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8 de Noviembre de 2018

Las cualidades intelectuales del abogado litigante

Todo abogado litigante debe disponer de una serie de habilidades fundamentales para la mejor ejecución de su actividad, cualidades que podrían dividirse en: físicas, intelectuales, estratégicas, morales, etc. No obstante, y dada su amplitud, hoy nos vamos a centrar en las intelectuales, competencias sin las cuales difícilmente podrá alcanzar sus objetivos en el foro.

Óscar Fernández León,
Abogado. Experto en habilidades profesionales
@oscarleon_abog


Capacidad de estudio

El abogado litigante  debe de ser, sobre todo, estudioso. La defensa del asunto y su exposición en sala requiere siempre el conocimiento de las normas, doctrina y jurisprudencia aplicable al caso, ya que en la fase de informe o conclusiones deberá razonar debidamente su petición. Por lo tanto, el estudio del caso con el análisis contrastado de los hechos, la forma de acreditarlos a través de las pruebas necesarias y la aplicación del Derecho, son elementos esenciales que deben estar siempre presente en la formación del abogado litigante.

Disciplina

Vinculado a lo anterior se encuentra la constancia y disciplina. La constancia es la virtud que nos lleva a que, una vez tomada una determinación o decisión concreta, se lleve a cabo lo necesario para alcanzar las metas propuestas aunque surjan dificultades externas o internas o disminuya la motivación personal, gracias a un esfuerzo continuado para pasar a la acción venciendo las dificultades. Sin disciplina será difícil la preparación de un juicio, máxime cuando es imprescindible un estudio y planteamiento bien gestionado del caso, y, qué duda cabe que durante su preparación surgirán dificultades y adversidades, como por ejemplo los imprevistos o la acumulación puntual de trabajo.

Organización

Ser organizado es igualmente una habilidad esencial para el abogado litigante. Al conocer con la suficiente antelación la fecha de nuestra intervención, éste tiene que organizarse cuidadosamente para preparar las dos fases fundamentales del juicio: práctica de la prueba y conclusiones. Para ello, deberá saber manejar criterios de organización y gestión del tiempo estableciendo los hitos temporales para la preparación del caso. No hay nada más perjudicial para un abogado que prepararse un juicio el día antes de la vista, pues el riesgo de fracaso es altísimo

Previsión

El buen abogado litigante nunca dejará nada al azar. Todo juicio requiere la determinación clara de la estrategia a seguir: la preparación de los interrogatorios, tanto de nuestros testigos como a los de la parte contraria, y la preparación del informe. Todo, absolutamente todo, debe estar medido y previsto. Sorpresas, las mínimas y si se producen, tendremos que haber planeado cómo actuar ante los imprevistos.

Memoria

La memoria, entendida como la facultad de recordar determinada información, constituye una cualidad fundamental del abogado litigante, dado que el marco en el que éste se desenvuelve requiere sin lugar a dudas una capacidad de evocación de aspectos fácticos y jurídicos de aplicación al caso que está defendiendo.

Sin perjuicio de tratar este tema más específicamente en otro apartado, baste señalar por ahora que el funcionamiento de la memoria se rige por diversas leyes, entre las que destacamos las siguientes:

Ley de atención: se recuerda mejor en la medida que haya mayor atención y concentración.

Ley de la afectividad: lo que nos resulta agradable es más fácil de recordar.

Ley de totalidad: si los recuerdos forman parte de un todo coherente y armónico la capacidad de recordar es mayor.

Ley de asimilación: las ideas se recuerdan mejor si estas se asocian a otras existentes en la mente, ya insertas en una estructura conocida.

Ley de extensión: se retiene mejor por pequeños pasos.

Ley de repetición: se memoriza más mientras más se repite una percepción.

Ley de latencia: la latencia es el tiempo que transcurre entre las percepciones y el momento en que se realiza la evocación de lo adquirido. Esta retención disminuye al aumentar el tiempo de latencia.

Serenidad

La serenidad es una virtud esencial para el abogado litigante, ya que en el contexto de la lucha que representa un juicio, y más concretamente la vista, el abogado debe controlar su estado de ánimo para actuar de la forma más eficaz puesto que la precipitación, nerviosismo, miedo, etc. son enemigos de una correcta intervención. Un abogado litigante que intervenga con serenidad sabrá dominar los nervios y el miedo que toda intervención oral en presencia de terceros suele producir, transmitiendo con ello seguridad y solidez en sus planteamientos, y lo que es más importante, sabrá construir y desarrollar sus argumentos con la claridad y precisión necesaria.

Atención

La capacidad de atención, y con ello la concentración cuando se actúa en estrados es esencial, ya que el abogado deberá conocer la «topografía de la sala» y estar permanentemente alerta y centrado en todo lo que ocurre a su alrededor, no perdiendo de vista ningún detalle que pueda ayudar a su defensa. Un gesto de pesar del abogado contrario; una mirada furtiva de un testigo a su abogado; la actitud del juez, todo, absolutamente todo lo que ocurre en sala, son factores que deben ser procesados para que, ayudados por nuestro ingenio y la capacidad de reacción, adoptemos la medida más adecuada.

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