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3 de Mayo de 2010
Antonino Pío: paradigma de buen directivo
Se encuentra ampliamente difundido el sentimiento de que quienes ocupan puestos políticos deberían contar con la suficiente preparación técnica y ética para ejercer su función en servicio de sus conciudadanos. A lo largo de la historia se hallan numerosos ejemplos de dirigentes que han contado con el correcto equilibrio entre sus obligaciones técnicas y sus preocupaciones deontológicas. Uno de ellos es, Antonino Pío (19 de septiembre de 86 - 7 de marzo de 161), conocido como el cuarto de los cinco emperadores buenos del Imperio romano.
Javier Fernández Aguado,
Socio director de Mindvalue. Fernández Aguado es el único pensador español contemporáneo sobre el que se han escrito más de 150 libros y ensayos. También es conferenciante universalmente invitado en cuestiones de economía y empresa.
El comienzo del desarrollo profesional de Antonino
Pío fue facilitado fundamentalmente por
su abuelo materno, Arrio Antonino, persona de gran integridad y amplia
formación. Pertenecía al grupo de amigos de Plinio el Joven. Tanto entonces como ahora, para que alguien
triunfe deben confluir habitualmente dos circunstancia: que alguien abra la
puerta y que quien entra sepa dar muestras claras de su valía. Así sucedió
con el caso que nos ocupa.
Muchas fueron las capacidades que
demostró Antonino para el buen gobierno. Dicho de otro modo: numerosas son las palabras del idioma del liderazgo
que supo hablar este Emperador. Mencionaré aquí algunas:
- Capacidad de delegar. En vez
de enfrascarse directamente en cada uno de los frentes abiertos, Antonino supo
gobernar mediante legados. Uno de los ejemplos más claros es el de Britania.
Allí fue Lolio Urbico quien, siguiendo sus instrucciones, mantuvo a raya a los
isleños. Es más, llegó a construir otro nuevo muro de 60 kilómetros, desde el
río Forth al Clyde. También gobernó Antonino mediante el sistema de delegación
en el caso de Mauritania, en Germania, en Dacia, en Acaya, en Egipto...
- Fortaleza. No llega a ser líder alguien excesivamente
complaciente. Cuando sea preciso, ha de contar con la energía suficiente
para poner a cada uno en su sitio. Así hizo Antonino, reprimiendo los
levantamientos que se sucedieron en su época. Muy particularmente hubo de
actuar para contener a los alanos.
- Gestión justa de los recursos.
No permitió Antonino que los procuradores se extralimitaran en su función de
recogida de impuestos. Es más, diseñó un sistema de reclamaciones que
directamente se le reportaba por el que llegó a conocer algunos casos de
injusticia, que rápidamente atajó.
- Respeto a sus antecesores.
Entre los múltiples motivos que se alegan para explicar el porqué de su
apelativo -Pío- se encuentra que cuando su suegro, Adriano, se encontraba ya
anciano, él le ayudaba ofreciéndole su brazo y hombro para que en ellos se
apoyara. Además, promovió la deificación de su antecesor, a pesar de la
oposición de no pocos que no habían sido beneficiados por Adriano.
- Promovió la ética en todos los
niveles. En concreto, enfiló a los usureros, poniendo todos los medios para
que quienes se dedicaban a esta actividad (en la actualidad serían los hipotequeros) dejasen de hacerlo.
- Racionalizó la función pública.
Tras el oportuno estudio, Antonino redujo el número de funcionarios a servicio
del Estado. Se lee en la historia Augusta: "suprimió
los salarios de muchos que veía que los percibían a pesar de mantenerse
ociosos, alegando que no había cosa más vergonzosa, o incluso más cruel, que el
que arruinaran a la república aquellos individuos que no aportaban nada a ella
con su trabajo".
- Generosidad. Cuando fue
preciso, Antonino implicó su propio
patrimonio en beneficio de sus subordinados. Así invirtió en la adquisición
de vino, aceite y trigo, para repartirlos al pueblo cuando hubo necesidad de
ello.
- Humildad. En su posición de
Emperador, no se aprovechó Antonino de
las prerrogativas que su cargo le proporcionaba. Es más, continuó
manteniendo una relación cordial con sus amigos. A la vez, y este punto también
es relevante, que no permitió que esa amistad afectase a la justicia de sus
decisiones. En otras palabras, no cayó en ninguna forma de nepotismo.
- Paciencia. Destacó también
Antonino por su capacidad de soportar a
los inoportunos, incluso cuando estaba en disposición de poner a cada uno en su
sitio. Entre las anécdotas que pueden mencionarse se encuentra la
siguiente: de visita a la casa de M. Valerio Homulo (Cónsul en el 152),
sorprendido el Emperador por unas columnas de púrpura, preguntó sobre el lugar
en que las había adquirido. La grosera respuesta del político fue:
Cuando vayas a una casa ajena, mantente mudo y sordo.
En vez de airarse, soportó el desdén con ejemplar aguante.
De su buen hacer, queda reflejo en la historia Augusta con las siguientes
expresiones: "Fue un hombre de notable belleza, de preclaro talento, de
moderadas costumbres, de expresión nobel, de plácido semblante, de carácter
singular, de brillante elocuencia, de particular erudición, sobrio y celoso,
aficionado al campo, gentil, generoso y respetuoso con lo ajeno, y mesurado y
sin presunción en todas las virtudes, loable, en fin, en todo y digno de ser
parangonado con razón con Numa Pompilio a juicio de los hombres de bien".
Un buen epitafio, que con los oportunos ajustes cualquier directivo debería
anhelar.
La última palabra que pronunció, ya en el lecho de muerte, fue:
-Ecuanimidad.
En un
tiempo en el que numerosos miembros de la clase política dejan tanto que
desear, el ejemplo de Antonino Pío es un paradigma claro de comportamiento
recto.
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