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La delegación de asuntos, una herramienta compleja pero indispensable para el abogado

9 de Marzo de 2015

La práctica de delegar en el mundo de la abogacía es un tema sobre el que hay diferentes opiniones. Muchos están a favor, pero otros se sienten reticentes a llevarla a cabo. Puesto que he sido la persona a la que le han delegado asuntos, me gustaría hacer un análisis de la experiencia vivida y enumerar los diversos beneficios que trae consigo, pero no solo para el abogado que delega, sino también para aquel que realiza el asunto que le ha sido confiado.

Marta Montojo García,
Licenciada en Derecho


Delegar consiste en encomendar un trabajo o una serie de tareas a las personas que por sus conocimientos o dedicación sean más adecuadas, dotándoles de cierta libertad para que lo realicen de la forma más eficaz y productiva posible. Si bien es cierto que en los grandes despachos con abogados con experiencia este tipo de delegación se hace en función de la especialidad que tenga cada uno, me gustaría enfocarlo desde el punto de vista de los abogados que estamos empezando y que aún no sabemos a qué rama nos vamos a dedicar, o desde el de aquellos que aun sabiéndolo, no tienen experiencia.

Ya sabemos que cada despacho tiene su forma de trabajar. Como tengo varias compañeras que se encuentran en la misma situación que yo, realizando su pasantía, siempre comparamos las actividades que nos encargan y cómo es el trato que nos ofrecen. Pues bien, en el tema de la delegación encuentro muchas diferencias.

Lo que más me llama la atención es que muchos consideran que delegar equivale a abdicar, en el sentido de que designan a una persona para que realice un trabajo y digamos que se desentienden, concediéndoles total libertad. Con esto pueden conseguirse tanto buenos como malos resultados. Está claro que se otorga independencia y autonomía pero puede ser peligroso a la hora de valorar el resultado final. Por ello, para que pueda llevarse a cabo una correcta delegación, considero que deberían cumplirse una serie de pautas, que vienen recogidas en la obra escrita por uno de los socios de nuestro despacho, Abogados: Gestión y Servicio, y que son precisamente las que seguimos en el despacho.

Lo primero es identificar con claridad el asunto que va a ser objeto de delegación y determinar cuáles son las actuaciones que deben realizarse,  para poder elegir a la persona más apropiada.

Los objetivos deben estar fijados con suficiente claridad, las responsabilidades estar delimitadas, y comunicar el tiempo del que se dispone.  Debe haber un seguimiento y una buena comunicación, lo que generará confianza para que se puedan preguntar y solventar las dudas que seguro, surgirán.

Una vez recibido el trabajo, se procederá a la revisión del mismo para valorar los resultados obtenidos. Hay que decir que se permite caer en el error pero con una finalidad: que aprendamos y mejoremos en las próximas tareas que nos vayan a encargar. 

Una opción que puede ser útil es que se delegue en equipos de trabajo. Será más productivo, lograremos obtener resultados más benefeciosos y de forma más rápida, porque cada uno se dedicará a una actividad pero todos persiguiendo la misma finalidad.  

Como he mencionado, algunos abogados dudan a la hora de realizar esta práctica, puesto que les genera inseguridad, pero son muchos los beneficios que se pueden alcanzar, no exclusivamente para ellos, porque obviamente reduciremos su carga de trabajo y conseguirán un mayor aprovechamiento de su tiempo para dedicarse a otras actividades que requieran más atención, sino para el abogado delegado, porque se habrá incentivado su desarrollo y sus capacidades; pero también para el cliente, puesto que habrá una mejoría en la atención que hay que dedicarle.

Lo que conseguiremos nosotros será  una mejoría en nuestra formación: Es indudable que adquiriremos nuevos conocimientos, o profundizaremos en aquellos que ya hemos tratado en otra ocasión. Desarrollaremos nuestras capacidades y habilidades.

Y además, estaremos más motivados: Conseguiremos sentirnos más seguros de nosotros mismos, puesto que nos han conferido poder, autoridad y más responsabilidades, lo que conllevará a que tengamos autonomía a la hora de tomar decisiones. Habrá aumentado el compromiso y las ganas.

En definitiva, la delegación es fundamental para el desarrollo de las funciones del despacho.


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