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RRHH

1 de Abril de 2009

Formarse, la mejor inversión

“Mejor no gastar en la formación de los colaboradores, ya que el día menos pensado se nos van los profesionales”. Esta es una excusa que he oído en boca de varios titulares de despachos. La pregunta es: ¿qué pasará si no invierto en la formación de los profesionales que se quedan en el despacho? Al corto plazo tal vez nada; a medio y largo plazo, quien piensa así está creando su propia pérdida de competitividad.

Iolanda Guiu,
socia de Barton Consultants, SL, consultora de marketing y organización para despachos de abogados (www.burton-consultants.com)


La formación coherente con la estrategia del despacho es siempre una inversión. Muchos profesionales entienden la formación como la actualización de los conocimientos, sobre todo técnicos, que se han adquirido en la etapa universitaria. Es mucho más.

En realidad, la formación es una actitud ante la vida, tanto profesional como personal. Debemos huir de los tópicos. Formarse no significa solamente asistir a cursos sobre las materias técnicas de la profesión. En su caso, no significa sólo realizar cursos, seminarios o talleres sobre derecho, novedades legislativas, interpretación de leyes, etc.

Significa, además, acercarse a aquellas disciplinas que pueden ayudar a comprender mejor al cliente, a saber cómo organizarse o cómo gestionar su tiempo, a controlar su estrés o a aprender a dirigir un equipo.

Me atrevería a decir que hay mucho más qué aprender en materias no jurídicas que en materias jurídicas. Estas materias no se estudian en la universidad pero su conocimiento tiene una importancia fundamental en el ejercicio de la profesión.

Como quizá ya habrá leído en un artículo de Francesc Domínguez, el Principio de Pareto nos lleva a afirmar que el éxito profesional se basa en el 20 % de conocimiento y el 80 % de habilidades personales no técnicas. ¿En qué debe formarse? Le sugeriré algunos temas: comunicación interpersonal, marketing, trato al cliente, habilidades directivas, gestión del tiempo, liderazgo, negociación...

Actualmente, el tiempo es un bien escaso y el tiempo de un profesional siempre está repleto de tareas. Así, no es extraño escuchar: "Sí, tendría que formarme, pero no tengo tiempo". Lo cierto es que esta actitud es una excusa, puesto que hay infinidad de vías para formarse. Quien adopta la "actitud" de formarse, nunca deja de hacerlo y aprovecha cualquier situación para aprender. Además de asistir a cursos, usted puede ver películas interesantes, adquirir libros para su autoformación, contratar a un profesional para sesiones puntuales, organizar algún seminario en su propio despacho.

Otra excusa suele ser el coste de la formación. Para empezar, la formación debe considerarse una inversión. La buena formación le permitirá rentabilizar la inversión a corto/medio plazo puesto que la experiencia de servicio de sus clientes será mejor, sus colaboradores se implicarán más en su trabajo porque habrá aprendido a dirigirles, su familia gozará de un padre, una madre, un hijo o una hija más relajado y satisfecho lo cual se traducirá en su trato con los que le rodean.

No formarse sí tiene un coste y es muy alto. Si de verdad quiere tener éxito en su profesión invierta en formación. Si usted quiere, puede.

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