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El crecimiento exponencial que han experimentado los despachos de abogados ha despertado el interés de muchas firmas consultoras y medios de comunicación. Éstos se han lanzado a realizar infinidad de rankings y estudios de mercado, con el fin de seguir de cerca los avances y retrocesos de un sector en plena ebullición. Nuestros invitados discuten sobre la conveniencia, o no, de este auge.
Nadia Núñez, colaboradora de Legal Today
Es verdad que el número de informes dedicados al mundo del los despachos se ha disparado en los últimos años, pero este no es un fenómeno pernicioso por sí mismo; es más, yo diría que favorece la pluralidad de fuentes y disminuye el monopolio de la verdad que creen tener algunas publicaciones especializadas.
Es un error asumir que los argumentos metodológicos, esgrimidos anteriormente, son un problema exclusivo de los rankings legales: situaciones como éstas se presentan en cualquier ámbito de la investigación, sin que ello deba detener la producción intelectual. ¿Qué sería de la economía, el mercadeo o la ciencia política, si decidiéramos detener las investigaciones porque ellas entrañan retos metodológicos? La postura de Sartori -valida sin duda- es una llamada de atención para aquellos que realizan los informes, pero también para quienes los leen. Asumir que la gente traga entero cuanto pasa por sus ojos es subestimar su capacidad de síntesis y crítica.
Además, el 99% de los informes presentan sus normas rectoras, de manera que la gente verdaderamente interesada puede determinar que grado verosimilitud le asigna a cada dato. No recuerdo un solo ranking que careciera de una ficha técnica y, de haberlo, de suyo es diseccionarlo con pinzas.
Juan Linz, él también, premio Príncipe de Asturias de la Ciencias Sociales (1987), dijo en una conferencia que "menos sabríamos si no preguntáramos" en referencia a este tipo de posiciones inmovilistas. Lo importante no es que se viertan toneladas de paja, la clave es que exista trigo. El mercado merece ser estudiado, los consumidores de servicios jurídicos necesitan herramientas que les permitan discernir el estado de las empresas prestadoras de servicios jurídicos a nivel local y global, de otra manera no se entendería la avidez con que son publicados por los medios y devorados por los lectores.
No conviene desmerecer los estudios, simplemente porque no todos alcancen cotas elevadas de solvencia; de ser así se cometería el error de tomar la parte por el todo.
Así que nada de oscurantismo técnico, la competencia pondrá a cada uno en su lugar.
David Baquero, colaborador de Legal Today
Los medios de comunicación especializados se han visto inmersos en una carrera por generar estudios, que, con el paso del tiempo, han dejado de ser mecanismos de profundización en la realidad del mercado y se han convertido en una simple competencia por tener el informe más novedoso y actualizado.
Así las cosas, los rankings se solapan unos a otros, sin que el avance de los criterios investigativos sea el verdadero motor que dinamiza esta carrera. Desafortunadamente, la primera víctima en este proceso de relajamiento metodológico es la verdad. Cuando los mecanismos de medición son opacos, se abre una puerta para la manipulación de los datos; un escenario propicio para quienes quieren ganar en los diagramas, lo que son incapaces de conseguir en los balances.
Con frecuencia, los estudios son extremadamente específicos, hasta el punto de que es imposible sacar conclusiones generales. Giovanni Sartori, Premio Príncipe de Asturias de las Ciencias Sociales 2005, lo planteó así: cuando se denota mucho, se connota poco y viceversa; es decir, a medida que aumentamos las características de los sujetos a estudio (por ejemplo: un ranking de despachos especializados en propiedad intelectual en un pueblo "X", que cuenta con 2000 habitantes.) somos más precisos y por eso mismo las conclusiones son menos generalizables (¿de que nos sirve un listado, si sólo existen dos sujetos que, por sus características, son comparables?). Si caricaturizamos el problema, lo veremos con mayor claridad: si quisiéramos estudiar la dieta de los jugadores de baloncesto, catalanes, que juegan en la NBA y que llevan barba, podríamos ser muy específicos y entender el fenómeno a profundidad. El problema es que nuestras conclusiones sólo le serían útiles a Pau Gasol. Tres cuartos de lo mismo sucede con muchos pseudo estudios que se presentan con bombos y platillos en la prensa especializada.
Convendría que los consumidores de esta información mantuvieran una actitud crítica, hay que separar la paja del trigo, y no dar por validos informes que pasan por técnicos, cuando a duras penas soportan los estándares de calidad periodísticos.
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