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Artículos de Opinión

Cómplices

4 de Mayo de 2020

La gran mayoría de los hechos criminosos, están configurados como actos individuales, personales o particulares; sin embargo, esto no impide que en la comisión de estos, puedan participar otras personas, las cuales ayudarán para la concreción de los fines ilícitos que hayan sido previamente trazados. A estas personas que auxilian para que se cometa un delito se les denomina cómplices.

José Luís Vegas Roche,
Profesor Universitario
Especialista en técnicas de litigación oral


Los cómplices tienen diversos modos de participar en la empresa delictiva, uno de ellos, es el cómplice en cuanto a los medios, esto es, aquél que proporcionará los objetos o instrumentos necesarios para ejecutar el hecho típico que el autor pretende materializar; ejemplo, si alguien quiere cometer un robo y para ello necesita un arma, entonces este cómplice le facilita el arma de fuego con la cual robará; si por el contrario, necesita un vehículo para trasladar la mercancía hurtada o robada, este secuaz, le facilitará un auto para que con él pueda trasladar los objetos provenientes del delito.

Otro de los cómplices que la mayoría de las veces participa auxiliando o reforzando la actuación del autor en el hecho criminoso, es el ayudante en cuanto a los actos, en este supuesto, el cómplice no le presta auxilio antes de la conducta típica, en este caso la ayuda es concomitante, es decir, la persona presta la ayuda o auxilio al momento mismo de estar ejecutándose el delito; ejemplo de esto pudiera ser aquél que se queda en una esquina para avisar mediante un teléfono o un radio a otro que está robando dentro de una tienda, e igualmente pudiera ser el que vigila que no venga nadie mientras descargan el vehículo con los objetos robados o hurtados.

Una tercera clasificación, es aquella que define al cómplice en cuanto al resultado, este colaborador, no participa ni antes, ni al momento mismo de estar ejecutándose el delito, por el contrario, su participación se produce cuando ya el delito se ha perfeccionado, cuando ya se ha materializado o cuando ya se ha ejecutado; ejemplo de este implicado sería aquél que prometiera esconder el arma después de haberse ejecutado el robo, o que colabore para descargar la mercancía hurtada o robada, del vehículo en donde se trasladó.

Ahora bien, transportándonos al campo de lo lícito, de lo legal, de lo permitido y refiriéndonos estrictamente al abogado litigante, en muchas de sus apariciones hay personas que colaboran, antes, durante y después de un caso. Al igual que el malhechor, el profesional del derecho también cuenta con sus cómplices, colaboradores, ayudantes o coparticipes. Para ser un buen litigante, es necesario, imprescindible e indispensable que un abogado cuente con un cómplice que le proporcione medios para salir avante en la causa que trabaja; por ejemplo si es fiscal del Ministerio Público, es forzoso que algún profesional de mayor experiencia le proporcione información sobre cómo hacer una acusación fiscal, o le permita un escrito que pueda tomar como modelo o referencia, e incluso le instruya sobre cómo realizar dicho acto conclusivo fiscal, de conformidad con las exigencias de la norma procesal.

En el caso de la defensa, el litigante necesita de un ayudante que le suministre alguna buena bibliografía, una doctrina, una jurisprudencia, o en todo caso que le apoye con un escrito de oposición de excepciones o de contestación a la acusación fiscal, para que de esa manera pueda controvertir la pretensión del Ministerio Público.

En lo atinente a los actos, al estar en medio de la audiencia el abogado litigante, llámese fiscal o defensor, necesitará estar asistido por algún cómplice que le vaya apoyando sobre los elementos que utilizará y el orden en que estarán los medios de prueba que pretenda hacer uso. De idéntica manera, será bueno que ese colaborador esté atento a las respuestas de un testigo frente al interrogatorio o contrainterrogatorio que está ejecutando la persona a quien está ayudando dicho cómplice. Este colaborador asistirá en todo lo concerniente a aquello que necesite el litigante dentro de la audiencia, deberá tener la mayoría de las cosas ordenadas, la doctrina, las distintas leyes, la jurisprudencia, las experticias, las declaraciones anteriores; deberá saber donde está cada cosa en el escritorio, este apoyo resultará de mucha ayuda para el abogado litigante, llámese fiscal o defensor.

En el caso del cómplice en cuanto al resultado, este es aquél que auxilia al abogado buscando las copias de la decisión, el que se traslada al tribunal a verificar que ya fueron notificadas las partes del fallo, el que verifica si se le está dando el tramite indicado al recurso; e incluso es aquella persona que en nombre del abogado litigante va a llevar la boleta de excarcelación de un detenido o en todo caso le espere a este último al estar saliendo de la cárcel para trasladarlo a donde el abogado le hubiere indicado previamente.

Pero, no son solo los cómplices, colaboradores o ayudantes, antes nombrados, los que tiene el abogado litigante; pues a ellos hay que agregarles o sumarles a sus hijos, pues dichos descendientes tienen a veces que comprender y aceptar que papá o mamá –según sea el litigante- no podrá estar con ellos en un determinado momento ya que debe estar trabajando, así también estos retoños en algunos casos colaboran eficazmente con sus padres al ayudarle a buscar en el internet, algunos elementos importantes para la teoría del caso que está adelantando su progenitor.

En idéntico sentido, existe un cómplice sosegado, que en muchos casos es incondicional, y este es su esposa o esposo, su novia o su novio, así como en algunos casos su amante. Personas que en muchos supuestos auxilian, colaboran o ayudan más de lo que nos imaginamos al abogado litigante, bien porque comparten la misma profesión o bien porque aun cuando no la compartan, aceptan de manera gustosa realizar cualquiera acto que venga a ayudar a la persona que se quiere y con la cual se hace vida.

Aunque no se le reconozca como una ayuda directa, el no ocasionarle problemas de pareja al abogado litigante, lo ayuda, y lo ayuda bastante. Es necesario reseñar que por supuesto que es un gran cómplice aquél que le brinda una vida sin contrariedades al litigante, pues ello redundará en una mejor capacidad de concentración del letrado en el caso que le corresponda representar, mientras que un togado que tiene problemas con su pareja el estar concentrado se le complicará y eso debemos y tenemos que verlo desde el lado humano, ya que estos hombres y mujeres que defienden día tras día la ley, al igual que muchos otros, sufren, sienten y padecen.

Resultaría impensable dejar de lado como cómplices a las secretarias, hay algunas de ellas que conocen más de derecho que los propios abogados y que se vuelven uno más al momento de trabajar un caso; ellas sacan copias, buscan en los libros, atienden las llamadas, salen a comprar –o preparan- comida, sirven el café, se quedan en la oficina hasta la hora que sea necesario, llegan más temprano, y en definitiva hacen lo que tengan que hacer para que el abogado litigante logre su cometido.  

Así las cosas, cada vez que usted vea a un abogado litigante sobresalir, destacarse o resaltar en su profesión; recuerde que detrás de él, siempre, siempre, pero siempre, siempre; habrá un abnegado y silente cómplice…     


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