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17 de Diciembre de 2009 José Aguilar, autor de Crecer después de la crisis (Top Ten Business Experts)

“La crisis nos hace salir de la rutina”

  • "Todas las crisis se acaban"
  • "El peor modo de atravesar una crisis es aguardar pasivamente a que pase el chaparrón"
  • "Después de una crisis se crece de otro modo"

José Aguilar López es Doctor en Filosofía y PDD por el IESE. Socio Director de MindValue y vicepresidente de la Asociación Internacional de Estudios sobre Management (ASIEMA). En la actualidad es Catedrático del Área de Comportamiento Humano de Foro Europeo, Escuela de Negocios de Navarra. Como especialista en Dirección de Recursos Humanos, Comunicación y creación de empresa, ha dirigido seminarios y cursos en numerosas Universidades y Escuelas de Negocios de Europa y América. Es autor de numerosos artículos, estudios y libros. “Crecer después de la crisis” (Top Ten Business Experts) llega a los quioscos y librerías el 19 de diciembre. Top Ten Business Expert es una colección que se comercializa a través de Expansión.

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¿Qué vamos a encontrarnos en el interior de Crecer después de una crisis?

En el libro encontramos la posibilidad de levantar un poco la vista. La obsesión por lo inmediato nos impide observar la vida y el trabajo con un poco de perspectiva. El mensaje es que todas las crisis se acaban, y que vale la pena ir preparando el escenario en el que vamos a competir cuando llegue ese momento. Los seres humanos nos acostumbramos a todo, incluso a la crisis. Ésta acaba imponiendo sus propias rutinas. La ralentización de la actividad, la reducción de la capacidad operativa como consecuencia de una caída en la demanda, son situaciones que al principio resultan traumáticas, pero con el paso de los meses se acaban convirtiendo en algo normal. En el momento en el que el mercado se active, muchas organizaciones van a encontrarse lentas de reflejos. En ese momento, quienes van a aprovechar las ventajas del relanzamiento económica serán las empresas que empiecen a preparar ya ese nuevo escenario. No es tiempo de seguir lamentándose por la crisis, sino de preparar la postcrisis.

Dicen que se aprende más de los errores que de los aciertos. ¿Y si trasladamos la frase a tiempos de crisis respecto a otros de bonanza?

La crisis es una escuela única. Probablemente durante décadas no tendremos la oportunidad de vivir una experiencia de aprendizaje semejante. La situación vivida en estos meses está produciendo muchos perjuicios, pero si la sabemos aprovechar, podemos obtener de ella beneficios enormes en términos de innovación y cambio de perspectiva.

La crisis nos da dos lecciones muy instructivas. En primer lugar, nos hace salir de la rutina. Después de años de sobreexplotación de modelos de negocio agotados, urge cambiar, pero a todos nos cuesta romper con las inercias y pensar en nuevos modos de competir. La crisis es el altavoz de una advertencia que deberíamos oír más a menudo, pero que se nos suele pasar por alto: el que vende siempre lo mismo y del mismo modo, acaba no vendiendo nada.

La segunda lección es que para sobrevivir en entornos inciertos es preciso utilizar los recursos de una manera altamente eficiente. Durante estos meses nos hemos entrenado en políticas de contención del gasto que deberían ser mantenidas incluso en ciclos expansivos de la economía. La cultura de la sobriedad no es una receta sólo para tiempos de crisis, sino que resulta saludable en todo momento

Antes la crisis, unos imitan al avestruz y otros a la tenista Arantxa Sánchez Vicario, cuando apretaba los dientes al grito de ¡Vamos!

El peor modo de atravesar una crisis es aguardar pasivamente a que pase el chaparrón, con la esperanza de que entonces podremos recuperar las prácticas que nos dieron éxito en el pasado. El error consiste en entender la crisis como un paréntesis entre dos escenarios de negocio favorables y muy similares. Después de estos meses, competiremos de un modo distinto a como lo hicimos en el pasado. Quien se prepare ya para ese nuevo escenario de una manera creativa, tendrá una ventaja decisiva.

Las dificultades nos hacen más fuertes, más resistentes. La metáfora del deporte es muy oportuna. Lo que hace grande a un campeón no es la superioridad insultante, sino su capacidad de hacer frente a la adversidad.

¿Sabemos tomar decisiones en entornos inciertos?

En periodos más estables, podíamos tomar decisiones sobre la base de comportamientos ajenos relativamente previsibles: clientes que seguirán comprando, bancos que seguirán financiando, empresas que seguirán dando empleo... La quiebra de estas seguridades lleva a la convicción de que, en momentos de mayor inestabilidad, cada uno debe ser capaz de seguir avanzando por sí mismo, independientemente de que lo que hagan otros. Esta experiencia no debería conducir a comportamientos insolidarios, pero sí a una mayor conciencia de que la mejora en las propias capacidades aporta mayor seguridad que un contrato "indefinido".

Estos momentos plantean la necesidad de una formación para la que no existe manual: la que nos debe preparar para un escenario de crecimiento económico hasta cierto punto impredecible. En parte la adquiriremos en instituciones que no se conformen con ofrecer soluciones pre-cocinadas, y en parte la desarrollaremos a través de experiencias compartidas, en un entorno activo de aprendizaje, dentro de nuestro propio trabajo.

La gestión de la crisis empieza por uno mismo, dice en su libro.

Los periodos de crisis producen sobre la economía el mismo efecto que las glaciaciones sobre las especies: nos exigen una gran capacidad adaptativa, pues de otro modo desaparecemos. En estos momentos, hay estilos de liderazgo que son especies en vía de extinción. Han tenido éxito en otros escenarios, pero probablemente no tengan espacio en el entorno competitivo hacia el que nos dirigimos. El primer reto en una crisis es sobrevivir, pero el segundo (tan importante como éste) consiste en prepararse para la postcrisis. El cambio no se opera en estructuras anónimas, o en el diseño teórico de nuevos modelos de negocio. El cambio bien entendido empieza por uno mismo. Esto no significa que los profesionales más relevantes de esta década vayan a desaparecer necesariamente en la que viene. Se trata, simplemente, de la obligación de evolucionar, para quienes deseen seguir en primera línea en un mundo postcrisis.

¿Cómo se crece tras una crisis?

Después de una crisis se crece de otro modo. Más allá de los eslóganes y de las intencionalidades políticas, estoy convencido de que se crecerá de una manera más sostenible. La sostenibilidad, antes que un diseño económico, es una forma de vida. Sostenible es, en primer lugar, la persona que disfruta con lo que tiene, obtiene el máximo rendimiento de sus recursos y establece un vínculo duradero con todo lo valioso que tiene a su alcance.

La crisis, en la medida en que nos exige cuidar mucho más a las personas y los recursos disponibles, nos prepara para un escenario económico más sostenible. En los próximos años no sólo nos ocuparemos de generar energía renovable, sino que nos esforzaremos en renovar las competencias propias y las de nuestra gente. Así, pondremos las bases para un crecimiento auténticamente sostenible.

Con voluntad y compromiso, ¿saldremos de ésta...?

La historia muestra que toda crisis se acaba. La voluntad de las personas, su afán por salir adelante, es más fuerte que los problemas estructurales que plantean los modelos económicos agotados. El compromiso va a jugar un papel clave en el proceso de recuperación. Durante estos meses, se ha producido una pérdida general de confianza entre los diferentes agentes que intervienen en la actividad económica. Las decisiones de inversión y de consumo están muy condicionadas por la incertidumbre que generan los comportamientos ajenos. Un reforzamiento del compromiso como valor esencial de las relaciones (comerciales y personales) es la mejor ayuda para que dejemos a un lado los temores y volvamos a crear riqueza.

Su libro, como hemos dicho, se titula Crecer después de una crisis. Sin GPS, ¿cuándo encontraremos al final del túnel?

Las crisis, en ocasiones, tienen fechas emblemáticas de comienzo, como el jueves negro (24 de octubre de 1929). Sin embargo, no tiene una fecha única de salida. Entre otras cosas, porque los acontecimientos globales son complejos y afectan a cada economía y a cada sector por oleadas. Cuando se desató la crisis de las subprime, España gozaba de una buena salud financiera y algunos pensaron que la tormenta sólo nos alcanzaría de refilón. Hoy, cuando algunas economías empiezan a crecer, España se ve sumida todavía en un entorno de contracción. La crisis acabará en fechas distintas, según cada país y cada sector de actividad. Recomiendo no prestar excesiva atención a los augurios de "expertos", pues o bien están condicionados por diferentes intereses; o bien están desacreditados por su estrepitoso fracaso al vaticinar hace tres años el escenario en el que nos íbamos a encontrar hoy. Cada uno, en su propio negocio, tiene un observatorio privilegiado para percibir en qué momento comienza a salir de su crisis. Propongo prestar atención a la evolución del propio mercado, más que a fenómenos económicos de carácter global.

Y, en todo caso, antes que jugar a las adivinanzas, la receta para estos meses en hablar menos de la crisis y trabajar más para preparar la postcrisis.

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