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RRHH

19 de Julio de 2019

Abogados y Recursos Humanos

Es innegable que las facultades de derecho no sirven para crear perfiles humanos aptos para el desarrollo de la abogacía, ya que no crean conciencias asépticas y alejadas de convencionalismos ideológicos y creencias que son propias de cada ser humano.

Pedro Muñoz,
LaBE Abogados


Cada ser humano contiene en su mente unos paradigmas ideológicos a los que se abraza cómo manifestación y conformación de su propia personalidad, pero cuando esos paradigmas pesan más o son más influyentes que la aséptica u objetiva función a la defensa del cliente, ese letrado está anteponiendo sus creencias o valores al desempeño de su profesión.

Por tanto, cada proceso de selección en un despacho de abogados ha de tender a la selección de personas que no estén limitados por unas fuertes creencias personales que le impidan enriquecerse con el mero fluir de los hechos o acontecimientos que le circunden, ya que enriquecerse mediante este proceso es enriquecerse en primera persona, y dejando en un segundo plano convicciones y paradigmas culturales heredados de manera consuetudinaria sin pasar por el filtro de la experiencia personal del yo en primera persona.

Los letrados que alcanzan el éxito en la profesión lo hacen por sus  altas dosis de pragmatismo y de la vertebración de una conciencia experiencia basada en la experimentación en primera persona, y por tanto, renunciado a valores sociales y creencias asumidas por el individuo pero no contrastadas desde el yo.

Lo tengo claro, la diferencia entre la gente que triunfa y todos los demás está en que los primeros maximizan sus talentos e ignoran sus debilidades.

Mientras la mayoría se empeña en disimular sus puntos débiles, otros echan leña a sus puntos fuertes para despegar como cohetes.

Pero, si es así, ¿por qué seguimos haciendo lo contrario?. Digamos que es lo que hemos aprendido. Desde pequeños nos han hecho dedicar mucho más tiempo a corregir lo que se nos da mal en lugar de potenciar lo que se nos da bien.

Y si no, dime,

Si llegabas a casa con las notas del curso y tenías un par de sobresalientes, varios "bien" y dos suspensos, ¿en cuáles se fijaban tus padres?

En las malas.

Daba igual si tenías un 10 en inglés, porque si veían un 3 en matemáticas se alarmaban de tal manera que lo siguiente era hablar con el profesor y buscarte un refuerzo para aquello que se te da mal.

¿El resultado?

Una sociedad plagada de gente mediocre que no destaca ni se diferencia.

Maestros de todo, expertos en nada.

Ya sabes lo que pienso sobre el sistema educativo actual: la educación, tal como está planteada ahora mismo, es parte del problema.

Los jóvenes han sido (y siguen siendo) educados para un mundo que ya no existe. Todas esas demás personas de ahí fuera creen que deben dedicar su foco, tiempo y esfuerzo a pulir sus debilidades.

Y yo te digo que si estoy aquí, escribiéndote este artículo, es porque he hecho todo lo contrario. Es un tema al que he estado dándole vueltas en los últimos años, así que si estás cansado de tapar tus debilidades y no ver un avance real...

Por eso un despacho que se precie y quiera llegar lejos en la calidad que quiera ofrecer a sus clientes se ha de distinguir por la independencia y madurez de los profesionales que lo conforman, ya que poner el acento tan sólo en el conocimiento de los mismos es igual a desterrar la posibilidad de crecer técnicamente cada día con el estudio y con la exposición al cliente.

 
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