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RRHH

20 de Noviembre de 2009

¿Dónde están los profesionales comprometidos?

José Aguilar López,
Catedrático del Área de Comportamiento Humano de Foro Europeo, Escuela de Negocios de Navarra.


- ¿No se trabajará los fines de semana, verdad?

- En principio, no. Procuramos organizar las tareas de modo que todas queden cumplidas dentro del horario laboral

El entrevistador se sentía molesto: de un tiempo a esta parte, los recién licenciados llegaban cada vez con mayores exigencias y condiciones. ¡Qué lejana la época en la que los chicos de su generación tocaban con temor reverencial la puerta de los Despachos, dispuestos a todo por conseguir la oportunidad de comenzar su carrera en una firma prestigiosa! En aquellos años no se hablaba de horarios ni de vacaciones.

El propio entrevistador, socio a los 43, se siente en parte identificado con el muchacho que tiene ante él: el mismo expediente académico brillante, la misma determinación, ideas muy claras sobre sus objetivos... Pero algo ha cambiado. Él es consciente del precio que ha pagado para alcanzar su posición actual. Tras años de duros esfuerzos, ahora puede beneficiarse de todas las ventajas asociadas al punto álgido de una brillante carrera profesional.

La pregunta recurrente del muchacho saca al entrevistador de sus recuerdos:

- Entonces, ¿seguro que no se trabaja ningún fin de semana?

- Como te decía, sería una circunstancia verdaderamente excepcional. Manejamos bien los flujos de trabajo y negociamos con nuestros clientes unos plazos factibles.

Finalmente, el candidato manifiesta la razón de tanta insistencia:

- Mira, es que yo esquío.

- Ningún problema, replica el entrevistador. Durante la temporada, dispondrás de los fines de semana para practicar tu deporte.

El tira y afloja culmina en la demanda que plantea el candidato: un compromiso formal por parte de la empresa de respetar todos los fines de semana.

Ya sólo en su despacho, el entrevistador no se explica cómo ha permitido que la conversación continuara después de semejante petición. Hace sólo unos pocos años, un comentario de esa naturaleza habría puesto punto final a la charla.

Pero las cosas han cambiado. Ahora cada vez hay menos gente disponible en el mercado. Hay que pensárselo muy bien a la hora de desechar a un candidato, sobre todo si reúne todo el perfil para el puesto. ¿Es sólo un problema cuantitativo? No, concluye el entrevistador. También se ha producido un cambio de valores. Es curioso cómo en tan poco tiempo se han modificado las formas de pensar y de responder en un ámbito profesional. El caso del esquiador no es un problema aislado, tan solo es una manifestación algo más exagerada de un fenómeno cada vez más común. Este muchacho quiere hacer una buena carrera profesional. A lo que no está dispuesto es a renunciar a otras dimensiones de su vida para alcanzar este objetivo. Está claro que es una persona capaz de trabajar esforzadamente.

"Lo que le diferencia de mí, piensa el entrevistador, es que yo aposté por un proyecto a largo plazo y recibí el premio por mis esfuerzos de un modo progresivo, con el paso del tiempo. Él es capaz de enfrentarse a un reto de duración limitada y quiere una recompensa inmediata. Mi carrera ha sido más lineal, y los vínculos que he establecido con mi organización han sido sólidos y duraderos. Muchos de los que se sientan hoy aquí conciben su carrera como por etapas, que se pueden vivir con intensidad pero que dejan paso sin ningún sobresalto a la fase siguiente. Sus vínculos tienen fecha de caducidad y por eso es hasta cierto punto lógico que no dilaten hacia el futuro la compensación por esfuerzos presentes".

Toma nota para tratar el asunto en la próxima Junta de socios. A lo mejor, los problemas acuciantes que han identificado en los últimos años (y que tanto dinero les cuestan) tienen una causa a la que no han prestado la debida atención: los altos índices de rotación, sobre todo en determinados perfiles; las dificultades para reclutar jóvenes con talento; los problemas operativos derivados de la escasa disponibilidad de las nuevas generaciones de abogados, reacios a dar un paso más allá de sus estrictas obligaciones y restrictivos a la hora de asumir proyectos que exijan pasar noches fuera de casa... Tal vez todas esas situaciones no son más que expresiones distintas de un mismo fenómeno. El entrevistador cierra su agenda electrónica porque ya le anuncian la llegada del nuevo candidato. Está dispuesto a afrontar el problema, consciente incluso de las dificultades que va a encontrar entre los actuales socios, que interpretan estos comportamientos como una falta de compromiso. "El compromiso está ahí -concluye-, sólo que hay que ganárselo; ya no nos lo regalan como antes". Pero mientras el próximo aspirante cruza el umbral de la puerta, el entrevistador decide internamente no contratar al esquiador.

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