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La calle está limpia, lo dicen los indicadores

13 de Marzo de 2018

La crisis ha dejado en herencia a los ayuntamientos unos contratos de limpieza pensados para ahorrar costes, diseñados desde el ensoñamiento tecnológico de una ciudad automática.

Pedro González Torroba,
Abogado y economista. Doctor en Derecho.
Letrado Consistorial del Ayuntamiento de Madrid
Profesor asociado de Derecho administrativo en la UAM
Profesor en Deusto BS


Mi primo Rafael vino el pasado mes de septiembre a Madrid a estudiar ingeniería. Ahora vive en un apartamento con otros dos amigos. Pocos días después de instalarse me invitó a conocer lo que él llama el pisito. Lo primero que se ve al entrar en el pisito es la cocina, que está integrada a la zona de estar, junto a la entrada. En el fregadero de la cocina había una pila de unos diez platos, varios vasos y cubiertos.

Él me dijo -en esta casa vivimos tres y tenemos 15 platos así que nos resulta muy fácil organizarnos. Cuando nos vamos a quedar sin platos ponemos el lavaplatos. De esta manera nos ahorramos mucho trabajo y también dinero-. Igual hacen con la basura, la bajan cuando se llena el cubo.

Reconozco que soy un poco marujo así que inmediatamente le respondí que en mi casa se lavan los platos todos los días. Aun cuando somos pocos, no cuesta nada lavar uno o dos platos, a mano si es necesario. Mi primo respondió dando varios razonamientos impecables relacionados con el ahorro y la eficiencia. Además, tenían cuantificados los ahorros y facilitaba la organización interna pues todos sabían que tocaba limpiar en el momento de manchar el plato número 12. Lo hacían por turnos. Lo tenían tan organizado que no fui capaz de rebatirle y sin embargo algo en mi interior me decía que eso no funcionaría.

Volviendo a mi casa, me acordé de los debates que hace tan solo unos pocos años teníamos en las reuniones de ayuntamientos o en los congresos de ciudad inteligente. Allí discutíamos la implantación de contratos de limpieza viaria por indicadores. Los argumentos eran impecables, limpios e impolutos. Si una ciudad tiene tres calles, una está limpia y dos sucias ¿Cuántas calles hay que limpiar? Si una ciudad tiene cinco papeleras, dos están vacías o semivacías, y tres están llenas o semillenas ¿cuántas papeleras hay que recoger? Se trataría sólo de saber cuáles son esas papeleras llenas o esas calles sucias.

Como no, la tecnología nos da la solución. Se pone un sensor en las papeleras y automáticamente nos dice cuándo está llena o vacía. Respecto de la limpieza de las calles, como defienden los amantes de los números, todo se puede medir, hasta el nivel de limpieza, basta con definir unos indicadores que a modo de ranking nos lo digan. En realidad hay cosas que son baratas o sencillas de medir y otras que no, pero bueno, creo en la evolución, en la tecnología y en el análisis de datos así que siempre he participado de forma entusiasta en estos debates.

Así es como nacieron los contratos por indicadores vigentes en algunas ciudades. Según estos contratos, las ciudades contratan a empresas para que limpien. No se les dice cómo tienen que hacerlo, sólo que tienen que mantener un nivel adecuado de limpieza. En general, a los técnicos no les agradan los conceptos jurídicos indeterminados así que para saber si existe ese nivel adecuado de limpieza se optó por sacar unos indicadores. Estos indicadores se incluyeron en los pliegos de unos contratos en los que se intenta medir casi todo.

Nos inventamos indicadores de lo más variopintos: de calidad de baldeo mecánico, de peinado, de calidad total de limpieza, de sustrato en alcorques, etc. Así hasta 50 ó 60, dependiendo del contrato. Algunos de los indicadores se calculan con fórmulas que constan de deslumbrantes sumatorios o lustrosas formas cuadráticas. Si el indicador no alcanza el mínimo, los resortes del gobierno municipal responden de forma automática.

La semana pasado volví a casa de mi primo. En el fregadero sólo había dos platos. -Vaya, parece que he tenido suerte y ayer tocó limpieza -le dije a mi primo. No -respondió él- es que ahora limpiamos obligatoriamente cada dos días, a veces olía mal, costaba mucho limpiar lo que llevaba mucho tiempo sucio, seguimos teniendo las mismas reglas de manera que limpiamos cuando nos vamos a quedar sin platos o bajamos la basura si está llena pero hemos introducido una nueva que consiste en que se limpia en todo caso si en dos días no ha tocado limpiar. Parece que se trabaja más, pero no, se trabaja menos y la casa está más limpia.

Claro, me dije. La frecuencia, qué gran indicador. Cómo se nos habrá olvidado. ¿Y los demás indicadores? Pues también. Siempre que sean útiles, claro. Pero ¿cómo dejar fuera la frecuencia? Ahora me viene a la cabeza una frase que leí hace poco de Cedric Price: la tecnología es la respuesta pero ¿cuál era la pregunta?


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