El Debate
14 de Enero de 2008
La Ley del Cine
La nueva Ley del Cine parece despertar las simpatías de los realizadores, pero no queda claro que sea el proteccionismo la salida a una industria en plena crisis. Nuestros invitados nos dan sus opiniones sobre este interesante tema.
A favor
- Aparicio Caicedo. Analista de Gertrude Ryan Law Observatory
-
El 28 de diciembre del 2007 se aprobó en las Cortes, con un alto
consenso de las fuerzas políticas, la Ley del Cine. El texto, cuya
tramitación parlamentaria comenzó en septiembre, incluye un paquete de
medidas para ayudar al sector, que van desde las desgravaciones
fiscales a la creación de un nuevo fondo para películas en lenguas
cooficiales.
- Además, define la figura del productor
independiente, flexibiliza la cuota de pantalla (porcentaje de
películas europeas que tienen que proyectar las salas), impulsa la
creación de salas municipales y la creación de un convenio colectivo
sectorial estatal que regule los aspectos laborales. Con mucho acierto,
el legislador también consideró de vital interés apoyar el patrimonio
audiovisual nacional. Para esto se han destinado partidas
presupuestales que faciliten la restauración y la digitalización de
diferentes recursos fílmicos en peligro de desaparecer.
-
La situación era insostenible. No resultaba fácil explicar cómo,
mientras la Biblioteca Nacional y el Museo del Prado -por poner dos
ejemplos- recibían subvenciones para su funcionamiento, gracias a las
cuales lograban altas cotas de reconocimiento internacional, la
Filmoteca Nacional seguía condenada al ostracismo y lo que es peor, al
deterioro.
- Por tanto, esta normativa garantiza a la
industria unas determinadas condiciones de seguridad, que de otra
manera serían impensables. Este tipo de aproximaciones ha sido tenido
en cuenta por diferentes países de nuestro entorno ,que persiguen, como
nosotros, proteger el patrimonio fílmico nacional y dotar a los
realizadores locales con herramientas para luchar contra la inundación
de productos internacionales, sobre todo los provenientes del todo
poderoso Hollywood. Esta norma nivela a los contendientes, de manera
que sea justa la competencia de ahora en adelante.
- La
protección de la cultura en general y de la industria filmográfica en
particular tiene una vertiente económica, pero también una identitaria
que debe ser tenida en cuenta. Respaldar la excepción cultural europea
y garantizar la identidad de nuestro cine es un deber social que el
Estado debe afrontar, y así lo hizo el pasado 28 de diciembre.
-
Con respecto a la enmienda promovida por CiU: evidentemente, aceptar
que una película, no dirigida por un español (o comunitario),
pretendiera conseguir los beneficios que brinda la ley, era poco menos
que deslegitimar sus logros. Asumir como nacional una realización, sólo
porque el 75% de quienes intervinieron en ella fueran españoles, podría
llevar a los productores a copar los puestos de poca relevancia
artística con mano de obra nacional, hasta alcanzar este porcentaje.
Contratando todo el equipo de montaje y transporte con una firma local,
el promotor lograría fácilmente alcanzar los tres cuartos que lo
separan de las subvenciones, el último cuarto podría ser el equipo de
dirección. Sólo asegurando que el máximo responsable de la película es
Español, o de un país de nuestro entorno, se podrá hablar de cine
Europeo, que es de lo que se trata.
- Al final el acuerdo
fue casi unánime entre las fuerzas políticas y los artistas lo
recibieron con la esperanza de que sea suficiente para sacar el cine
español a flote.
En contra
- David Baquero. Analista de Maiestas Institute
-
Como estudiantes de colegio, las Cortes dejaron los deberes para lo
último. Basta echar una mirada a las ediciones del BOE previas a la
llegada del 2008, para ver el desbordamiento legislativo producido por
el inminente fin de la legislatura. Entre la normativa probada, hay una
espacialmente proteccionista y burocrática: la Ley del Cine (Ley
55/2007).
- Esta normativa, aprobada el 28 de diciembre,
deja entrever el poco interés que tienen los cineastas españoles por
competir abiertamente en el mercado global del celuloide y el
plegamiento de la case política española ante uno de los cabildeos más
poderosos del reino.
- Pretender reforzar y dinamizar la
industria cinematográfica con subvenciones, cuotas de pantalla y
coeficientes de inversión obligatoria para los canales de televisión,
equivale a condenar el cine a mantenerse en la periferia mundial; en un
resguardo artificial que le impedirá satisfacer a propios y extraños.
-
Esta ley no intenta hacer más grande el negocio, sino garantizar que la
tarta siga siendo del mismo tamaño y con los mismos comensales. Un
ejemplo de esto, fue que el Congreso de los Diputados echó abajo una
enmienda, propuesta por Convergència i Unió (CiU), la cual establecía
que una película era española si el 75% del personal que intervino en
su realización tenía esa nacionalidad. Al rededor de cincuenta
directores se mostraron indignados ante la afrenta, al considerar que
"vulnera la excepción cultural europea y perjudica la identidad de
nuestro cine". Los miembros de la plataforma promovieron un movimiento
(que terminó imponiéndose) para eliminarla. Los directores rechazan así
la competencia directa de sus colegas al otro lado de la frontera
comunitaria, en un gesto de corporativismo poco artístico. Conclusión,
una película sólo será española si su director lo es, la única
excepción a la regla serán los realizadores comunitarios, quienes
quedan amparados por la norma. Sorprende, pues, lo conservadores que
pueden ser los progresistas cuando de dinero se trata.
- El
caso que mejor ilustra esta injusticia es el de Guillermo del Toro y su
"Laberinto del Fauno" (ganadora de siete premios Goya, tres BAFTA y
tres Oscar de la Academia). La película contó en su momento con un 75%
de presupuesto nacional, financiado en gran parte por Tele5, y, gracias
a la nueva norma, que no sería considerada española -y por ende no
podría acceder a los beneficios fiscales establecidos- según la nueva
ley.
- La Unión de Televisiones Comerciales Asociadas
(UTECA) se mostró en contra de la nueva ley, por considerarse el sector
más afectado, aunque no se les impuso un porcentaje mayor de inversión
al establecido el 2004 (5%). UTECA considera que este tipo de normas
atentan contra la libertad de empresa y desestimula la sana competencia
entre los realizadores locales y foráneos.
Vote:
Resultado:
81 votos