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El estrés y los valores de la abogacía

5 de Octubre de 2010

Santiago Sinópoli,
abogado y consultor psicológico


El fin de un artículo, por lo menos para mí, es el mismo que tengo cuando desarrollo clases: tratar de prender en el Otro una llama, una luz, que permita aclarar algo,  aunque la aclaración sea pequeña. No me conforma llenar al prójimo con contenidos, sin que algo positivo quede. Claro está que esto no se garantiza en todo destinatario de mis mensajes. Es que el Otro amplifica los trasmitido, según su "mirada". Cada lectora o lector recibe el mensaje, concordando lo leído con su experiencia personal más cercana y así ¨mi libreto¨ deja de ser mío y entra en una danza de subjetividades. De esta manera la escena inicial -la que yo escribo- aparecerá completada por la contribución de quién lo lee. El libreto en adelante será distinto.  

De acuerdo a lo expuesto, mi artículo: "El estrés en la abogacía debe haber sido subjetivado muchas veces, tantas como los lectores que se animaron a su lectura." En algunos se puede haber prendido la 'llama', le habrá resonado de alguna manera, en otros casos, debe haber pasado sin llamar la atención. Es que a todos no los va a movilizar por igual.

Lo particular del artículo sobre el trabajo sobre estrés, es que -lo confieso- una vez que salio de mi persona, volvió a entrar en mi ser, al leer la publicación y me produjo uno de los efectos antes apuntados dejándome  sensibilizado, como si fuese un lector más. Esto suele suceder cuando uno da clases. De ellas se sale aprendiendo, a veces más que los alumnos. El trabajo me tocó y me siento motivado a ampliarlo en lo relativo  a los ¨valores ¨que conforman la identidad del abogado y que actúan como ejes del equilibrio profesional,  y en relación al estrés nos llevó a decir siguiendo a Daniel López Rosetti en su libro: ¨El estrés de Jesús¨: ¨La escala de valores, es para nuestra vida, el camino a seguir, nuestro norte. Es más frecuente encontrar personas con estrés entre quienes los test muestran una falta y/o falla en la escala de valores. Por el contrario, aquellas personas que tienen conceptos rectores y valores personales claros y definidos rigen sus acciones en base a ellos, resisten mejor los estresores ¨.

Esto significa ni más ni menos que no se puede vivir una abogacía-a-valorativa, meramente pragmática. Pensar lo contrario no solo es allanar el camino al estrés como enfermedad, sino que se está tirando por la borda a la profesión misma.
Uno debería leer y pensar los valores que construyen el edificio de la abogacía, con cierta periodicidad, como un rezo laico¨, o debatirlos y trabajarlos grupalmente, algo a lo que los abogados no estamos acostumbrados. En la publicación hablo de algunas obras que con magnifica pluma, describen la esencia de la abogacía, desarrollan sus valores. Entiendo que es pertinente ampliar los contendidos de alguna de ellas, para poder visualizar mejor los valores de la abogacía, y emplearlos como meditación u ¨oración, para recordar siempre cual es nuestro norte.  Elijo a tal fin a: ¨Los mandamientos de abogado¨, de Eduardo J. Couture, que tienen la fuerza, por su estilo, de un poema apropiado para  fortalecernos psíquica y por, ende  físicamente, para saber actuar frente a los estresores (causa del estrés) que no son otra cosa que las amenazas que se encuentran en la ¨selva profesional¨. Dicen los mandamientos:

  1. Estudia. El derecho de transforma constantemente. Si no sigues sus pasos, serás cada día menos abogado.
  2. Piensa. El derecho se aprende estudiando, pero se ejerce pensando.
  3. Trabaja. La abogacía es una ardua fatiga puesta al servicio de la justicia.
  4. Lucha. Tu deber es luchar por el derecho; pero cada día que encuentres en conflicto el derecho y la justicia, lucha por la justicia.
  5. Séleal. Leal para con tu cliente, al que no debes abandonar hasta que comprendas que es indigno de ti. Leal para con el adversario, aún cuando él sea desleal contigo. Leal para con el juez, que ignora los hechos y debe confiar en lo que tú dices; y que, cuando al derecho, alguna que otra vez, debe confiar en el que tu invocas.
  6. Tolera. Tolera la verdad ajena en la misma medida en que quieres que sea tolerada la tuya.
  7. Ten paciencia. El tiempo se venga de las cosas que se hacen sin su colaboración.
  8. Ten fe. Ten fe en el derecho, como en el mejor instrumento para la convivencia humana; en la justicia, como destino normal del derecho, en la paz, como sustitutivo bondadoso de la justicia; y sobre todo, ten fe en la libertad, sin la cual no hay derecho, ni justicia, ni paz.
  9. Olvida. La abogacía es una lucha de pasiones. Si en cada batalla fuerza cargando tu alma de rencor, llegará un día en que la vida será imposible para ti. Concluido el combate olvida tan pronto tu victoria como tu derrota.
  10. Ama tu profesión. Trata de considerar la abogacía de tal manera que el día en que tu hijo te pida consejo sobre su destino, consideres un honor para ti proponerle que se haga abogado. 

Couture no nos va a disipar mágicamente,  la ¨niebla del mundo profesional¨, que por momentos nos envuelve con su manto, de una manera intensa. Pero si nos puede  ayudar, como ya anticipé, a encarar muchos de los agentes causantes del estrés o  estresores,  internos o psicológicos (miedos, frustraciones, necesidades, ambiciones, soledad, ansiedad, aspiraciones profesionales, etc.) y de origen externo o mundo socio-profesional (el jefe, el compañero de trabajo, el juez, el cliente, aquel abogado, la calidad del medio ambiente profesional, las presiones económicas, la seguridad laboral y la otra, etc.) También la permanente toma de conciencia de estos valores, nos permitirá evitar el desmantelamiento del Yo Abogado, de la Subjetividad Profesional, que es una parte del aparato psíquico - no todo- y es aquella porción de la psiquis que se inscribe en el modo histórico de producción del cada sujeto. La subjetividad como abogado es aquello que me instituye como tal, que me hace ser profesional.

La fractura de estos principios o valores de la abogacía importan la ruptura de la ética profesional, la razón de ser nuestra, de nuestro proyecto profesional trascendente. Se acaban nuestras certezas profesionales. Viene el sufrimiento, el vacío, las nauseas. El estrés tiene la entrada asegurada.

Reitero, junto a López Rosetti, que la importancia de que los abogados tengamos en claro el proyecto o misión profesional, porque el poseerlos, el tener la existencia de una meta brinda la sensación subjetiva de que existe algo claro que lograr, algo por qué esforzarse y trabajar y como consecuencia, agrega seguridad a nuestras acciones y en virtud de ello esperanza.

Les dejo la inquietud sobre el tema estimados colegas. Hasta la próxima.

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