no se le puede estropear el sistema porque no hay disculpa posible.

Los Abogados trabajamos con datos sensibles de nuestros clientes y es lógico que nos queramos asegurar que el sistema funciona perfectamente antes de implantarlo, por ello retrasamos su instalación.

Por otra parte, la actual situación de cambio requiere una modificación en la estructura de los despachos más acorde con la de una empresa, cuando los Abogados somos servicio público y ello implica que no nos podemos regir exclusivamente por criterios mercantilistas, aunque la tendencia va dirigida en esa dirección.

La mayoría de los Abogados tienen vocación de servicio, tienen siempre un volumen de trabajo destinado a ayudar a aquellos que lo necesitan, situación que no se da en las empresas.

Por otra parte, los Abogados que se incorporan al turno de oficio tienen obligación de atender a sus clientes percibiendo unos honorarios por parte de la administración muy por debajo de los de mercado.

Además, existen asuntos de enorme complejidad que si los Abogados nos rigiéramos exclusivamente por criterios mercantiles nunca nos haríamos cargo de ellos porque no serían rentables.

La resistencia por parte de muchos Abogados al cambio, puede justificarse porque implica una alteración en sus valores, actuar exclusivamente en base a criterios mercantiles para poder competir, desvirtúa la esencia de la profesión, la vocación de servicio.

La sociedad tampoco se puede permitir este cambio drástico de actuación de los Abogados lo que hace necesaria una discusión en la que participen todos los intervinientes en la administración de justicia para crear un marco adecuado que permita armonizar las necesidades del mercado con la esencia de servicio público de la profesión.

Para conseguir disminuir la resistencia al cambio, dado que siempre implica que las personas afectadas estén dispuestas a salir de su zona de confort, es imprescindible realizar una labor de comunicación intensa que consiga explicar la necesidad del cambio.

En la abogacía este trabajo no se ha realizado o por lo menos ha sido totalmente insuficiente. En una gran parte del sector, existe el sentimiento que todo lo que se hace es en favor de los grandes despachos, lo que implica que los pequeños hayan desconectado de su relación con los Colegios Profesionales y estén funcionando ajenos a las decisiones que se adoptan y a las discusiones que se plantean. Por otra parte, las obligaciones impuestas a los despachos por parte de la administración no tienen en cuenta el tamaño del despacho ni sus ingresos lo que muchas veces ocasiona en los abogados la sensación de impotencia e incluso desafección con la profesión.

Todo cambio implica que la persona que lo tenga que realizar lo acepte y actúe para implantarlo.

En estos momentos poderse adaptar implica por parte del Abogado un esfuerzo personal muy importante. Fortalecer sus valores y trabajar inteligencia emocional, relacional y social, aprender habilidades como la toma de decisiones, estrategia, comunicación, liderazgo, resiliencia, gestión del tiempo, creatividad, innovación, tecnología, networking además de estar al día en la materia propia de su especialización.

En este proceso es necesario realizar un gran esfuerzo por parte de la Administración y los distintos Colegios Profesionales para lograr un marco en el que el desempeño de la profesión de Abogado sea lo suficientemente atractiva, tanto profesional como económicamente, de modo que los Abogados decidan acometer su actualización y se sientan verdaderos actores del cambio.

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