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Artículos de Opinión

15 de Marzo de 2013

El final de las Cajas de Ahorro

En el epicentro de la crisis económica y financiera, las Cajas de Ahorro han sido objeto de noticias de forma casi diaria, que ha terminado por desembocar en una ola de fusiones y nacionalizaciones hasta la práctica extinción de esta clase de entidades. De esta forma, asistimos a una reordenación del mapa financiero español cuya “bancarización” ha terminado por diluir el modelo de las antiguas Cajas.

Enrique Fernández-Sordo Llaneza,
Abogado


La crisis económica ha generado a su vez en España, una crisis de índole inmobiliaria, financiera y laboral. Y curiosamente en todas ellas en mayor o menor medida, han estado las Cajas de Ahorro sumidas en cierta manera. Poco o nada quedaba ya del concepto del "ahorro popular" que representaban nuestras Cajas, nacidas con un espíritu social pero con una carcasa similar a la banca tradicional. Y es que pese a que operativamente de cara al consumidor final, Bancos y Cajas compartiesen similitudes casi idénticas, su naturaleza jurídica era bien diferente, porque mientras que los Bancos se configuran como sociedades anónimas, y por tanto, con el ánimo de crear el máximo valor y beneficio a sus acciones, las Cajas tenían una estructura fundacional cuya Obra Benéfica representaba, a priori, el eje central de su actividad, o cuanto menos, el objeto por el que se constituían. Sin embargo, su propia actividad financiera propició que se equipararan prácticamente a la Banca, hasta el punto que nuestro Tribunal Constitucional las calificó como entidades de crédito de naturaleza empresarial.

Tal vez en el momento en que dejaron en segundo plano su actividad benéfica, consideraron que para hacer frente a la Banca, había que "bancarizarse", y fruto de esa reacción fue una primera fase de fusiones en la década de los 90 y comienzos de siglo, que redujo el número de Cajas de 66 a 45. Sin embargo, se trata de una reducción que contrasta de forma casi drástica con la que sucedió posteriormente, en la que en el periodo entre 2009 y finales de 2011, el mapa financiero español sufría una reestructuración a consecuencia de la crisis que motivó pasar de las 45 Cajas mencionadas a apenas 11. A día de hoy, únicamente son 2 pequeñas Cajas las que mantienen su actividad financiera (Ontiyent y Pollença).

Es por ello por lo que ya se habla del final de la vida de nuestras Cajas, ya que con excepción de las dos mencionadas, todas ellas ejercen su actividad financiera a través de los bancos creados a tal efecto, convirtiéndose lo poco que queda de su antigua estructura en fundaciones de carácter especial, lo que sin duda, supone la desaparición de una de nuestras señas de identidad en el ámbito financiero.

Quizás como mecanismo de salvaguarda de nuestras Cajas, nació en 2011 el denominado Sistema Institucional de Protección (SIPs) que a la postre ha significado el vehículo de integración de las mismas en los bancos a los que han traspasado su negocio financiero. Es así como nacieron algunos grupos como Bankia o Unimm, integrado por una pluralidad de Cajas que a través de lo que se denominó como fusión fría, trataron de adaptarse no sólo a las realidades de liquidez y financiación que el mercado global en plena recesión requería, sino también a las constantes exigencias de Bruselas. Hoy, varios de estos grupos han terminado bien en manos de otro banco mayor, o bien en manos del FROB, pero todas ellas con su negocio financiero traspasado al grupo bancario creado a tal efecto, persistiendo únicamente la figura y nombre de la antigua Caja, en lo que ahora es una Fundación, heredera de la Obra Social.

En este sentido, hay quien se preguntó en su momento que para qué servían nuestras Cajas en cuanto a su diferenciación con la Banca, ya que si el negocio financiero de ambas era casi idéntico, no sólo en cuanto al modelo minorista y operativo en sucursales, sino también mediante la inversión de capital en negocios alternativos (caso de crear grandes grupos inmobiliarios o ser accionistas de referencia en constructoras o eléctricas) la diferenciación por el contrario radicaba en la Obra Social como elemento neutral del espíritu de la Caja. Afirmación que era rebatida en cuanto que los Bancos contaban con sus propias Fundaciones, y finalmente, ha resultado que éstas son el final del camino para las Cajas.

Y como en todo final de historia, cabe preguntarse si realmente ha habido culpables más allá de la siempre recurrente explicación de la crisis económica.

Pues bien. No son pocos los autores y estudiosos especializados en la materia que llevan años denunciando una severa utilización de nuestras Cajas para intereses que en principio distaban de la propia naturaleza de la entidad. Y uno de los factores más determinantes, sino el que más, ha sido la desmedida inversión inmobiliaria que algunas de nuestras Cajas más importantes afrontaron en su momento, si bien es cierto que no es imputable únicamente a ellas, pero no hay que olvidar que el famoso banco malo se ha constituido por los activos de todas ellas, amen del desembolso realizado por el FROB en las entidades financieras, muy especialmente en Cajas de Ahorro.

Pero no sólo se ha de mirar al mercado del ladrillo para entender el fin de las Cajas, ya que no es óbice que éstas han sido objeto de politización en determinadas Comunidades Autónomas, dando lugar a auténticas luchas de poder, y lo que es peor, a Consejos de Administración en el que apenas figuraban expertos bancarios, gestores y especialistas. Todo ello mientras además existían dos Consejos diferentes, y en ocasiones incluso tres, para un mismo negocio: el de la Caja y el del Banco al que se transmitió la actividad bancaria. Ello no generaba necesariamente una duplicidad de funciones pero sí de salarios, hecho al que el Gobierno ha ido paulatinamente poniendo coto limitando en primer lugar las remuneraciones de las entidades con ayudas públicas, y en segundo lugar, anulando la posibilidad de figurar en el Consejo y en la nueva Fundación al mismo tiempo.

Y al tiempo de las sucesivas reestructuraciones y fusiones, las antiguas Cajas se reorganizan internamente mediante el cierre de un gran número de sucursales y el despido de miles de trabajadores, dejando la plantilla de empleados de banca en cifras que no se veían desde finales de los años 70, de ahí a que hayamos considerado al inicio que tres de las vertientes más reconocibles de la crisis económica, hayan impactado en mayor o menor medida en nuestras Cajas.

Sea como fuere, asistimos al final de un modelo de institución centenaria que para lo bueno o para lo malo, unificará el sistema financiero español en un modelo de negocio. No obstante, conviene estar atentos a los sucesivos cambios en el mapa financiero español, ya que en palabras del Presidente de una de las principales entidades, en dos años habrá en España no más de 15 entidades financieras, lo que habrá dado por zanjado un modelo de ahorro popular suprimido por un negocio bancario.


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