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RRHH

19 de Septiembre de 2011

La responsabilidad social de la abogacía se consolida: de tendencia de futuro a consolidación en los despachos

Hace años que venimos hablando de la RSC en despachos. De hecho, incorporo al menos una sesión en todos mis programas a jóvenes abogados para reflexionar sobre las peculiaridades que tiene la responsabilidad social de la abogacía (en adelante, RSA), que entiendo como todos aquellos compromisos del despacho o de los abogados que derivan del impacto que su actividad produce en los ámbitos social, laboral, medioambiental y de los derechos humanos.

Marisa Méndez,
Consultora de marketing y desarrollo de negocio en despachos de abogados


Para ello, suelo utilizar casos reales de abogados que han combinado su actividad profesional con cierta implicación social, bien a través de ONGs u otras ONLs, de su participación política o en el ámbito de los derechos humanos, y que han aportado su granito de arena para que su entorno más o menos cercano fuera un poco mejor tras su paso  por él.   Durante años, la sesión se pasaba explicando el concepto y qué estaban haciendo los despachos. Sin embargo, últimamente, la pasamos debatiendo sobre si es el altruismo o una estrategia de marketing la que mueve estas acciones. Si ya estamos debatiendo esto y no la pertinencia de la RS en los despachos es que vamos por buen camino y el concepto ya ha calado. Recordemos cómo hemos llegado hasta aquí y qué momento estamos viviendo.

La responsabilidad social en el ámbito de los despachos ha llegado de manera muy natural. Los primeros contactos con el concepto se referían a la responsabilidad de los clientes - al asesorarles en cuestiones legales relacionadas como el buen gobierno corporativo - y a mediados de la primera década del siglo, al extenderse y popularizarse la RSC, los abogados aceptan que la tendencia social va también con ellos. Es entonces cuando comienza una labor de reorganización de las desordenadas actividades de impacto social que se estaban haciendo - probono, donaciones, voluntariado, colaboración con ONGs, buenas prácticas en cuestiones de medio ambiente... -  y se empieza a dar forma a los actuales Programas de Responsabilidad Social, que si bien beben de lo que se ha hecho en otros sectores, se diferencian por la función de los abogados en la sociedad y porque en paralelo a dicha tendencia social, los abogados siempre han estado sometidos a unas normas de ética profesional que, sin duda, alimentan y se encuentran en los pilares de la RS de la Abogacía.

Y ¿en qué momento nos encontramos?

Personalmente, encuentro mucho interés por conocer los límites de la responsabilidad social en despachos (especialmente, cuando se acerca al turno de oficio), por definir quienes pueden ser los beneficiarios de estas actividades y sobre todo como organizar esta actividad para que no suponga destinar recursos necesarios para el negocio.

Además, por fin se entiende que la RSA no es exclusiva de las grandes estructuras y los colegios de abogados - como el Colegio de Abogados de Madrid a través del Centro de Responsabilidad Social - ayudan a organizar y canalizar las inquietudes de abogados y despachos pequeños.

No obstante, y al margen del tamaño, para que la responsabilidad social sea válida y consistente en el tiempo - y no se cuestione interna y externamente- ha de nacer de la convicción personal de los socios del despacho, y ésta no debe faltar si atendemos a los importantes beneficios externos, internos y personales que reporta la RSA. Los beneficiarios directos serán aquellos afectados por las acciones de responsabilidad del despacho, pero un ejercicio sincero y responsable de la actividad del abogado beneficia a la motivación y el orgullo del equipo de trabajo y, sin duda, a quienes participan en hacerlo posible.

En este momento, podemos empezar a pensar en modernizar las acciones de responsabilidad social para abarcar nuevos campos y movilizar a profesionales que hasta ahora no se han acercado. Y, de hecho hay un evento, denominado este año Rock & Law que organizan las firmas más conocidas de la abogacía de los negocios que cumple esta función. Se inició en Lisboa hace unos años y desde el año pasado se celebra también en Madrid. Consiste en que son los propios abogados los que dan un concierto y con los beneficios dan un empujón a alguna iniciativa social relacionada con la abogacía.

Para terminar, es importante recordar que no todas las actividades económicas juegan un rol tan importante en el sostenimiento y desarrollo de nuestras sociedades como la abogacía y, por ello, no podemos quedar en la retaguardia del debate de la responsabilidad social.  Cada despacho es libre de decidir qué tipo de difusión quiere dar a sus acciones de responsabilidad social y tan válido es optar por la discreción y un perfil bajo, siguiendo la máxima "que tu mano derecha no sepa qué hace tu izquierda", como el comunicar abiertamente lo que se hace. Eso sí, si tuviera que elegir, opto por ser transparentes y hablar claramente de las acciones sociales y los efectos positivos que el despacho hace en áreas ajenas al puro negocio ya que pueden generar un efecto dominó en otros despachos y abogados.  Como casi todo en la vida, ser coherente es ya correcto.

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