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Incongruencia en los datos sobre personas con discapacidad intelectual en centros penitenciarios

10 de Febrero de 2017

En los centros penitenciarios de nuestro Estado está implantado un programa para detectar a los reclusos con discapacidad intelectual en el momento de su ingreso en prisión o en un momento posterior. Ese programa es tan efectivo en las detecciones que desde Instituciones Penitenciarias a través de las estadísticas que publican y de sus propios funcionarios se han vertido datos sobre el casi nulo error de detección de la discapacidad intelectual al ingreso en el Penal. Curiosamente, se destinan unas importantes partidas presupuestarias para que ONGs trabajen sobre el terreno en la detección de nuevos casos arrojando cifras de descubrimiento de nuevos casos que tiran por tierra la teoría de que no hay apenas casos sin detectar. ¿ Incongruencia?.

Ana María Castro Martínez,
Abogada especialista en discapacidad


Cuando una  se pasa al menos un día a la semana una tarde entera durante 6 años en  centros penitenciarios asistiendo jurídicamente a reclusos, se da cuenta de que algunos de ellos parece que tiene las características de persona con discapacidad intelectual o que lleva consigo una enfermedad mental, condiciones que el recluso dice siempre no poseer o no estar a tratamiento  cuando se le pregunta.

Existen algunos profesionales externos trabajando de forma gratuita en prisión. Uno de esos colectivos son los letrad@s de las Comisiones Penitenciarias  de los Colegios de Abogados, profesionales con verdadero interés en invertir su tiempo ayudando a los otros desde el conocimiento  que permite su profesión.

Conociendo cómo se mueve este ámbito, es sabido que nadie hasta hace muy poco era capaz de reconocer fallos en el sistema penitenciario español, entre ellos, el de que pasasen desapercibidos al ingreso o posteriormente casos de reclusos con discapacidad intelectual o con enfermedad mental. Algo ha ocurrido dado que se han aportado cantidades muy importantes para que profesionales contratados o pertenecientes a ONGs pudiesen investigar desde dentro del sistema. Quizás algo se debía intuir. Comenzaron a permitir  que  entrasen personas externas a investigar y el resultado ha sido sorprendente.

Partíamos de la premisa de que no había errores en la detección desde dentro del centro penitenciario a apoyar con presupuestos salidos de  las arcas públicas a personas externas que detectan que sí hay bastantes casos que no se habían detectado con anterioridad por el sistema penitenciario. Es más, cuando salen a la luz los nuevos casos con datos escalofriantes, el propio Ministerio premia a los que lo han descubierto aunque era vox populis entre los que suelen pasar la tarde en prisiones.

En concreto, se vierten los datos de un programa con reclusos llevado a cabo en Murcia que financia el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, aunque en otras Comunidades ya se había  puesto en marcha con anterioridad. Los datos que se publicaron se basaban en que se conocían únicamente 6 personas con discapacidad intelectual detectada desde dentro del centro penitenciario. Se realiza el programa diseñado por una ONG con personal externo al centro y el resultado fue que detectan 38 personas con discapacidad intelectual que no se tenían diagnosticadas por el sistema penitenciario.

Es una contradicción, se eleva a la categoría de perfección el trabajo en los centros penitenciarios realizado por funcionarios, personal contratado externo, etc  que niegan por activa y por pasiva el mínimo fallo en la tarea de detectar personas con discapacidad intelectual al ingreso en prisión y cuando se permite que investiguen y trabajen ONGs los datos que obtienen son demoledores, sin ponerlos en duda la Administración en ningún momento, contradiciendo lo que se mantenía hasta ese instante pero sin reconocer que algo debía haber fallado. Por tanto, existe una incongruencia entre los datos estadísticos que se publican y la realidad. A las pruebas me remito dado  que en cuanto permiten trabajar  desde dentro del medio penitenciario los resultados que se obtienen hacen saltar todas las estadísticas. Algo debe estar fallando. Y, si es así, reconocerlo es una forma de poder mejorarlo. Desde fuera y desde dentro.

Predicar en el desierto no tiene precio


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