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Nuevas Tecnologías

12 de Diciembre de 2013

¿Puede el sector jurídico confiar en Internet?

Los profesionales del sector deben incorporar las nuevas tecnologías a su trabajo para ofrecer servicios adaptados a las necesidades de sus clientes

Cohaerentis Prot-On


Aunque la falta de seguridad es un freno para dar el salto a la red, existen herramientas que garantizan la confidencialidad e integridad de la información.

Las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) no son el futuro, son el presente y forman parte de nuestro día a día. Todos los sectores han hecho grandes esfuerzos para adaptarse al nuevo contexto, y el jurídico no podía ser menos. Como auguraba Richard Susskind, pionero en el campo de la tecnología de la información y el Derecho, "la abogacía sufrirá más cambios en la próxima década de los que tuvo en los últimos 200 años" y, por ello, se sumerge en un proceso revolucionario que cambiará parte de su manera de trabajar.

En este proceso surgen muchas dudas. La falta de seguridad, el desconocimiento y el miedo a lo nuevo son algunas de las objeciones que argumentan muchos abogados para no incorporar las tecnologías a su trabajo. Y de estos tres, el primero parece ser el más preocupante. En este sentido, las noticias sobre seguridad, o la falta de ésta, en la red parecen no ayudar mucho a convencer a los abogados de lo contrario. La red presenta innumerables brechas de seguridad, tanto tecnológicas como organizativas, que permiten a individuos externos e, incluso, internos, robar información de las bases de datos de las empresas o interceptar documentos que se intercambian a través de la Red.

La naturaleza digital e intangible de Internet da una percepción de inseguridad sobre la información mucho mayor que la que se tiene cuando se manejan datos en soportes físicos. Parece que si se comparten archivos a través de Internet se pierde irremediablemente el control sobre ellos, ya que es como si se firmarse un "contrato de cesión" de por vida del que no hay posibilidad de arrepentirse. Y esta afirmación catastrofista la realizan muchos abogados: no podremos tener plena confianza en las redes sociales, el correo electrónico, las plataformas de almacenamiento en la nube u otros servicios de la red mientras que éstas no sean capaces de demostrar que aplican de manera efectiva controles para preservar la privacidad de los mismos.

Pero esta percepción no es exclusiva de los abogados. Según un estudio realizado por el Colegio de Politólogos y Sociólogos de Madrid para Prot-On, a un 81,6% de los internautas españoles les preocupa la información que comparte en Internet y un 76,8% afirma que realizaría más gestiones de tipo administrativo o financiero por Internet si existiera más seguridad en la red. El informe "¿Confiamos en Internet?" continúa analizando los usuarios de estos servicios y muestra que el 83,4% de los encuestados que realizan habitualmente gestiones a través de la Red está preocupado por la seguridad de la información que está compartiendo. Si la ciudadanía piensa así, ¿por qué iban los abogados, que gestionan información confidencial de miles de empresas y particulares a confiar en Internet?

A pesar de las reticencias, van a tener que hacerlo. Es cierto que los usuarios desconfían de la red, pero cada vez la utilizan más y en más ámbitos. Y los profesionales de la abogacía tienen que empezar a eliminar las barreras mentales que obstaculizan la incorporación de recursos tecnológicos que les ayuden a mejorar sus servicios y ofrecer otros nuevos adaptados al contexto social actual: estar en la red para que los clientes puedan encontrarlos -un estudio de una consultora de York apunta que el 46% de los usuarios buscan abogado por Internet- y conocer la red para defenderlos si tienen problemas legales relacionados con ella -fugas de información, privacidad, LOPD, derecho al olvido, etc.-.

Este nuevo medio puede resultar menos peligroso de lo que parece si se trabaja de la manera apropiada: utilizar herramientas de protección y gestión de archivos, adquirir dispositivos de almacenamiento con capacidad de cifrado, usar antivirus actualizados, realizar copias de seguridad periódicamente de toda la información, utilizar contraseñas seguras y cambiarlas cada cierto tiempo, etc. Y a la hora de incorporar nueva tecnología, los profesionales de la abogacía deben priorizar que garantice la confidencialidad, la integridad y la disponibilidad de la información que está manejando.

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